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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
El centauro de Ortega y Gasset (primera parte)
Esa forma dual en la que el ser humano habita el mundo surge a partir de la técnica, que se creó para resolver problemas pero que ahora, decía Ortega hace más de medio siglo, se ha vuelto un gigantesco problema.
Por PUB UNAM
12 de diciembre, 2018
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Por: Paulina Rivero Weber

La naturaleza colocó al ser humano frente a una intrincada red de facilidades y dificultades; por eso el ser humano y la natura no pueden coincidir plenamente. Esa es la tesis básica que José Ortega y Gasset sostiene en su Meditación sobre la técnica. Desde esa perspectiva, el ser humano resulta en parte afín a la naturaleza y en parte no, es una especie de “centauro ontológico”, dice Ortega: al mismo tiempo que es un ser natural, va más allá de la naturaleza a través de la técnica y se torna con ello en un ser, al menos en parte, extra-natural (Ortega, 1965, 16).

Esa forma dual en la que el ser humano habita el mundo surge a partir de la técnica. De hecho, el humano mismo surge a partir de ella, y por eso es por lo que no vive en la naturaleza, sino en esa sobre-naturaleza, que es la técnica. Ésta, se creó para resolver problemas, pero lamentablemente ahora ella misma, decía Ortega hace más de medio siglo, se ha vuelto un gigantesco problema.

¿Cómo sucedió lo anterior? Cuando el frío o el hambre amenazaban con aniquilar al ser humano, éste, en su afán de vivir, logró desprenderse de sus necesidades inmediatas para producir algo más. Libre ya para ocuparse de algo que no era la satisfacción de esas necesidades, fue capaz de crear todo cuanto hoy llamamos técnica. Según Ortega, el resto de los animales no pueden desprenderse de esas necesidades porque su vida consiste en esas necesidades biológicas. Para el animal esas necesidades no son tales, porque son lo que el animal “es” (1965,11). El ser humano en cambio no “es” sus necesidades, por eso las siente como algo impuesto: éstas no constituyen su ser, sino que le llegan de fuera. Calentarse o comer, o satisfacer cualquier género de las necesidades más básicas, no es lo más propio del ser humano es, más bien, algo que acepta como una necesidad que la naturaleza le impone.

Para Ortega y Gasset al ser el humano es ajeno y distinto a la Naturaleza y no le queda más remedio que aceptar las condiciones con que ella le carga. Por eso sus necesidades tienen el aspecto de algo forzado y penoso, pero finalmente él puede retirarse de la naturaleza, ensimismarse y hacer otras cosas que no satisfacen de modo inmediato sus necesidades. Esos momentos “extra naturales” son en los que intenta ir más allá de la naturaleza creando tecnología. Esos actos humanos modifican o reforman la naturaleza, y ellos en su conjunto son lo que Ortega y Gasset llama “la técnica”, la cual queda definida como “la reforma que el hombre impone a la naturaleza en vista de la satisfacción de sus necesidades” (1965, 8).

Pero la respuesta humana ante la naturaleza, esto es, la técnica, no solamente satisface las necesidades humanas: acaba con ellas, las anula. Y en ese camino reforma la naturaleza y termina por cambiarla porque el ser humano no se adapta a la naturaleza: adapta la naturaleza a él por medio de la técnica. Lo anterior, para Ortega y Gasset es un acto en dirección contraria a los actos biológicos. Lo específico del ser humano sería esa reacción contra su entorno, ese no resignarse a lo que el mundo es. Por eso cuando se encuentra la naturaleza deformada, como sucede cuando encontramos piedras talladas de la época prehistórica o madera trabajada, se sabe que estuvo presente el humano: porque la naturaleza del ser humano es deformar la naturaleza para anular sus necesidades.

