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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
De la emergencia sanitaria del sarampión a un escenario post-COVID-19
A partir del sexenio de Carlos Salinas, México dejó de invertir en infraestructura y se desmantelaron los institutos que producen vacunas, reduciendo así la capacidad técnica del país.
Por José Ramón Orrantia
25 de mayo, 2020
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Durante ya más de dos meses, los reflectores han apuntado (y no sin razón) a la pandemia de COVID-19. La atención se ha centrado casi con exclusividad en el avance de los contagios a nivel global y nacional, en las medidas preventivas y de mitigación y en las catastróficas consecuencias económicas de la cuarentena, así como en la injusta desigualdad económica y social que se manifiesta en el privilegio que algunos tenemos de poder quedarnos en casa (lo que se traduce en una injusta distribución del riesgo para los que viven al día).

Pero, sea derivado del oportunismo, de intereses políticos, de un enfoque mediático comercial o de cualquier otra razón, los medios parecen no sólo ocupados, sino más bien secuestrados. Vivimos con la impresión de una cuarentena temática, como si el resto del mundo se hubiera detenido para dejar pasar la crisis epidemiológica, por lo que pareciera que son sólo las medidas emergentes y excepcionales las que tuvieran derecho a primera plana.

Aclaro: no pretendo restar importancia a la pandemia. Sin embargo, es necesario no dejar de ver lo que ocurre paralelamente, no permitir que la sobreinformación acerca del COVID-19 se compense con la desinformación en otras cuestiones, como es el caso de los contagios por sarampión que han ocurrido en la Ciudad de México (CdMx). No es mi intención caer en el abordaje fácil de decir que tenemos el principio de una epidemia durante la pandemia, ni sugerir que la atención excesiva puesta al COVID-19 se le ha restado a la contención de esta otra enfermedad. Más bien, quisiera sugerir que la propagación de casos de sarampión (que, en estos momentos, ha requerido de medidas excepcionales de contención, como la implementación de cercos epidemiológicos en diferentes delegaciones o la aplicación de más de 8 mil vacunas obligatorias en el Reclusorio Norte y 14 mil en otros centros de reclusión e internamiento) se deriva de políticas públicas y de gasto del gobierno con una lógica de mercantilización y privatización de la salud. Es decir, el problema del sarampión es reflejo de un problema estructural, pues repercute en la cobertura de vacunación y en el acceso a la salud de grupos de población específicos.

Contextualicemos: el 5 de marzo se reporta un caso de sarampión en una niña de la Alcaldía Álvaro Obregón; para el 18 de marzo eran 25 casos y al 25, 63 sólo en la CdMx. Al 15 de mayo, según la Secretaría de Salud, sumaban 172 casos confirmados. Dejemos de lado el montaje de cercos sanitarios, la vigilancia epidemiológica y las medidas excepcionales que se han tomado para la contención de este brote. Pero me llaman la atención algunos puntos: 1) de los 172 casos, sólo 32 presentaban antecedentes de vacunación (no está claro si esquemas completos o incompletos, pero sabemos que el porcentaje de los segundos es alto), mientras que el resto no se había vacunado; 2) desde 2015 comenzó a bajar la cobertura de vacunación contra el sarampión, y en 2018 no hubo abasto de vacunas contra la enfermedad; 3) en México, al menos 18% de la población nacida a partir de 1990 no recibió esta vacuna.

Si a todo lo anterior sumamos el problema del repunte mundial en los casos de sarampión, la influencia de los grupos antivacunas (aunque no de forma importante en México) y el desabasto de vacunas (reconocido por la Secretaría de Salud), además de una movilidad global cada vez más acelerada (uno de los factores de la rápida propagación del COVID-19), nos encontramos ante un panorama nada alentador. Teniendo en cuenta que la OMS recomienda un porcentaje de inmunización de la población del 95% para lograr inmunidad colectiva, podemos empezar a atar los cabos de por qué tenemos este brote de sarampión.

Pero esta serie de problemas, como he sugerido más arriba, no son sucesos accidentales o no-previsibles (como, hasta cierto punto, lo es el del COVID-19). Hasta los años ochentas, el sector público tuvo un amplio dominio en la atención a la salud y, por al menos medio siglo, México había gozado de soberanía sanitaria en la producción de vacunas con el Instituto Nacional de Virología. Producto de la crisis de la llamada “década perdida”, a partir de las políticas de corte neoliberal de Carlos Salinas de Gortari (y de Ernesto Zedillo, posteriormente), el gobierno deja de invertir en infraestructura y se desmantelan los institutos que producen vacunas, reduciendo así la capacidad técnica del país. Desde 1999 y hasta la fecha, la producción y distribución de vacunas se realiza a través de la paraestatal Birmex (que produce sólo dos de las doce vacunas del esquema básico de vacunación, entre las que no está el sarampión) y de esquemas de Asociación Público-Privados. En otras palabras, compramos al sector privado (Glaxo SmithKlein, Merck Sharp & Dohme, Sanofi, etcétera)1. De esta manera, la capacidad de tener una amplia cobertura de vacunación, así como la de hacer frente a contingencias como las que estamos viviendo, dependen de esta lógica de mercantilización que poco a poco desmantela los servicios públicos de salud.

