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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
¿Decisión para morir sin intervención de la ley?
Una manera de morir sin objeción legal se ha puesto en práctica recientemente y consiste en dejar de comer y beber de forma voluntaria. Es relativamente indolora y la muerte se instaura en un plazo de entre 7 y 15 días.
Por PUB UNAM
29 de marzo, 2017
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Por: Germán Novoa Heckel

Hoy día encontramos diversos puntos de vista con relación a la eutanasia: la mitad se pronuncia a favor y la otra en contra (muchos de estos últimos seguramente no están enfrentando un dilema de vida y muerte, suyo o de seres queridos, que los pone en el abismo de la decisión). En la Encuesta Nacional sobre Muerte Digna, cuyos resultados se publicaron parcialmente en la Gaceta UNAM, se encontraron datos del pensamiento nacional al respecto: 68.3 % consideran que en caso de una enfermedad dolorosa terminal se debiera poder optar por la salida anticipada de la existencia. Lo anterior ilustra el hecho de que la mayoría, al menos en situación crítica, optaría por una solución anticipada. No así los encuestados en cuanto a la eutanasia en sí (en donde está dividido a partes aproximadamente iguales).

Uno de los problemas limitantes para poder optar libremente por esta solución de salida de la vida anticipada está dado, por un lado, por la conciencia en cuanto a los creyentes, que no pueden optar por razones de cargo de conciencia en relación con los preceptos religiosos, pero otro muy importante se refiere a la legislación prevaleciente, que no lo permite al menos hasta el momento (se menciona en el artículo la penalización, que consiste en 12 a 24 años de prisión, y de 2 a 5 en cuanto a la asistencia médica a morir -suicidio médicamente asistido-).

¿Existe alternativa a la presente disyuntiva de vida y muerte para nuestros congéneres y para nosotros mismos, en la forma en que están redactadas las leyes? En un artículo por demás provocativo aparecido recientemente en un prestigioso periódico norteamericano de amplia circulación, se ha encontrado una salida, que bien pudiera explorarse en algunos de los casos más acuciantes que pudiéramos encontrar en nuestro medio. Se le conoce por las siglas de VSDE o “Voluntarily Stopping Eating Drinking”, es decir, dejar de comer y beber de forma voluntaria. La idea, de entrada, pudiera no parecer descabellada, al menos al considerar las situaciones existenciales más desesperadas (sin salida), con la ventaja de que no es ilegal (a menos de que se pronuncie alguna instancia legal al respecto), es relativamente indolora, y se instaura (la muerte) en un periodo relativamente corto, es decir, en un plazo de entre 7 y 15 días. Se asiste lo anterior con analgésicos, pero en sí, es un proceso voluntario que no tiene objeción legal, al menos en lo que se ha encontrado hasta el momento en la Unión Americana. Requiere, eso sí, un grado de voluntad y persistencia para llevar el proceso al final. Se antoja como una solución tal vez transitoria para nuestra época, en espera de mejores leyes para resolver el asunto, leyes que existen solamente en los países más adelantados en materia de ética y bioética, como son Holanda y Suiza, en donde un consejo de ciudadanos puede decidir en cuanto a la procedencia de una muerte solicitada con anticipación por un ciudadano que así lo solicite.

Abundan los ejemplos de esta práctica (de VSED) y se encuentra que quienes recurren a ella son en algunos casos personas de mucha edad, con padecimientos crónicos irreversibles, que optan por esta solución, a falta de una mejor legislación disponible como se ha mencionado. En México, hemos avanzado únicamente con la creación de la figura denominada “Voluntad anticipada”, que permite optar por la muerte (a través de un familiar o persona cercana), para que, en casos de muerte cerebral irreversible por ejemplo, se pueda desconectar al individuo del soporte mecánico que lo mantiene artificialmente en vida (lo que se ha llamado desconectar al paciente), y que al menos no nos deja con un organismo vivo sin voluntad ni consciencia por tiempo indefinido y a un costo muy elevado (económico, pero también afectivo) para todos, individuos y sociedad, como solución a este hecho específico, hecho ocasionalmente aislado, y por, lo tanto, no muy frecuente.

Lo anterior, con relación a la búsqueda de soluciones para los humanos (en general los seres vivos) y las sociedades en esta era de alta tecnificación, que proporciona oportunidades realmente excepcionales de prolongación importante de la existencia en situaciones muy críticas de salud, no siempre deseadas, para lograr una muerte digna, que es lo que nos mueve a escribir esto en primer lugar, y que obedece a un acto de compasión por los que más sufren. Tenemos que pensar en soluciones viables que puedan ser instauradas en situaciones extremas, como las mencionadas de enfermedad terminal o alta edad (por ejemplo, con o sin enfermedades crónicas irreversibles), donde es dado el otorgar su autonomía (por derecho propio) a los seres humanos que opten por sus decisiones personales.

En el caso de Suiza, por ejemplo, el hecho de que una persona sana y en su juicio que quiera abandonar la vida por razones de soledad o edad avanzada, se considera totalmente válido (en ausencia de depresión) y queda a juicio del consejo consultado. En caso de decisión a favor, se otorgan los medicamentos para una muerte medicamente asistida (o “suicidio médicamente asistido”). La opción sugerida del VSED puede al menos asegurarnos que existe una opción en caso de que lleguemos a los extremos mencionados de enfermedad crónica irreversible y enfermedad terminal. Requiere de una familia que apoye en todo momento la decisión, y permite, adicionalmente, un cambio de rumbo de última hora, mientras se avanza durante el proceso, en el caso de que la persona decida no morir, y sí aplazar la muerte en ese momento.

La VSED puede ser una opción para algunos, y permite al menos tranquilizarnos en cuanto a la posibilidad de una opción, por extrema que sea, aunque viable, y como he mencionado, no ilegal. Las soluciones que parten del laicismo, y en este caso esta acción posible lo es, son soluciones para quienes quieran hacer uso de la libertad que debiéramos tener todos para decidir sobre nuestra propia muerte, como lo hacemos sobre el destino de nuestras vidas. Los bioeticistas en nuestro país debiéramos iniciar el diálogo a este respecto, para recomendar los asuntos pertinentes al respecto y pronunciarnos en relación con esta solución viable y posible para muchos casos: por de pronto, los más desesperados.

 

@bioeticaunam

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

Referencias:

  1. Romero L. Padece el mundo rezago jurídico sobre la eutanasia. Gaceta UNAM. 20 de octubre, 2016.
  2. The VSED Exit: A Way to Speed Up Dying, Without Asking Permission. NY Times. 23 october, 2016.
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