El lenguaje peyorativo que incentiva la violencia
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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
El lenguaje peyorativo que incentiva la violencia: activista, terrorista y animalista, ¿son lo mismo?
Reaccionar de manera inapropiada a través de descalificaciones, falacias e incitaciones a la violencia contra quienes son capaces de demostrar empatía por otros seres que no pueden expresarse, delata la ausencia de argumentos para continuar con la práctica que se desea preservar.
Por Fabiola Villela y Beatriz Vanda
21 de septiembre, 2022
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El pasado 23 de agosto, una persona molesta por la cancelación del evento “Tauromaquia: cultura y bienestar animal”, que iba a tener lugar en la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco (UAM-X), publicó en Facebook un mensaje con frases que no corresponden a la verdad: señaló que dicha universidad “se encuentra presa de grupos radicales” y “a la voluntad de un puñado de terroristas”, quienes lograron cancelar “un evento de carácter meramente científico”.

No es la primera vez que se usan los términos “terroristas” o “radicales” (en ocasiones, “radicales violentos”) para denostar a las y los activistas que defienden los derechos de otros. Lamentablemente, el uso acrítico e irresponsable de estas palabras tiene serias repercusiones.

La defensa de los derechos humanos, de las mujeres, de los animales y de la naturaleza genera incomodidad, enojo y desprecio por parte de quienes se ven beneficiados al ignorarlos. La esclavitud, la trata de personas, la violencia de género y la feminicida, el maltrato animal, la tauromaquia y la sobreexplotación de recursos naturales son algunos ejemplos de ello. En la mayoría de los casos se esgrimen argumentos erróneos, conocidos como falacias, que pretenden “dar razones” para justificar estas acciones. Una de las más recurrentes en este caso es la idea de que la preservación de una expresión cultural basta y sobra para continuar una acción que afecta, lastima o mata “al otro” (conocida como falacia de apelación a la tradición). Y aunque atender este punto es de gran importancia, en esta ocasión queremos enfocarnos en otra pregunta: ¿por qué denostar a las y los activistas y señalarles como “terroristas”?

Comenzaremos por describir al activismo. Las y los activistas pueden ser definidos como personas que se suman, mediante acciones concretas, a causas que buscan un cambio con el fin de favorecer o mejorar las condiciones de vida de otros, principalmente en cuestiones políticas y sociales. Quienes son activistas muestran disposición para ayudar, ser solidarios y sororas con otros, en especial con quienes están en mayor grado de vulnerabilidad frente a gente que los explota, les causa daño o amenaza su vida. Estos seres vulnerables incluyen a los animales y al ambiente, ya que están bajo nuestro dominio.

Algunas personas tienden a confundir activismo y radicalismo. El radicalismo se caracteriza por acciones ilegales y violentas, mientras que el activismo se lleva a cabo informando y denunciando mediante acciones legales y no violentas, o, en el caso más “extremo”, mediante la “desobediencia civil”. Algunas personas entienden los términos radical y terrorista como sinónimos, cuando no lo son. A finales del siglo XIX y principios del XX, “radical” se asociaba con personas de inclinaciones liberales, anticlericales, prodemocráticas y, en general, progresistas, que deseaban cambiar el status quo por encontrarlo injusto o inaceptable para una vida en sociedad; así se denominaba a las sufragistas, quienes eran principalmente activistas no violentas.

El término “terrorismo” no tiene una sola definición; sin embargo, queda claro que señalar que una persona o un grupo de personas son terroristas genera una reacción por parte del Estado. Si a quien ejerce la libertad de expresión, el derecho a la protesta y otras actividades defendiendo los derechos e intereses legítimos de otros se le considera erróneamente terrorista, entonces el Estado puede imponer penas severas. Es por eso que Amnistía Internacional ha manifestado su preocupación por los activistas acusados de terrorismo en Filipinas, Argelia, Arabia Saudita o Zimbawe, entre otros países. Catalogar a activistas como terroristas les hace vulnerables a desapariciones forzadas, encarcelamientos injustificados, tortura y demás formas de maltrato por parte del Estado, que criminaliza las acciones por las cuales pueden ser llevados a juicio. Es precisamente por estas consecuencias que la cadena BBC se rehúsa a utilizar esta palabra.

De manera general, se puede sostener que el terrorismo tiene un tinte político y sus prácticas no se sujetan a ninguna legislación nacional o internacional. Se constituye por actos delictivos y violentos —como el uso de armas de fuego, bombas, sustancias tóxicas, armas químicas o biológicas, asesinatos, secuestros, etcétera— que pueden ser catalogados como de lesa humanidad, pues van encaminados a generar un estado de terror en la población civil para demostrar que tienen poder. Un terrorista es, pues, quien participa de estos actos. ¿Acaso quienes se manifestaron en contra del seminario taurino que se iba a realizar en la UAM-X —ya fuera de manera epistolar o a través de las redes— llevaron a cabo alguna acción que pueda considerarse terrorista? La respuesta claramente es no.

Lo anterior deja al descubierto, una vez más, que el uso de términos como “terrorista”, “feminazi” (palabra utilizada para invalidar a las feministas) o “animalista” (que se usa en tono peyorativo o como burla para quienes muestran empatía hacia los animales) sirven para descalificar, insultar y estigmatizar a quienes se suman a causas que tienen por objetivo reivindicar los derechos de “los otros”; es decir, tiene el fin de minimizar y desacreditar los argumentos que sostienen dichas causas (los derechos de las mujeres, de los animales o de la naturaleza) y evitar que sean tomados en cuenta. A este mecanismo se le conoce como falacia ad hominem o de ataque personal.

Usar estos apelativos tiene implicaciones negativas dentro de un grupo o comunidad, ya que puede detonar sentimientos o actos violentos contra la gente que ha sido etiquetada como presuntamente peligrosa o indeseable por oponerse a ciertas creencias o aficiones. Así, resulta más fácil atacar a estas personas haciéndolas ver como una amenaza o volviéndolas impopulares ante la población.

Reaccionar de manera inapropiada a través de descalificaciones, falacias e incitaciones a la violencia contra quienes son capaces de demostrar empatía por otros seres que no pueden expresarse, no sólo demuestra la desinformación y un mal entendimiento de la evidencia científica, sino que también delata que no existen justificaciones ni argumentos para continuar con la práctica que se desea preservar. En este caso, encontrar un rechazo cada vez mayor, por parte no sólo de “animalistas” sino de la población en general, a ser testigos de la matanza de un animal disfrazada de arte y cultura genera molestia entre quienes desean preservar una mal denominada “fiesta”; y estos últimos, ante la falta de argumentos racionales y fidedignos, arremeten contra quienes se oponen usando el último recurso que les queda: designarlos como animalistas, radicales y terroristas.

* Fabiola Villela Cortés es bióloga, maestra y doctora en Ciencias, campo de estudio principal Bioética, por la UNAM. Es profesora de asignatura en la Facultad de Ciencias y responsable de la Unidad de Educación Continua de la Dirección General de Divulgación de las Humanidades de la Coordinación de Humanidades de la UNAM. Beatriz Vanda Cantón es médico veterinario zootecnista, maestra en Ciencias y doctora en Bioética. Trabaja como académica de tiempo completo en la UNAM.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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