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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
El bioeticista y la economía
¿Debiera participar la bioética en la consecución del bien económico? ¿Qué tanto debe permear la ética en las actividades humanas productivas y cuál debiera ser su contribución (a través de la creación de valor)?
Por PUB UNAM
23 de junio, 2016
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Por: Germán Novoa Heckel

 

“…Pues, para cada disposición particular, hay cosas concretas que son bellas y agradables, lo cual quizá es lo que diferencia de los demás al hombre bueno: en que capta lo verdadero en todas las cosas, como si él mismo fuese su canon y medida. En cambio, el extravío de la mayoría se origina, presumiblemente, en el placer, que no siendo un bien, lo parece; y en consecuencia, eligen lo placentero como si fuera un bien y huyen del dolor como si de un mal se tratara”.

Aristóteles (Ética Nicomáquea).

 

¿Cuál es el papel de la Bioética en la economía? y ¿debiera participar esta en la consecución del bien económico? ¿Qué tanto debe permear la ética en las actividades humanas productivas y cuál debiera ser su contribución (a través de la creación de valor)? ¿Cómo debiera insertarse la Bioética en las actividades de las personas y en los sistemas económicos? Pero también: ¿qué es lo que le daría de comer al bioeticista? ¿Debiera existir esta figura en las empresas como una forma de incentivar la producción, desarrollo y crecimiento empresariales óptimo, dando a su vez valor agregado a nuestras instituciones?

Las preguntas anteriores no tienen una respuesta breve y sencilla. El tratar de ampliar como industriales nuestra conciencia ética, por fuera de nuestro criterio personal, económico y empresarial pareciera ser arriesgado, y aun traumático. Sin embargo, la Bioética, tal y como la conocemos hoy, tiene ya un tan alto grado de sofisticación a partir de una gran cantidad de temas que se manejan y que deben considerarse, que una sola persona o empresario por sí mismo difícilmente puede abarcarlo todo ello de forma exitosa. La ética y Bioética del comportamiento humano deseable de hoy en día es un campo muy vasto e intrincado. Las empresas, sin embargo, todavía se resisten en crear sus departamentos de Bioética de tiempo completo.

¿De cuál ética estamos hablando? ¿Ética acompañante, orientadora, facilitadora, reguladora (del comportamiento), formativa, modeladora, intangible, que contribuye, preventiva, no cuantificable, “mal” necesario, de “ortopedia mental”, “camisa de fuerza” (corporativa), órgano de denuncia, consciencia definitoria u órgano de rumbo y actuación? Todos estos papeles y más serían atribuibles a un departamento de estas características, que define la consciencia ética del desempeño de una empresa en particular, a lo largo de su vida útil como productora de bienes para sus clientes consumidores. Existe seguramente la necesidad de una inserción de la Bioética en el proceso productivo-económico. Es imperativo el crear estos departamentos en las empresas, y parece una tarea ineludible a futuro. Pregunta Ricardo Páez (en su excelente libro reciente intitulado “La industria farmacéutica entre la ciencia y el mercado”): ¿De qué interesa hoy saber sobre la fundamentación de la ética de Kant o de la ética de la virtud, si no es para pronunciarse valorativamente sobre aspectos de la realidad? (Páez, R. Pautas bioéticas. (2015) Editorial FCE.; pp. 33).

Por un lado enfrentamos la visión de la (difícil) posición de juez y parte de un individuo en tal posición dentro de las empresas (que, por lo demás, devengaría un sueldo). Por el otro, la proyectada posición coyuntural del eticista inmerso en el sistema económico dentro de un departamento staff, tanto de empresas como de instituciones, pareciera un conflicto de conciencia, pero también un gasto económico y energético (en términos de discusiones y debates) fatigante y costoso; finalmente, no todos los bioeticistas (cada quien para sí mismo) vislumbran seguramente su inserción dentro del sistema productivo como la mejor opción. A lo anterior, y parafraseando el dicho popular consabido de que si en lugar de luchar contra la vida nos hacemos amigos de ella, tal vez debiéramos preguntarnos ¿si en vez de luchar contra la economía (y su dominancia y excesos reales y potenciales) los eticistas nos hacemos amigos de ella?

¿Todas las empresas e instituciones se beneficiarían por igual? ¿Qué tipo de ética, por ejemplo, le sirve a una agencia reguladora en el campo de la salud? ¿Hay organizaciones que más claramente se beneficiarían de un departamento de Bioética (como la Industria Farmacéutica, en oposición por ejemplo a la Industria del Vestido)? ¿Cómo difiere de un departamento jurídico? (A esta última pregunta, la jurisprudencia pregunta ¿debemos – es lícito? Mientras que la ética se cuestiona ¿debiéramos – es moral?) Hay entonces, a la pregunta de cuáles serían las organizaciones más necesitadas de dichos departamentos, diferentes formas que asumen éticas específicas (deontológicas, ambientales, de negocios) y de contexto variado posibles (diferentes necesidades para diversas instituciones e industrias) para cada exigencia.

¿Es deseable, en conclusión, una inserción de la Bioética en el proceso productivo-económico? La empresa moderna requiere de incentivaciones morales (y no solamente legales) hoy por hoy para subsistir. El bioeticista añade valor económico a la empresa, a través de las valoraciones, consideraciones y debates éticos y bioéticos, y con ello, justifica su pan (poniendo el dedo sobre la llaga). Con el movimiento Bioético contemporáneo (y el movimiento de ecología y de cuidado del ambiente acompañante integrado), las razones para la empresa (e instituciones) productiva (inserta en la producción y las instituciones en la regulación) requieren hoy de una fundamentación cuidadosa de múltiples consideraciones ambientales, pero también consideraciones humanas propiamente dichas, y de armonía con el ser y quehacer humanos, su entorno y su destino.

