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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Del pulpo en su genoma y de la pretendida “superioridad” humana
Con frecuencia se considera que la evolución es un proceso lineal, que conduce de manera "progresiva" a formas de vida cada vez más complejas. Por el contrario, se trata de un proceso sin finalidad ni dirección. No responde a un plan y no conduce al "progreso" de la vida, sino a un aumento de la diversidad, donde cada individuo es un ser finito que conforma a una especie finita.
Por PUB UNAM
14 de octubre, 2015
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Por: Diana Buzo Zarzosa y Ricardo Noguera Solano

La ciencia y sus avances nos exige reflexionar de manera constante sobre los límites que se debe poner al ejercicio de la práctica científica; discutir los temas ya conocidos, como la experimentación con especies animales, el aborto o la eutanasia; así como generar legislaciones que impulsen los avances tecno-científicos sin traspasar las líneas éticas y morales de la investigación. Sin embargo la ciencia y sus avances también nos invita a reflexionar sobre los valores que se han construido en torno a la “naturaleza de nuestra especie”. Valores que nos han llevado a creer en una supuesta superioridad sobre las demás especies, y que es una idea compartida tanto por creencias religiosas como por explicaciones evolucionistas progresivas. Con frecuencia se considera que la evolución es un proceso lineal, que conduce de manera “progresiva” a formas de vida cada vez más complejas. Por el contrario, se trata de un proceso sin finalidad ni dirección. No responde a un plan y no conduce al “progreso” de la vida, sino a un aumento de la diversidad, donde cada individuo es un ser finito que conforma a una especie finita.

Las capacidades cognitivas no son en sí una finalidad en la evolución y tampoco pueden considerarse exclusivas de los primates, como podemos ver en las investigaciones sobre el pulpo publicadas en revista Nature el 13 de agosto de 2015, que informa sobre la secuenciación y codificación del genoma del pulpo de dos manchas (Octopus bimaculoides). Estos y otros cefalópodos cuentan con cerebros altamente desarrollados y con una gran capacidad de resolución de problemas y de aprendizaje de comportamientos. Sus cerebros son la evidencia de que los cefalópodos son los invertebrados más inteligentes de la Tierra, e incluso que fueron los primeros seres inteligentes del planeta.

El pulpo y su genoma

El primer análisis del genoma completo de un pulpo revela características únicas de este molusco. Estas características genómicas probablemente desempeñan un papel clave en la evolución de rasgos tales como su capacidad de camuflaje adaptativo y su sistema nervioso complejo, los cuales, al parecer, se encuentran estrechamente ligados. El genoma de Octopus bimaculoides tiene unos 2.7 mil millones de pares de bases, con numerosos tramos largos de secuencias repetidas. Se identificaron más de 33 mil genes codificadores de proteínas, lo que hace que el genoma del pulpo sea un poco más pequeño en tamaño que el genoma humano, pero con más genes. Los investigadores descubrieron además diferencias notables con otros invertebrados, como reordenamientos genómicos generalizados y una gran expansión de una familia de genes implicados en el desarrollo neuronal, la cual se pensaba que era exclusiva de los vertebrados. También se han identificado cientos de genes específicos de los pulpos, muchos expresados en estructuras como el cerebro, la piel y las ventosas.

Gracias a este avance se ha podido estudiar que los cefalópodos cuentan con una gran complejidad neuronal. Las neuronas de los cefalópodos carecen de mielina y no funcionan bien a través de largas distancias, se considera que las protocadherinas fueron esenciales en la evolución del sistema nervioso de los pulpos. El genoma del pulpo contiene 168 genes de este tipo, 10 veces más que otros invertebrados y más del doble que los mamíferos. Hasta ahora se pensaba que únicamente los vertebrados poseían numerosos y diversos genes de las protocadherinas.

El pulpo y su genoma

 

 

El conocimiento descrito de manera breve sobre el genoma de los pulpos nos invita a reflexionar de manera puntual sobre dos aspectos relacionados con las capacidades cognitivas del ser humano. Primero, que dichas capacidades (entre ellas, la memorización y la percepción) no son exclusivas del ser humano ni de los vertebrados, y por lo tanto la evolución no ha sido un proceso lineal que haya tenido como finalidad la especie humana. Segundo, lo que llamamos naturaleza humana es resultado de una compleja interacción entre la historia de vida filogenética (nuestra herencia genómica) y una historia de vida particularizada a la historia de vida de cada ser humano, que se desarrolla prácticamente desde las primeras etapas embrionarias y que queda definida en muchos sentidos por nuestra naturaleza fisiológica-anatómica y por la organización de la percepción que tenemos frente al mundo y la manera en la que interactuamos con él.

