El toro, víctima sacrificial
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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
El toro, víctima sacrificial
Si retiráramos de la corrida de toros toda la parafernalia de música, colores, vestimentas y rituales innecesarios que sólo hacen lucir al torero, únicamente nos quedaría el asesinato colectivo.
Por Yolanda Alaniz Pasini
3 de agosto, 2022
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Existe un debate abierto sobre la pertinencia de prohibir legalmente las corridas de toros. Las leyes prohíben el maltrato animal, y la Constitución de la Ciudad de México reconoce la sintiencia de todos los animales y ordena el trato digno y respetuoso hacia ellos, así como su inclusión en el círculo moral; a pesar de esto, en la práctica existe esta excepción que resulta inexplicable: ¿cómo entender que esté aceptado el proceso de maltrato, abuso, tortura y muerte de un animal, por un hombre habilitado técnicamente para ello, frente a multitudes complacidas? ¿Cómo entender que un solo torero reconozca haber matado cinco mil toros, ser aplaudido, admirado y respetado, portar un halo de divinidad y afirmar que para ser torero se necesita “estar tocado por la varita mágica de Dios”? Los argumentos de que el toro no sufre y de que el toreo es arte, cultura y tradición no alcanzan para justificar estas matanzas, pero intentan fervientemente, a través de su discurso, ocultar lo esencial: que es un espectáculo en el cual se descarga metódicamente, a sangre fría, la violencia sobre un animal hasta matarlo.

Desde la perspectiva de la antropología clásica, esto constituye claramente un ritual sacrificial. Dicha disciplina describe el ritual del sacrificio como un fenómeno complejo que implica un conjunto de actos y formalidades establecidas en un determinado culto o ceremonia. Visto dentro de las sociedades antiguas, se relaciona con creencias religiosas e implica la destrucción de la víctima como ofrenda. La violencia y la sangre son inherentes al sacrificio. René Girard las describe como el core del sacrificio. Sus componentes son la víctima, el sacrificador y la comunidad.

De acuerdo con Girard, 1 el sacrificio de animales se origina cuando en las comunidades se generan tensiones que desencadenan violencia. Permitir o desatar la violencia entre miembros de la comunidad no es deseable para la estabilidad del grupo, y elegir a un humano como víctima puede generar venganzas, las cuales llegan a constituir un círculo interminable. Se hace necesario evitarlas. La violencia insatisfecha busca y encuentra un ser externo que convierte en víctima: un animal. El sacrificio de animales encuentra una víctima de recambio.

Una característica de la víctima sacrificial es ser externa a la comunidad, ser vulnerable y no tener conocimiento de su destino, además de no haber hecho nada para merecer la muerte: es inocente. Los animales elegidos como víctimas de recambio son sacrificables porque, siendo externos, carecen de vínculo alguno con la comunidad, no cumplen un papel o una función distintos, y por tanto su muerte importa poco o nada. El sacrificio de un animal es una violencia sin riesgo de venganza, ya que no habrá nadie para defenderlo. Una víctima animal no sustituye a una persona, sino a la comunidad entera. Otra característica fundamental de estas víctimas es que son segregadas y separadas, ergo, consagradas para el sacrificio. Esto significa que sólo el sacrificador podrá matarlo. En virtud del ritual, el animal utilizado deja de ser un animal común para convertirse en la víctima sacrificial, que nadie más puede tocar, porque está consagrada.

El sacrificador o sacerdote es quien preside el ritual del sacrificio. Destaco que es precisamente por el ritual del sacrificio que se modifica el estatus moral del sacrificador: deja de ser un hombre común para pasar a ser sacerdote del sacrificio. Es aquí donde, en la corrida de toros, se nos aparece claramente el torero como el máximo sacerdote del ritual, investido con ropajes de lujo, con hilos de oro, plata y lentejuelas de colores, el traje de luces que irremediablemente llama la atención sobre su individualidad divina/distinta a todos los presentes. El  ritual conlleva otros rituales, preparatorios al sacrificio, que no dejan de tener un tinte religioso, como celebrar una misa, persignarse antes de torear, o bendecir al torero y sus instrumentos. Todo en él es ritualista: su personificación y su representación. Con la montera en mano ofrece la muerte del toro a la comunidad, y después, a nombre de todos, lo mata. Sólo la muerte es real.

Girard nos recuerda: los ritos se organizan de tal manera que intentan disimular o minimizar la violencia, que está allí, en el seno de los sacrificios rituales. 2 El ritual se funde y unifica con la técnica para herir y matar al toro. Los tiempos de una corrida están diseñados para herir estudiadamente el cuello y la musculatura que sostiene la cabeza y producir sangrados profusos, muy visibles pero enmascarados por los colores vivos de las banderillas, los capotes y los trajes de la cuadrilla, los banderilleros, y el picador, además de los movimientos, gestos y ademanes del torero. Cada toque produce o profundiza una herida. Mientras todo eso se escenifica ante el público, la víctima no sólo pierde fuerza y sangre, sino la esperanza de escapar.

Si bien la tauromaquia retoma elementos de rituales religiosos, no constituye en sí un acto religioso sino netamente pagano, ya que su origen es el espectáculo sangriento entre animales humanos y no humanos en el circo romano, del cual han dado cuenta infinidad de autores. La evolución del toreo, para justificarse, ha consistido en el refinamiento de la técnica de tortura y muerte a través del despliegue de rituales que disfrazan la brutalidad. Los rituales obedecen a un mito, en este caso el del arte de la tauromaquia.

Si retiráramos de la corrida de toros toda la parafernalia de música, colores, vestimentas y rituales innecesarios que sólo hacen lucir al torero, únicamente nos quedaría el asesinato colectivo. Para L. Vincent Thomas, el rito se caracteriza por un dinamismo colectivo que hace converger la violencia sobre la víctima ritual: es la metamorfosis de la violencia recíproca en una violencia unilateral explícitamente figurada en el rito. 3

Es evidente que la tortura y asesinato de una criatura sintiente, consciente, inocente y vulnerable con el solo propósito de una diversión no puede ser aceptado moral, ética o legalmente. Es tiempo de reconocerlo.

* Yolanda Alaniz Pasini es médica cirujana. Cursó las maestrías en Salud Pública y en Antropología Social, así como los posgrados en Bioética y en Desarrollo Sustentable. Fue profesora de las asignaturas de Epidemiología y Antropología Médica en la UNAM, y de Bioética y Ética Ambiental en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeñó como Secretaria Técnica de las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados, y ha sido observadora y/o parte de la delegación mexicana ante la Comisión Ballenera Internacional y en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres. Actualmente es consultora para Conservación de Mamíferos Marinos de México.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

Lectura recomendada:

Jesus Mosterín (2010), A favor de los toros. Ed Titivillus

 

 

1. René Girard, 1972. La Violencia y lo Sagrado. Ed. Anagrama. Barcelona.

2. Rene Girard, 2012. El Sacrificio. Ediciones Encuentro, SA, Madrid.

3. Louis Vincent Thomas, 1975. Antropología de la Muerte. Fondo de Cultura Económica, primera edición en español 1983, pp.103, 104.

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