El dilema del consumo y cultivo del aguacate
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
El dilema del consumo y cultivo del aguacate
A pesar del éxito del aguacate, hoy su consumo y cultivo están inmersos en un debate que abarca las implicaciones ambientales de su producción como monocultivo, las pobres condiciones laborales de los trabajadores agrícolas, y su creciente carácter de negocio ligado al narcotráfico que desplaza a cientos de campesinos de sus tierras y acapara el agua.
Por Blanca Rocío Muciño Ramírez y Carol Hernández Rodríguez
26 de enero, 2022
Comparte

El aguacate es un fruto de origen mesoamericano. Se calcula que el árbol del aguacate fue domesticado aproximadamente en 6,400 a.C., aunque se han encontrado restos arqueológicos de sus semillas en el Valle de Tehuacan, Puebla, que datan de entre 8,000 y 7,000 años a.C. Su consumo es ancestral y se ha extendido por el mundo a través de los siglos, pero fue hasta años recientes, cuando comenzó a producirse bajo el modelo de monocultivo, que este fruto se ganó el título de “el oro verde”, tanto por su aportes nutricionales como por su relevancia económica dentro de la producción agrícola mexicana destinada a la exportación. Sin embargo, este título también lleva implícitas las interrelaciones del negocio multimillonario de su producción y exportación con el narcotráfico.

El aguacate es uno de los productos de exportación agroalimentaria nacional más exitosos: México es el principal proveedor internacional, con una aportación de 45.95% del valor de las exportaciones mundiales. Sólo en 2020, este comercio generó una ganancia total de 3 mil 245 millones de dólares. Aunque el aguacate mexicano llega a muchas partes del mundo, Estados Unidos es el principal cliente; se calcula que el consumo anual per cápita de este fruto en nuestro vecino del norte se ha incrementado de menos de 500 gramos a más de tres kg entre 1994 y 2021, y la demanda continúa creciendo exponencialmente pues “es promovido y consumido en eventos con alcance internacional, como el Super Bowl, en el cual se han llegado a consumir 100,000 toneladas durante el día del evento”. El 26 de enero de 2021, el diario Milenio reportó que cada siete minutos se envió un camión de aguacates de Michoacán (el centro productor número uno a nivel mundial, y único estado certificado para exportar aguacates a los EEUU) para atender la demanda del último Super Bowl.

A pesar del éxito del aguacate, hoy su consumo y cultivo están inmersos en un debate que abarca  las implicaciones ambientales de su producción como monocultivo, las pobres condiciones laborales de los trabajadores agrícolas, y su creciente carácter de negocio ligado al narcotráfico que desplaza a cientos de campesinos de sus tierras y acapara el agua. Recientemente, chefs de diversas partes del mundo han decidido eliminar el producto de sus menús por su enorme repercusión en el cambio climático. Incluso, los cocineros de muchos restaurantes europeos lo están remplazando por habas que mezclan con chile verde, limón y cilantro para realizar el famoso guacamole. A este movimiento se ha sumado una tendencia en redes sociales, #noavocado, popular en TikTok e Instagram.

Se señala que el cultivo de aguacates deja una enorme huella de carbono, ya que cada pieza requiere 230 litros de agua y su demanda es tan amplia que se vuelve dañino para el planeta, al crear un déficit hídrico difícil de sostener. Además, su monocultivo contribuye a la deforestación de los bosques del centro y sur de México, y con ello, a la pérdida de biodiversidad. En la última década, las huertas de aguacate se han incrementado hasta en un 1000%, invadiendo bosques y erosionando la tierra a una velocidad que hace imposible que ésta se regenere. Cada vez más se habla de los monocultivos del aguacate como un cultivo ilegal, que carece de regulaciones ambientales y laborales, se expande sin control sobre los bosques mexicanos y áreas de reserva natural, acapara tierras comunitarias y fuentes de agua, y contribuye a la contaminación de los mantos acuíferos y de las comunidades vecinas por el intenso uso de agroquímicos.