La arrogancia de la especie humana como una “especie única con capacidades cognitivas especiales”, la han llevado a generar una idea de centralidad antropocéntrica. En consecuencia, podemos decir que dicho antropocentrismo en sentido moral ha sido la asignación de centralidad moral sujeta a la satisfacción de los intereses humanos; es decir que es una diferenciación moral cuyo criterio es la pertenencia a una determinada especie, en este caso a la especie Homo sapiens.

Un aspecto que a su vez nos ha llevado hacia una práctica conocida como especismo, término acuñado en 1970 por el psicólogo Richard D. Ryder, quien lo aplicó para describir la existencia de una discriminación moral basada en la diferencia entre especies animales. Entre los humanos, la representación más común del especismo es el antropocentrismo moral, es decir, la infravaloración de los intereses de organismos que no pertenecen a la especie Homo sapiens. Paola Cavalieri sostiene que el paradigma humanista actual consiste en que solamente los seres humanos son miembros de la comunidad moral, y todos ellos merecen igual protección. Dicho paradigma contiene un aspecto inclusivo (todos los seres humanos merecen igual protección) pero también uno exclusivo (sólo los seres humanos tienen ese estatus).

En muchos sentidos esta arrogancia de supremacía se trata de justificar con nuestra capacidad cerebral, que al igual que la capacidad cerebral de un pulpo se desarrolló de manera adaptativa. Lo señalado en referencia al genoma del pulpo nos muestra que los cerebros y su desarrollo evolutivo no tenían como finalidad el origen del ser humano, sino que ambos sistemas cognitivos son resultado de elementos causales y contingentes, por lo tanto la complejidad del cerebro se dio a partir de interacciones ambientales y sistemas genómicos complejos. En términos generales podríamos considerar que existe más de una forma de “generar cerebros inteligentes”, una de ellas, independiente de la historia evolutiva de los vertebrados ha sido el cerebro de los cefalópodos, cuyas neuronas no se encuentran mielinizadas y a pesar de eso, son capaces de procesar información, interactuar con el medio y actuar para bien de su propia supervivencia a través de su camuflaje y de su capacidad de aprendizaje.

Este conocimiento científico sobre el mundo de organismos invertebrados, nos muestra que los procesos cognitivos y de aprendizaje del pulpo (estrategias de caza, escape, reconocimiento del ambiente y su particular forma de vida) están fuertemente ligados con su capacidad de cambiar de colores (camuflaje); estos nos invita a reconocer que lo que llamamos facultades cognitivas , más que estar relacionadas con un “alma” son procesos fisiológicos que resultan de la historia filogenética de los organismo y de sus historias de vida en la que actúan los sistemas genómicos y las circunstancias ambientales, mostrando una evidencia más de la insostenible división cartesiana de la naturaleza humana en cuerpo y “alma” y de pensar a los animales como objetos inertes sin actividades cognitivas.

Partiendo de las lecciones del genoma de los pulpos, deberíamos comprender con mayor facilidad que el ser humano también es resultado de sus sistemas genómicos y de las interacciones con un ambiente determinado, es resultado de una historia evolutiva y de una historia de vida que comienza en la fecundación y que después cuando termina el desarrollo embrionario se va reconstruyendo en su propia identidad y que pueden en último término, dentro de ambientes culturales, potenciar todas sus capacidades cognitivas y morales.

Como especie contamos con una herencia evolutiva (nuestro genoma) que combinada con la historia de vida (de cada individuo) en un espacio cultural puede dar origen a distintas habilidades. Entre ellas, la habilidad de crear música, hablar más de una lengua, tocar instrumentos, dedicarse a la danza o al arte en general, a la investigación, reflexionar y ser seres morales, entre muchas otras. Pero a pesar de contar con la posibilidad de tantas habilidades, pocos llegan a desarrollarlas y potencializarlas. Ingenua e ilusoriamente vivimos pensando que somos una especie única, con cerebros incomparables con los de las demás especies; pero, de qué nos sirve, si no lo potenciamos en todas sus capacidades, particularmente la capacidad moral.

 

* Diana Buzo Zarzosa es Bióloga Psicoanalista y Ricardo Noguera Solano es Profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Ambos son miembros del Programa Universitario de Bioética (@bioeticaunam).

 

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