No sólo eso; también debemos considerar el contexto de desigualdad estructural que atraviesa a nuestro país (como se hace evidente ahora). Ejemplo de ello es un estudio de 1990 de la zona periférica de Nativitas (Xochimilco), llamada Los Cerros, en la que la distancia a los centros de salud, sumada a problemas de marginación (pobreza, alcoholismo, violencia intrafamiliar, carencia de residencia estable para la población migrante de otros estados, etcétera) se traducía en una participación irregular en las campañas de vacunación y, por lo tanto, en una cobertura incompleta2. 30 años después, para los grupos que viven en zonas marginales y de alta pobreza, la cobertura de vacunación llega a ser tan baja como el 70%.

Para concluir, quiero regresar al inicio: no podemos dejar de ver los sucesos que ocurren paralelamente a la pandemia de COVID-19. Y esto por tres razones: A) mientras el problema del COVID-19 es excepcional y requiere medidas excepcionales de emergencia (para las que nunca se está plenamente preparado), el caso del sarampión (y ahora también el del dengue, que a finales de 2019 aumentó en 400%, con 1,455 casos a lo largo del país y que al 13 de mayo de este año registraba 2,777 casos y 11 muertes) responde a un problema estructural de desmantelamiento de instituciones públicas y de incapacidad de cobertura del sector salud; es decir, es un problema mediante el cual se normaliza una situación de desabasto e ineficiencia, de desigualdad e inequidad. B) Sumado al hecho de la insuficiente cobertura de vacunación contra sarampión en México, la OMS alerta que, por la atención que se está poniendo a la pandemia de COVID-19 y con un sistema de salud abrumado, puede haber interrupciones en las campañas de vacunación, lo que podría traducirse en un aumento en el número de individuos susceptibles al contagio, incrementando así la posibilidad de brotes de enfermedades prevenibles como el sarampión. C) Como se puede ver en los Estados Unidos, los esquemas de mercantilización y privatización de la salud no son capaces de hacer frente a contingencias como las del COVID-19, pero tampoco a una como la del sarampión, pues en ese país la atención a la salud es tan descabelladamente cara que, por el lado del sarampión (pero también con relación al COVID-19), la población ha llegado al límite de plantear teorías de la conspiración de las farmacéuticas para vender vacunas que no necesitan (los grupos antivacunas); y mientras el sistema de salud estadounidense está colapsando por causa del COVID-19, estos grupos llaman a resistirse a la vacunación y buscan nuevos portavoces de su causa.

Así, la consideración estructural de la cobertura de vacunación contra el sarampión no sólo nos pone frente una serie de retos que tienen que ser abordados oportunamente para ir resolviendo las complicaciones de una problemática nacional y global que no tiene cara de terminar pronto; sino que también proyecta la perspectiva a un escenario post-COVID-19: ¿de qué manera enfrentaremos los retos derivados y consecuencia de la pandemia, los cuales serán, desde entonces, permanentes? Pensemos en campañas de vacunación (cuando haya vacuna), en asegurar el acceso a y suministro de esta vacuna, en cobertura nacional (incluyendo grupos marginados y vulnerables), en tratamientos y en qué tipo de esquema queremos para realizar un cambio del actual sistema de salud, vacunación y producción de vacunas por el estado mexicano. Pensemos en que un buen diseño estructural no sólo muestra su eficacia en tiempos de normalidad, sino que, en momentos de excepcionalidad, también podría inmunizar a los sectores más vulnerables de la población contra la exposición a riesgos desproporcionados.

* José Ramón Orrantia (@JROrrantia) es doctor en Filosofía por la UNAM. Sus investigaciones tratan sobre las condiciones formales y materiales del ejercicio de la práctica democrática, por lo que se ha centrado en temas como redistribución, multiculturalismo, opresión estructural y la relación entre el funcionamiento de sistemas técnicos y la práctica democrática. Ha dado clases en distintas universidades, y desde 2014 es profesor de la asignatura “Ciencia y Sociedad” en la Facultad de Química de la máxima casa de estudios. Actualmente está realizando una estancia posdoctoral en el Programa Universitario de Bioética de la misma Universidad. Contacto: [email protected]

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

1 Tamez, Silvia, Catalina Eibenschutz, Xareni Zafra, Raquel Ramírez, “La articulación público-privada en la producción de vacunas en México”, Saúde Debate, Rio de Janeiro, v. 40, n. 111, p. 9-21, Oct-Dic, 2016.

2 Nigenda-López, Gustavom Emanuel Orozco-Nuñez, “Uso De Métodos Antropológicos Para El Estudio De Las Causas De No Vacunación. El Caso De Nativitas, Xochimilco”, Salud Pública de México, Vol. 32, Núm. 3, 1990.

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