De ahí que pueda decir que “el hombre no tiene empeño alguno por estar en el mundo. En lo que tiene en empeño es el estar bien, por lo tanto, para el hombre sólo es necesario lo objetivamente superfluo”. Esto es: las necesidades biológicamente objetivas, por intervención de la técnica, dejan ser necesidades para el ser humano, de ahí que lo que es objetivamente necesario, termina por ser el mero bienestar. Para Ortega y Gasset, “la técnica es la producción de los superfluo: hoy y en la época paleolítica” (1965, 8).

Con base en lo anterior, el sentido biológico de “vida” o “vivir”, es diferente al buen vivir o bienestar. La vida orgánica es lo que es; el bienestar es móvil y variable: depende de lo que cada sociedad o persona entienda por bienestar. En busca de éste, concíbasele como se le conciba, llevamos a cabo actos técnicos, y en cada uno de ellos, dice este pensador, nos esforzamos por ejecutar un plan de actividad que permita la satisfacción de las necesidades. Para ello, creamos objetos que no existen en la naturaleza, logrando disminuir o casi eliminar el esfuerzo impuesto por ella. En ese sentido la técnica es el esfuerzo para ahorrar esfuerzo: es lo que hacemos para evitar los quehaceres que la circunstancia nos impone.

Es sorprendente que el ser humano se esfuerce en ahorrar esfuerzo y la pregunta que queda es: ¿a dónde va a parar ese esfuerzo ahorrado que queda vacante? Esto es: si con el hacer técnico, el humano queda exento de quehaceres impuestos por la naturaleza, ¿qué hace, qué quehaceres ocupan su vida? Ortega y Gasset considera que todo depende del tipo de vida elegida: tanto la técnica creada como el destino del esfuerzo ahorrado gracias a ella, son diferentes el Bodhisattva y en el Gentilman, pues sus proyectos de vida difieren. Pero que un proyecto de vida difiera de otro se debe esencialmente a que el ser humano es ese proyecto de vida: el animal es sus necesidades biológicas, habíamos dicho. El ser humano es su proyecto de vida, y en ese sentido es algo inventado, creado por él mismo. A la pregunta “¿a dónde va a parar ese esfuerzo ahorrado que queda vacante?” la respuesta es: a la creación del ente que es uno mismo. El ser humano, su “yo” es un proyecto que siempre está por llevarse a cabo, nunca termina de ser.

Hasta aquí quisiera anotar dos reflexiones. Por un lado, en lo referente al ahorrar esfuerzo, no debemos olvidar que por siglos el ser humano ha esclavizado a otros para no realizar ningún esfuerzo. Esto es: en su intento de no esforzarse, el ser humano no solamente crea artefactos, sino que esclaviza a otros. Hoy en día esta situación no ha cambiado: continuamos empleando una técnica que finalmente esconde manufactura esclava. Parece ser que el ser humano no deja de esclavizar para ahorrarse esfuerzos: es capaz de adueñarse de la fuerza del caballo, del toro o de otro ser humano por igual. En ese sentido debemos preguntarnos si lo que en verdad define al ser humano no es más que crear técnica, usar “lo otro” que no es él mismo para su beneficio y confort. Digo “lo otro” porque al igual que se adueña de un mazo o una roca, se adueña de vidas ajenas para evitarse esfuerzo.

Por otro lado, debemos detenernos en la cuestión del tiempo que la técnica libera para hacer otras cosas. Habíamos dicho que ese tiempo para Ortega y Gasset se ocupa en crear lo que somos; no nacemos siendo humanos, es algo que adquirimos a lo largo de la realización de un proyecto de vida creado. Y en efecto ese tiempo libre ha permitido crear filosofía, música, religión o ciencia.

 

* Paulina Rivero Weber es doctora en Filosofía por la UNAM, profesora de la Facultad de Filosofía y Letras, y directora del @bioeticaunam.

 

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

Fuente: 

Meditación de la Técnica, Ortega y Gasset, J., Espasa-Calpe, 1965, Madrid

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