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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
El desarrollo sostenible como herramienta de evolución hacia el hombre posmoderno
La irresponsabilidad medioambiental ha generado la destrucción masiva de nuestro entorno, además de la acidificación de los océanos y el calentamiento global, entre otras consecuencias.
Por Pedro Roberto Reyes Martínez
24 de junio, 2020
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La conciencia despierta sobre todo donde la realidad falla”.

Alberto Camus

 

El sistema económico imperante, basado en el capitalismo global y en el neoliberalismo, se ha centrado en la búsqueda del crecimiento económico a través de principios y prácticas que han generado un régimen de producción y consumo en el que resulta cotidiano no asumir la responsabilidad de sus altos costos. Esta forma de generar bienes y servicios, conocida como “la manera de hacer negocios como siempre” (Business as usual), descuida dos dimensiones fundamentales que no pueden ignorarse: la social y la medioambiental.

Dicha omisión ha generado un crecimiento de la brecha socioeconómica global, en la cual los 2 mil 153 billonarios del mundo poseen más riqueza que 4 mil 600 millones de personas (60% de la población mundial) y en América Latina, en específico, el 20% de la población concentra el 83% de la riqueza. Hoy, tres de cada 10 personas en el mundo carecen de servicios de agua potable seguros, y seis de cada 10 de acceso a instalaciones de saneamiento gestionadas de forma segura. Esas personas tienen serias dificultades para cumplir con una de las recomendaciones más importantes y sencillas para evitar contraer el COVID-19 y propagarlo: lavarse las manos de manera constante.

La irresponsabilidad medioambiental ha generado la destrucción masiva de nuestro entorno, además de la acidificación de los océanos y el calentamiento global, entre otras consecuencias. Hemos extinguido de manera masiva y sistemática un número considerable de especies de flora y fauna, terrestre y marina. También, invadiendo ecosistemas y lugares a los que naturalmente no tendríamos acceso, no sólo hemos contactado a sus especies: las hemos secuestrado, sometiéndolas a cautiverios indignos e insalubres, y convertido en mercancía para alimentar las exóticas vanidades que el sistema actual enarbola. Estas prácticas han permitido al virus llegar por sorpresa a nuestros sistemas inmunológicos, los cuales requieren de procesos no instantáneos para ganar inmunidad.

Los estragos han sido visibles durante décadas y, aunque hemos permanecido con la venda en los ojos, la realidad estalló frente a nosotros con la pandemia de COVID-19 y nos enfrentó, ahora sí de manera ineludible, a un sistema económico o de desarrollo fallido que, entre otras consecuencias, nos hace encararla con sistemas de salud pública colapsados a nivel mundial y con incrementos de letalidad en población con obesidad, diabetes e hipertensión (México ocupa el primer lugar a nivel mundial en obesidad y el quinto en diabetes, ya que somos víctimas de una producción y consumo desmedido de comida chatarra). Todo esto basado en conceptos y principios que ya no son sostenibles.

No podemos seguir con la idea de que los seres humanos debemos trabajar y desarrollar nuestras habilidades y capacidades para someter al mundo, y transformarlo y moldearlo de acuerdo con nuestras necesidades. Debemos asumir con humildad que, al igual que los demás seres vivos e incluso los seres inertes, formamos parte de un mundo o planeta integrado por una serie de sistemas y subsistemas que actúan de manera perfecta en delicados e interrelacionados equilibrios, y que es una minúscula parte de un sistema universal mayor. Sirva esta crisis para adquirir conciencia de nuestro lugar y del papel que jugamos en él, para co-crear una nueva concepción de “hombre” en la que abandonemos la obsesión de un progreso constante con crecimiento económico, científico y tecnológico sin límites. Es momento de dejar atrás aquella visión de “progreso” centrada en la avaricia, que fomenta la acumulación (desmedida) de riqueza, como si fuese una virtud al constituirse como parámetro de éxito.

Con esa actitud egoísta y soberbia, hemos utilizado al sistema actual como herramienta al sistema actual para pretender encumbrar al ser humano como el centro de la creación, pero hoy, ese sistema, también, se nos debe de revelar, paradójicamente, como la semilla de nuestra propia extinción, si no evolucionamos.

El desarrollo sostenible se presenta hoy claramente como un instrumento que procure, sí, el crecimiento económico, pero no uno irracional, incongruente y/o desmedido, sino uno que incluya nuevas formas de producción y consumo, que sustituyan el modelo de economía lineal por el de economía circular, pero sobre todo, que lo fomente sin descuidar las dimensiones social y medioambiental; es decir, un sistema en el que la inclusión social y el cuidado al medio ambiente tengan la misma importancia que el crecimiento económico.

El desarrollo sostenible nos permite actuar no sólo en beneficio de las generaciones actuales, sino también de las futuras, y contribuye a generar una visión que aporta propuestas de solución a la crisis que hemos generado, fomentando que diversos sectores (individuos, comunidades, gobiernos en todos sus niveles, academia, sociedad civil organizada y sector empresarial) asuman sus respectivas responsabilidades, para generar una corresponsabilidad compartida que se traduzca en acciones efectivas. No sólo propone la utilización de la Ciencia y la tecnología para lograr sus objetivos, sino que también reconoce la importancia de otras disciplinas como Ética, Filosofía, Política, Derecho, Economía o Sociología, y las incorpora a su agenda para integrar esquemas multidisciplinarios que no sólo propongan y generen soluciones a los retos que pretenden resolver, sino que también se cuestionen y analicen sus motivos, causas, valores y consecuencias.

Para instaurar un Sistema de Desarrollo Sostenible es menester trabajar en la constitución e implementación de instituciones políticas y económicas inclusivas, comunitarias, locales, regionales (subnacionales e internacionales) y globales que basen su funcionamiento efectivo en principios de justicia, transparencia y buena gobernanza, pues los derechos humanos no sólo son un antecedente y marco de referencia de este sistema sino que también forman parte del mismo.

La guía de referencia y de trabajo globalmente aceptada para transitar del modelo actual (Business as usual) a un modelo de desarrollo sostenible se encuentra plasmada en la Agenda 2030, un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad mediante el establecimiento de 17 objetivos con 169 metas de carácter integrado e indivisible, que abarcan las esferas económica, social y ambiental.

De esta manera, el desarrollo sostenible es una herramienta real para evolucionar el concepto de progreso hacia una versión en la que ponemos nuestras capacidades y habilidades a nuestro servicio para transformarnos a nosotros mismos, para adaptarnos al mundo, al sistema natural y al universo al que pertenecemos, como una de sus infinitas partes, asumiendo que no ocupamos su centro. Tenemos la oportunidad, la responsabilidad y la obligación de crear una nueva concepción del hombre moderno, cuya excelencia o virtud (de ser humano) no resida en el afán de lograr la mayor acumulación posible de bienes y riquezas; un hombre congruente, temperante, consciente, generoso y solidario, no sólo con los demás individuos de su especie sino con la totalidad de los demás seres con los que cohabita en este planeta. Hagamos de la próxima nueva realidad (post-pandémica) una realidad sostenible.

* Pedro Roberto Reyes Martínez estudió Derecho en la UNAM y es Técnico Superior Universitario en Comercialización Inmobiliaria por la Secretaría de Educación Pública. Actualmente estudia una maestría en Responsabilidad Social en la Universidad Anáhuac, campus Querétaro.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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