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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Cuando morir es la mejor opción
Mientras los ciudadanos no tengamos la capacidad legal para decidir sobre nuestra muerte, los servicios de salud del país no podrán asistir a los pacientes con enfermedades terminales de forma óptima.
Por PUB UNAM
29 de junio, 2016
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Por: Luis Ángel Lara

 

La vida es como una novela:

no importa tanto qué tan larga sea,

sino que esté bien narrada“.

Séneca

 

Hace unos días un colega preguntó al grupo al que daba clase: “¿A qué edad y en qué condiciones les gustaría morir?” En verdad fue una pregunta incómoda, pues no estamos acostumbrados a hablar de la muerte propia, mucho menos a planearla, por así decirlo. Sin embargo, el grupo contestó la pregunta. La mayoría de mis compañeros coincidió en un punto: en que nos gustaría morir de forma digna, rodeados de nuestros seres queridos, en un estado de lucidez y, de ser posible, sin sufrimiento; esa sería la muerte ideal. Considerando a la luz de nuestra realidad estas respuestas, es necesario cuestionarnos si en verdad en México existen las condiciones necesarias para morir de esa forma, pensándolo desde el ámbito ético, jurídico y económico, consideración que podría resumirse en la pregunta ¿tenemos los mexicanos derecho a una muerte digna?

El tema de la muerte está estrechamente relacionado con el de la calidad de vida y, desde luego, con el padecimiento de enfermedades que podrían llevarnos a tal desenlace sin importar la edad que tengamos. Cualquiera de nosotros podría padecer una enfermedad incurable que avance a tal punto de llegar a una fase terminal, causando dolores físicos y/o psicológicos insoportables, que nos lleven a considerar la muerte como la mejor opción. No obstante, conforme a nuestras leyes actuales, la muerte no es un derecho cuando se tiene un padecimiento de este tipo.

En nuestro país la práctica de la eutanasia está penada. Así lo regula el Artículo 166 bis 21 de la Ley General de Salud, que la contempla para efectos jurídicos bajo las figuras de homicidio piadoso y suicidio asistido. En el caso particular de la Ciudad de México existe la figura legal de la Voluntad anticipada, que considera el derecho de las personas a expresar sus deseos en pleno uso de sus facultades mentales, a someterse o no a tratamientos, medios o procedimientos médicos en caso de padecer una enfermedad terminal. En este sentido, hace unos meses en la Cámara de Diputados se presentó una iniciativa para reformar y adicionar ciertos artículos a la Ley General de Salud y al Código Penal Federal, con la finalidad de despenalizar la práctica de la llamada eutanasia activa. Esta iniciativa contempla la implementación de procedimientos para garantizarle al paciente el ejercicio de la eutanasia y, por otro lado, la posibilidad de objeción de conciencia del médico que sea requerido para practicarla. Dicha iniciativa fue presentada en el mes de marzo, hoy en día no se ha comunicado sobre la situación de la misma.

Para abordar el tema de la eutanasia podemos hacer referencia a dos perspectivas. Por un lado, el aspecto ético que conlleva una cuestión de análisis de valores que se encuentran en juego a la hora de juzgar la moralidad de esta práctica, principalmente la dignidad, la autonomía del paciente y el valor de la vida. Por otro lado podemos concebir la eutanasia como un problema de salud pública, lo cual nos lleva a analizar aspectos de justicia distributiva, marco legal y económico del sistema público de salud. Estos dos enfoques no son excluyentes, considero que deben tomarse en cuenta para realizar un análisis integral de la temática brevemente aquí abordada.

Es importante mencionar que para que podamos hablar de la práctica de la eutanasia debe existir al menos un paciente que la solicite y un médico que la ejecute. En palabras de la dra. Asunción Álvarez, podemos afirmar que “la eutanasia es el acto o procedimiento, por parte de un médico, para producir la muerte de un paciente, sin dolor y a petición de éste”. En este sentido la petición de la eutanasia corresponde a un ejercicio de la autonomía del individuo que la solicita, ya que implica que el paciente está consciente de la situación de su enfermedad, porque su médico le ha informado que ésta seguirá progresando sin posibilidad de ser curada o controlada, por lo cual, en el transcurso de ésta padecerá dolores que a la larga puede considerar insufribles, debido a que mermarían su calidad de vida y por ende su dignidad como persona se vería degradada, llevándolo a tener una muerte física y psicológicamente dolorosa.

La importancia de legislar sobre este asunto resalta si además de considerar el aspecto ético y jurídico observamos la situación de salud en nuestro país. Según datos del 2014 de Human Right Watch en México mueren 600 mil personas al año, de las cuales más de la mitad, 377 mil, podrían recibir cuidados paliativos para aminorar el dolor que las enfermedades que padecen les causan, sin embargo, no tienen acceso a un sistema de salud y, quienes lo tienen, deben viajar por horas a los hospitales citadinos, en su mayoría, localizados en la Ciudad de México, para poder acceder a los medicamentos o procedimientos necesarios, ya que en las clínicas cercanas no cuentan con el personal capacitado.

En este mismo sentido, de las 102 facultades de medicina que hay en el país, sólo 6 ofrecen formación a los estudiantes de medicina en cuidados paliativos. Aunque la Secretaría de Salud federal, a cargo del dr. José Narro Robles, ha tomado cartas en el asunto y ha implementado el Programa Nacional de Capacitación en Cuidados Paliativos, que contempla la capacitación del personal del sector salud para brindar cuidados paliativos a quienes lo requieran, para subsanar la falta de personal especializado y así garantizar el derecho constitucional de los mexicanos a una vida digna y saludable, deben tomarse cartas en el asunto desde el punto de vista legislativo para ofrecer las garantías legales a los ciudadanos para tener una vida y una muerte dignas.

La cuestión medular no es si tenemos la capacidad de decidir o no sobre nuestra muerte, es claro que la tenemos, podemos decidir en este momento acabar con nuestra vida a causa de una enfermedad incurable que nos provoque un sufrimiento insoportable. Lo que está en juego es que esta capacidad aún no está reconocida legalmente, por lo cual, no tenemos el derecho a decidir sobre nuestra muerte. Y mientras los ciudadanos no tengamos ese derecho, los servicios de salud del país no podrán asistir a los pacientes con enfermedades terminales de forma óptima, pues es claro que en muchas ocasiones los tratamientos o métodos médicos no ayudan al paciente a aliviar su dolor, sino que lo prolongan de forma innecesaria, pues en algunas ocasiones es preferible morir a seguir padeciendo una enfermedad, a sabiendas que paulatinamente empeorará y nos llevará inevitablemente a morir. En estos casos, la pregunta ¿cómo nos gustaría morir? debería llevarnos a pensar y reflexionar seriamente sobre este tema, y a nuestros legisladores a tener en cuenta que la muerte es parte de nuestra condición humana y debe brindarse a los ciudadanos el derecho a elegir sobre ella.

 

 

La información mencionada, se encuentra disponible en la página web de la Cámara de Diputados.

Asunción Álvarez del Río, Aspectos éticos de la eutanasia, disponible en línea.

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