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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
El Gran Narciso y las redes sociales
El éxito que han obtenido algunas redes sociales es claro: la gente adora sentirse bien consigo misma.
Por PUB UNAM
15 de mayo, 2019
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Por: Angélica Cabrera Torrecilla

En 1950 B.F. Skinner realizó un experimento con palomas: cada vez que oprimieran un botón, les daría alimento. Por un tiempo, las palomas siguieron un patrón regular, hasta que Skinner cambió el método: sólo les daría comida aleatoriamente por cada botón presionado. La respuesta que obtuvo fue fascinante. Lejos de dejar de hacerlo, las palomas oprimían el botón compulsivamente hasta obtener lo que querían. El experimento que Skinner realizaría en su momento se vuelve a ejecutar actualmente, solo que esta vez las protagonistas no son las palomas, ni la recompensa es alimento.

Las industrias mejor diseñadas para atraer nuestra atención son las redes sociales. Así es como lo expresó Sean Parker, el que fuera el presidente de Facebook, durante una conferencia: “una pequeña cantidad de dopamina es expulsada cada vez que a alguien le gusta nuestra foto o nos hace comentarios […] esta es la forma que te hace contribuir . […] Es un loop constante de validación social que se retroalimenta. Eso es exactamente el tipo de cosas que un hacker como yo podemos conseguir, porque explotas una vulnerabilidad de la psicología humana”.

¿Cuál es exactamente esa vulnerabilidad a la que se refiere el empresario? No es otra que el sentido de pertenencia, sea a través del reconocimiento o del estatus social, que se potencia con la retroalimentación recibida a partir de la exhibición de la información, los gustos o la opinión personal. La aceptación de los otros refuerza las propias conductas, por eso tendemos a relacionarnos con gente que piensa igual que nosotros: nuestra actitud obtiene una recompensa continua de esos grupos. ¿Pero por qué esta necesidad de pertenecer nos hace vulnerables, según Parker?

A diferencia de otros medios como el periódico, la radio o la televisión, en las redes sociales se elige a quién ver/leer, pero sobre todo a quién seguir. Esto es importante porque nuestra capacidad como consumidores implica un razonamiento que involucra no sólo cuestiones económicas o políticas, sino también sociales. En mayor medida, la cuestión más apremiante radica en aceptar que toda elección tomada implica otra descartada, la cual, no debe ser excluida o ignorada. Esta perspectiva de oposición es la que genera una resistencia capaz de entender la complejidad y polifonía de todo sistema (de la naturaleza, la vida práctica y el cuerpo social), una que ayuda a afrontar los problemas de mejor manera.

Un nuevo fenómeno está conquistando las redes sociales chinas, los grupos de chat llamados Kua Kua (literalmente, “adulación”). La finalidad de estos grupos es acoger a personas que comparten cosas sobre sí mismas, incluso si son negativas, y sobre las cuales esperan obtener gratificación positiva por parte del resto de usuarios. De hecho, cualquiera puede ser partícipe de este chat, solo hay que ingresar en la plataforma y pagar una cuota que te permite gozar de cinco minutos de halagos constantes, a menos que pagues por más tiempo. Por muy extravagante que pueda parecer, este fenómeno también existe en plataformas de habla inglesa, específicamente en Reddit bajo el nombre de Toastme, cuya función, a excepción del pago, es exactamente la misma. El éxito que han obtenido estos grupos de chat es claro: la gente adora sentirse bien consigo misma.

En primera instancia, dichas plataformas podrían parecer inofensivas, pero la cuestión fundamental es que, a través de la univocidad discursiva y el auto elogio, se enseña a evadir la frustración y a no lidiar con problemas reales que afectan y requieren una solución. A saber, nos enseña a relacionarnos a través de la mera visceralidad. Para Byung-Chul Han, Eros agoniza porque el amor está en crisis, establecemos relaciones ya no con los otros sino con nosotros mismos “de manera exagerada y patológicamente recargada” (Byung-Chul, 2014, 11). Estamos, en sentido general, enfermos de un narcisismo-depresivo. Requerimos atención constante, sí, pero una atención sesgada y mediada que responde específicamente a las exigencias propias.

No por nada, la psicóloga del MIT Sherry Turkle alerta: “Esos teléfonos que tenemos en nuestros bolsillos cambian nuestras mentes y nuestros corazones porque nos ofrecen tres fantasías muy gratificantes: podemos tener atención constante, siempre va a haber un foro en el cual ser escuchado y nunca tendremos que estar solos. Las dos primeras necesidades se satisfacen a través de las redes sociales, pero la tercera es la que nos está llevando a situaciones emocionales de graves consecuencias”.

Muchos científicos y grandes empresas han visto en los microcosmos de nuestras pantallas una puerta para experimentar con la información que dan los usuarios y, de esta manera, saber cómo nos comportamos o cómo nos comportaríamos ante un panorama x. Pensar en las consideraciones éticas de ello es necesario, pero también lo es evidenciar el papel que nos toca en esta coyuntura. Lo más importante de esta deliberación es que las redes sociales han avanzado tan rápido que las consideraciones éticas (tanto de los productores, científicos como de los usuarios) en torno a sus efectos suelen quedar rezagadas. Es por demás conocido que la información vertida en las redes sociales es proclive a ser reutilizada con fines distintos de los que fue ‘concebida’; por ello sorprende que, según diversos estudios, cada vez somos más sinceros en las redes sociales. Un tipo de sinceridad, sin embargo, de transparente egolatría. La necesidad de pertenecer a un grupo involucra a las pasiones, sea en el mundo real o en el virtual, pero pasión no debe significar vulnerabilidad si se aprende a escucharla y dimensionarla desde un posicionamiento ético que ponga un alto al Gran Narciso.

* Angélica Cabrera Torrecilla es doctora en Estudios Culturales, Teoría y Crítica Literaria por la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente es parte del proyecto de investigación PAPIIT de la UNAM: “Redefinir la razón práctica: contribuciones y límites de la neurobiologización de la moral”.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

Referencias

Han, Byung-Chul. La agonía de Eros. Trad. Raúl Gabás. Barcelona: Herder, 2014.

Turkle, Sherry. Alone Together. Nueva York: Basic Books, 2011.

Recomendaciones

Giodano, James. Neurotechnology: Premises, Potential, and Problem. Nueva York: CRC Press, 2012.

Kramer, Adam; Jamie Guillory, Jeffrey T. Hancock. “Experimental evidence of massive-scale emotional contagion through social networks”, PNAS, 111 (24), 2014: s.p. Disponible aquí.

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