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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Desarrollo Sostenible y Responsabilidad Social: el bien común y los bienes comunes
Tenemos que trabajar como una verdadera comunidad global en la definición y protección de los bienes comunes dentro y fuera de los territorios de los Estados, y entender que la naturaleza no es compatible con fronteras y divisiones políticas, sino que funciona a través de una serie de sistemas y ciclos interrelacionados sujetos a delicados equilibrios.
Por Pedro Roberto Reyes Martínez
29 de julio, 2020
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Es importante establecer una distinción entre el bien común que, como noción filosófica, indica que el bien es compartido por la comunidad, como un principio guía y fin último que inspira y motiva la existencia organizacional (Aristóteles, Tomás de Aquino y Maquiavelo), y el concepto de comunes o bienes comunes, definidos económicamente como rivales y no excluibles; nociones que aunque son distintas y no deben de ser confundidas, se encuentran muy relacionadas en la economía, la política, el derecho y las instituciones que los rigen, y su influencia e interacción cambia dependiendo de la sociedad y del momento histórico.

Los sistemas e instituciones políticas y económicas se han transformado a través de la historia, desde que el hombre era un ser nómada que se dedicaba a la caza y a la recolección; descubrió la agricultura e hizo de la misma su sistema económico principal, lo que eventualmente ocasionó que, una vez establecido en un lugar, tomaran importancia otras actividades económicas, como el comercio y la industria artesanal. La Revolución Industrial marcó el inicio de una carrera hacia el progreso, entendido como un deseable crecimiento y desarrollo económico, científico y tecnológico constante y sin límites, que encontró su impulso y sustento en un liberalismo vigoroso, el cual paulatinamente fue hallando resistencias, hasta que se consolidaron geopolíticamente dos claras ideologías que buscaban procurar el progreso a través de distintos medios: el capitalismo y el socialismo.

Ante el fracaso histórico de la implementación del socialismo, el capitalismo se fortaleció, y las alternativas distintas a este han sido sistemáticamente estigmatizadas, lo que ha devenido en el dominio de un sistema económico (el neoliberalismo) cada vez menos ético y más irresponsable que, fortalecido por el neoliberalismo, se ha convertido en un modelo de desarrollo que ya no sólo compromete la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus necesidades, sino que ha puesto en riesgo la capacidad de satisfacer las necesidades propias de las generaciones presentes, por su carácter depredador.

Este sistema fue construido con base en la idea de que el bien común se alcanza con la suma de la protección y fomento a los intereses, bienes y libertades individuales, y sobre una noción de bienes comunes concebida dentro del territorio propio de los Estados. Ambas concepciones asumían una abundancia de recursos naturales estable, y actualmente son posiciones ineficaces frente a la realidad de la escasez de estos y de los peligros ambientales y crisis sociales y humanitarias que padecemos.

El principio de la mano invisible de Adam Smith es insostenible en la actualidad, pues la autorregulación de los mercados ha generado una excesiva acumulación de la riqueza en una muy pequeña minoría impidiendo una adecuada circulación y distribución de la misma entre la gran mayoría, así como un abuso de los recursos naturales y un exceso de contaminación ambiental. De igual manera se han vuelto anacrónicos el objetivo y la responsabilidad social de la empresa según Milton Friedman, quien la concebía como el deber de una empresa de usar sus recursos y dedicarse a actividades diseñadas para incrementar sus ganancias mientras se mantenga en las reglas del juego, es decir, comprometerse en una abierta y libre competencia sin cometer engaño ni fraude, concepción que privilegia prácticamente sólo a los propietarios, accionistas o dueños de las empresas (stockholders o shareholders), sin considerar a sus partes de interés (stakeholders), que son los habitantes de las poblaciones en las que se sitúan, sus colaboradores (trabajadores), proveedores, clientes y consumidores, e incluso autoridades en distintos niveles, entre otras.

Es momento de reflexionar y buscar un consenso global sobre el concepto e implicaciones actuales del bien común y los bienes comunes (commons en inglés), así como los medios para poder lograrlo, y, conforme a esto, cocrear soluciones efectivas que nos permitan dejar atrás la manera de hacer negocios como siempre (Business as usual) y emprender el camino adecuado para transitar hacia un sistema de Desarrollo Sostenible, que no sólo busque el crecimiento económico sino que también fomente la inclusión social y el respeto al medio ambiente.

Tenemos que trabajar como una verdadera comunidad global en la definición y protección no sólo de los bienes comunes dentro de los territorios de los Estados sino de aquellos que se encuentran fuera de estos, y entender que la naturaleza no es compatible con construcciones ideológicas como fronteras y divisiones políticas, sino que funciona a través de una serie de sistemas y ciclos interrelacionados sujetos a delicados equilibrios. De igual manera deberemos de alcanzar consensos hacia la concepción y protección del bien común; como el de la comunidad, obviamente, pero no entendida ésta sólo como una comunidad local, regional o nacional, sino como una verdadera comunidad global.

Para lograr lo anterior, individuos, comunidades, sociedad civil organizada, sector empresarial y académico, y gobiernos debemos generar alianzas sinérgicas efectivas para implementar planes y acciones, metas y objetivos de cuyo cumplimiento no puedan sustraerse, de hecho o de derecho, entes públicos o privados que representen intereses particulares que se resistan al cambio y que no se alineen a una agenda global común, la cual, por cierto, debe necesariamente contar con una base ética sólida que permita encontrar un equilibrio armónico entre las dimensiones económica, social y medioambiental en un sistema de desarrollo que funcione a través de instituciones políticas y económicas inclusivas.

* Pedro Roberto Reyes Martínez estudió Derecho en la UNAM y es Técnico Superior Universitario en Comercialización Inmobiliaria por la Secretaría de Educación Pública. Actualmente estudia una maestría en Responsabilidad Social en la Universidad Anáhuac, campus Querétaro.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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