Aunado a las implicaciones ecológicas y sociales, cada vez hay reportajes periodísticos que denuncian los vínculos entre los productores de aguacate de Michoacán y el narcotrafico. Se dice que las huertas aguacateras sirven para el lavado de dinero proveniente del tráfico de drogas, se extienden sobre el territorio por medio de extorsiones, expulsiones y asesinatos, y mantienen su hegemonía por medio de la violencia y el soborno. Recientemente, el reportero Heriberto Paredes mencionó en una entrevista para el programa “Revista de la Universidad” de RadioUNAM que el imperio del aguacate es el hermano menor del imperio de la heroína, y que ninguno de los dos se puede pensar sin el otro.

Más allá de las particularidades de la industría aguacatera de monocultivo, el aguacate nos permite reflexionar sobre las interelaciones entre la agricultura, los mercados globales y locales y nuestras dietas.

La “fiebre por productos exóticos” de los países del sur para su consumo en los países del norte es tan antigüa como el proceso mismo de colonización. Cacao, café, azucar, frutas tropicales, cereales, té, especies, e incluso múltiples drogas han precedido al nuevo fervor por “el oro verde”. Al igual que éste tales mercancías han sido producidas bajo el modelo de monocultivo para su exportación desde países pobres, con condiciones laborales precarias (y muchas veces con mano de obra esclava), sin restricciones sobre el uso de recursos naturales ni penalizaciones sobre los costos ambientales. Sin embargo, en el contexto de cambio climático, es posible observar una consciencia ambiental emergente que nos permite cuestionar más profundamente nuestra relación con el medio ambiente y cómo nuestras dietas contribuyen a su degradación.

Hoy tenemos datos más específicos sobre las implicaciones ambientales de la agricultura y de los alimentos que consumimos cotidianamente. Por ejemplo, sabemos que agricultura y ganadería ocupan 50% de la tierra habitable del plantea, consumen 70% del agua dulce, son responsable de casi 80% del proceso de eutrofización de los oceanos, lagos y ríos, y aportan entre una cuarta y una tercera parte de todos los gases de efecto invernadero (GEI) que se generan anualmente. Entre los productos más contaminantes se encuentran los de origen animal, que pueden llegar a representar hasta el 80% de los GEI generados por las dietas de los países industrializados.

El desarrollo de una nueva consciencia ambiental y social ha impulsado un fuerte cuestionamiento sobre nuestras formas de alimentarnos y las relaciones socioambientales detrás de los procesos de producción de nuestra comida. ¿Seremos capaces de reducir la huella de carbono y cambiar nuestros hábitos en beneficio de la salud del planeta? ¿Qué iniciativas sociales y gubernamentales podrían ponerse en marcha para reducir nuestro impacto ambiental?

Consideramos que es necesario encontrar una solución a los problemas socioambientales que genera la agricultura. En el caso del aguacate, el producto en sí no es un problema, pero es necesario encontrar una manera de regular su cultivo y mejorar las prácticas agrícolas. Evidentemente, la moda mundial del aguacate tiene implicaciones perjudiciales para el medioambiente y para las comunidades rurales que se han visto negativamente afectadas por este lucrativo negocio enfocado en satisfacer la creciente demanda de los consumidores estadounidenses, quienes han dado un nuevo valor al mercado de “lo natural y lo saludable”, dentro del cual el aguacate es la cereza del pastel.

* Blanca Rocío Muciño Ramírez es maestra en Diseño y Producción Editorial por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, donde obtuvo la Medalla al Mérito Universitario, y licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM. Ha actualizado sus conocimientos en tres diplomados y más de 50 cursos. Actualmente se desempeña como Secretaria Técnica y responsable de edición y gestión de publicaciones en el Programa Universitario de Bioética (PUB). Carol Hernández Rodríguez es doctora en Sociología por la Portland State University, Estados Unidos, maestra en Estudios Políticos y Sociales y licenciada en Relaciones Internacionales por la FCPyS. Obtuvo mención honorífica en sus tres grados. Actualmente es profesora en el Centro de Estudios Sociológicos de la misma Facultad, en el Colegio de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras, y en el Posgrado en Ciencias Médicas, Odontológicas y de la Salud (Bioética), de la Facultad de Medicina. Desde 2020 participa en The Journal of Peasant Studies WriteShop in Critical Agrarian Studies and Scholar Activism y es miembro de la Federación Mexicana de Universitarias y del Collective of Agrarian Scholar-Activists from the South. Además, es Investigadora Asociada del PUB.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.