El colocar ahora, hipotéticamente de momento, la conciencia Bioética en un departamento designado específicamente a estos propósitos, separado del análisis subjetivo personal habitual ( el director general en el papel de eticista), está hablando de nuestra necesidad creciente hoy día de atender todos y cada uno de los rubros éticos con que nos presenta la realidad de rápido avance tecnológico científico, y esperanzadamente humano, pero también está hablando de los grandes cambios y retos humanos asociados que enfrentamos como especie (el conocimiento del genoma humano y sus aplicaciones, la criopreservación, las nuevas técnicas en relación con la fertilización de múltiples vertientes y la clonación, así como las células troncales y las terapias génicas ya a la puerta, son solo algunos ejemplos).

Hablamos de la separación de la Bioética del quehacer integrado habitual de los individuos, dentro del contexto de las actividades de las empresas e instituciones, en términos reales, una extracción por delimitación de la bioética como actividad para la productividad. Lo antes que aceptemos esta necesidad imperiosa, lo antes contribuiremos con nuestro futuro como dirigentes, reguladores (en las instituciones) y participantes del desarrollo de la economía (ética) global. Si bien el debate actual ya está centrado en la discusión por los comportamientos deseables de nuestras industrias e instituciones (y de nuestra humanidad en general, con miras a la supervivencia), la creación de departamentos exprofeso seguramente solo será una cuestión de poco tiempo (mientras escribo esto, muchas empresas ya se allegan de expertos consultores desde hace ya muchos años).

La profesión de eticistas se convertirá entonces en un quehacer necesario consolidado dentro del engranaje de la economía productiva y de las instituciones que regulan su quehacer. El rescate imperativo del humanismo hoy en día a partir de los valores creados y diseñados cuidadosamente a lo largo de muchos siglos por los humanos (que deben preservarse y pueden y deben mejorarse), más recientemente con el surgimiento ya de varios años de la Bioética, así lo demandan. El humanismo tiene que ser defendido. La actividad económica productiva tiene que ser encauzada. El futuro debiera ser construido de forma bioética, humanista, y de valores contemporáneos de cara hacia el futuro. La realidad imperante contemporánea apunta ya desde hace tiempo a una pérdida de estos valores en su aplicación.

¿Cuál debiera ser el perfil del bioeticista? Claramente se requiere un individuo polifacético, versado, entre otros, en bioética (con estudios formales), en aspectos comerciales y de economía, y, por ejemplo, para la Industria Farmacéutica, en el campo de la salud, con los temas inherentes a esta industria. Los requisitos pudieran variar entre una industria y otra, entre una institución y otra. Pudieran surgir de entre las propias filas de participantes con experiencia, que estudiaran (se especializaran, entre otros, en Bioética) y que se abocaran a cumplir con esta tarea fundamental; pero también, a partir de bioeticistas (recién egresados) formados exprofeso, que adquiriesen experiencia en las industrias de inserción durante el tiempo de su contratación y a lo largo de sus proyectadas vidas corporativas. Necesitamos, en otras palabras, de muchos profesionistas del campo de la Bioética. El requisito fundamental será una formación en Bioética en general.

¿Cuál es la importancia desde el punto de vista económico del bioeticista? El valor agregado que proporciona el eticista es un bien intangible. La orientación que lograría desde una posición staff dentro del organigrama es más bien preventiva (aunque también propositiva), lo cual por sí solo justifica su presencia e inserción. El valor es innegable. Su importancia asesora es la de toda actividad de prevención y mejora que, en el peor de los casos, es la de evitar el desastre (moral, ecológico, financiero, entre otros). Nuevamente encontramos aquí muchos argumentos para la necesidad de una inserción de un departamento de Bioética, dentro de las propias empresas e instituciones, dentro a su vez del proceso productivo-económico.

Pensando en el futuro: ¿El Bioeticista corporativo e institucional es una moda temporal y transicional? ¿Es un fenómeno de nuestros tiempos para la prevención de los excesos contemporáneos presentes y futuros avizorados? ¿Habrá subsistencia de la Bioética más adelante? Más bien debiéramos tal vez (futureando) el preguntarnos ahora ¿auditorías éticas a futuro? ¿Certificación ética? ¿Posición staff corporativa permanente? Estos últimos escenarios de la integración y absorción de los eticistas corporativos, (como sucedió en su momento con el movimiento de calidad y la creación de los puestos de control y de aseguramiento de la calidad a mediados de los años ochenta) ciertamente son de expectativas previsibles dentro de los años por venir.

Se avizora entonces al departamento staff de Bioética como un elemento imprescindible de la consciencia de actuación de la empresa. La Bioética, en este sentido, debe considerarse a futuro como pilar firme del desarrollo de las instituciones y de las industrias, importante contribuyente del debate de la preservación de nuestros valores y desarrollos de valor (y nuestra vida futura, que esperamos que llegue), a partir de departamentos staff que deberán existir, en un inicio, en todas las organizaciones e instituciones prioritarias relacionadas con el campo de la salud, pero también para todos los participantes económicos que en una u otra forma impactan nuestro medio ambiente. Esperamos con ello no solamente un futuro promisorio, sino que, en primer lugar, exista un futuro para nuestra aguerrida, pero muy amenazada humanidad.

 

@bioeticaunam

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