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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Economía circular: sistema ético, rentable y medioambientalmente regenerativo 
En este nuevo paradigma económico, los productos son diseñados para durar lo más posible y ser reparados fácilmente, ya sea por el usuario o por el productor.
Por Pedro Roberto Reyes Martínez
7 de octubre, 2020
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El actual sistema de producción y consumo de bienes y servicios es un modelo de producción lineal, que inicia al extraer recursos del entorno; después los transforma y los convierte en productos, los cuales, una vez usados y al ya no ser deseados o necesitados, terminan desechándose como basura y desperdicio.

La voracidad del capitalismo global y las políticas neoliberales, que anteponen la avaricia al bienestar del propio individuo, y en consecuencia de las comunidades (incluida la global), han hecho a este sistema aún más pernicioso y desequilibrante: la obsesión de lograr un crecimiento económico constante e ilimitado, con la finalidad de acumular riqueza, ha generado una producción desbordada para alimentar la sed insaciable del consumismo materialista inoculado a la humanidad, y, como resultado, causa una extracción desmedida de recursos, un abuso en la utilización de energía no renovable y contaminante, y una generación excesiva de basura; factores responsables de varios de los problemas más graves de hoy, como la contaminación (de aire, agua y suelos), el calentamiento global, la erosión de suelos, la acidificación de las aguas en los océanos, la destrucción de ecosistemas terrestres y marinos, y la extinción masiva de especies de plantas y animales.

Pero la propia naturaleza depauperada, aún como víctima de nuestras graves vejaciones (y a pesar de que quienes desapareceríamos seríamos nosotros si seguimos en el mismo camino, ya que ella tiene la capacidad y sabiduría y millones de años para regenerarse), nos tiende su mano y nos proporciona una solución a la amenaza de nuestra inminente y autoinfringida extinción: la economía circular. Es así como nos invita a emular sus ciclos, sus procesos y su equilibrada armonía, mediante la transformación de la producción lineal por un proceso circular.

Dicho proceso inicia con la extracción de los recursos, que son transformados mediante el uso de energías limpias y renovables y convertidos en productos que puedan ser usados el mayor tiempo posible por el consumidor, para posteriormente ser reutilizados, reparados, remanufacturados, y por último –y sólo como última opción– reciclados, e incorporarse nuevamente al ciclo de producción; ser utilizados una vez más como recursos, transformados mediante energías limpias y renovables en productos, usarse el mayor tiempo posible por el consumidor, y así repetir el círculo completo, ad infinitum, en un ciclo cerrado en el que no existen desechos ni desperdicios.

A través de la economía circular se propone eliminar del proceso productivo, mediante el diseño, los conceptos de basura y desecho, tal y como sucede en la naturaleza (donde no existe desperdicio alguno, pues el producto ya utilizado en un proceso o un ciclo se vuelve comida o alimento de otro proceso y otro ciclo). En este nuevo paradigma económico, los productos son diseñados para durar lo más posible y ser reparados fácilmente, ya sea por el usuario o por el productor; además son planeados y fabricados para someterse a procesos de remanufactura, lo que genera una disminución exponencial de recursos y energía al eliminar la extracción de elementos del entorno natural y la utilización de procesos energéticamente intensivos de transformación.

Esto contrasta con algunas prácticas no éticas y abusivas del sistema capitalista y consumista de producción lineal, como aquella en la que los productos son diseñados deliberadamente con una baja calidad, sin posibilidad de ser reparados por el consumidor y/o con durabilidad escasa; o incluso está planeado que se vuelvan inútiles, anticuados o inadecuados (obsolescencia programada) con el objetivo de ser sustituidos en poco tiempo, fomentando el consumo y la producción desbocados con todas las destructivas implicaciones mencionadas, responsables de la crisis medioambiental que hoy padecemos.

La adopción de la economía circular implica un cambio sistémico, modificar los modelos de negocio y de producción de bienes y servicios basados en la transmisión de la propiedad de productos al usuario, para que ésta permanezca con el productor, quien transferiría no la propiedad sino su uso o servicio. Así por ejemplo en la rama automotriz, las organizaciones no producirían automóviles para venderlos como productos, sino que buscarían tener flotas de vehículos para proporcionar el servicio de movilidad a los usuarios; de esta manera los productores estarían, ahora sí, interesados en producir vehículos durables, eficientes, reparables, escalables y remanufacturables, para estar en condiciones de proporcionar los servicios de movilidad el mayor tiempo y de la mejor manera posible y ser más competitivos.

Los esfuerzos y la capacidad laboral de las empresas para extraer recursos y transformarlos mediante complicados procesos se encontrarían ahora, en gran parte, redirigidos a reparación, escalamiento y remanufactura, por lo que la adopción de modelos de negocio basados en servicios y arrendamientos no implicará necesariamente una reducción de colaboradores en el mercado laboral, sino una reubicación. De igual manera, la economía circular no se confronta con los avances científicos y tecnológicos, sino que encuentra en ellos una herramienta indispensable para poder producir mejores bienes y servicios, pero de acuerdo con sus principios, redirigiéndolos también para que el trabajo, los recursos y la energía sean aprovechados de manera sinérgica, prudente y armónica con el entorno, las personas y los demás seres vivos.

Tampoco existen razones para juzgar que el crecimiento económico y la rentabilidad son incompatibles con la economía circular, ya que, por ejemplo, para el 2030 ésta podría aportar un incremento de 4.5 billones de dólares al PIB mundial, generar más de 75 mil empleos en Finlandia, 100 mil en Suecia, 200 mil en Países Bajos, 400 mil en España y 500 mil en Francia, reducir el 37% del consumo energético en la Unión Europea y generar ganancias para la industria automotriz de entre 400 y 600 mil millones de dólares. La economía circular y el desarrollo sostenible actualmente son ya mega tendencias, y aquellas empresas y organizaciones que no las incorporen a sus modelos de negocios correrán el riesgo de dejar de ser competitivas y pondrán en peligro su propia existencia.

La economía circular nos da la oportunidad de, como humanidad, ejercer gratitud hacia la propia naturaleza y los seres que formamos parte de ella, al buscar, no meramente un sistema económico sustentable que contamine y dañe menos al planeta, ni una neutralidad en la que no se genere contaminación ni daño, sino que se logre un círculo económico virtuoso que restaure y regenere los propios sistemas, ciclos, recursos, equilibrios y ecosistemas de nuestro planeta.

Abrazar y practicar un sistema de desarrollo sostenible, que debe contemplar necesariamente la transición al modelo de economía circular (de conformidad con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 12 (ODS 12): Producción y Consumo Responsables), contribuiría, además, a liberarnos del yugo de conductas que como humanidad nos esclavizan, como la necesidad insana de adquirir y consumir, a la que nos han condicionado “Pavlovianamente” los intereses particulares y egoístas que fomentaron, propician y buscan mantener a toda costa el sistema capitalista global y voraz que actualmente impera. También nos ayudaría a reconocer y asumir con humildad nuestro lugar en este planeta y universo, no como su cumbre o centro sino como una parte minúscula, subsumida a un sistema natural y universal igual que las demás creaturas, y nos brindaría el apoyo para reconocer y respetar la dignidad de todos los seres vivos y buscar acercarnos a nuestra realización y engrandecimiento como humanos, a través de la práctica de verdaderas virtudes como el amor y la justicia.

* Pedro Roberto Reyes Martínez estudió Derecho en la UNAM y es Técnico Superior Universitario en Comercialización Inmobiliaria por la Secretaría de Educación Pública. Actualmente estudia una maestría en Responsabilidad Social en la Universidad Anáhuac, campus Querétaro.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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