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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
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Desde la ética sabemos que ninguna diferencia justifica ninguna violencia y que, como dice el filósofo Alejando Herrera, deberíamos vernos como cuidadores responsables de la Naturaleza y no como dominadores despóticos de ella.
Por PUB UNAM
21 de octubre, 2015
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Por: Adriana Segovia Urbano (@NASegovia)

 

Para Chabelita y Analía (su familiar humano)

Chabelita

Chabelita

Chabelita era una cariñosa Labradora que murió hace un par de semanas, cuando varias clínicas veterinarias de la Condesa, en la Ciudad de México, empezaron a recibir perros que les eran remitidos por presentar salivación abundante, convulsiones o colapso, compatible con un cuadro de intoxicación. Esto se presentaba alrededor de una hora después de haber paseado por el Parque México y presumiblemente a consecuencia de haber consumido algún tóxico o veneno que, a reserva de lo que dictaminen las investigaciones al respecto, parece haber sido colocado de forma intencional para asesinar a los perros que pasean en dicho parque.

Estos hechos empezaron desde hace tiempo, pero se agudizan cada tanto. ¿El motivo? El enfrentamiento de intereses de dos grupos al compartir espacios comunes. Por un lado, los dueños de perros que piensan que éstos tienen el derecho de jugar libremente por el parque (asumamos que la mayoría los pasea de modo responsable respecto a que su conducta no afecte a terceros), y por otro, quienes quieren pasear por un parque y no ser sorprendidos, interrumpidos o molestados por los perros en cualquiera o algunas de sus manifestaciones.

Hasta aquí nos encontramos con dos grupos enfrentados por sus intereses y necesidades, para quienes los sistemas democráticos que velan por los derechos de toda la ciudadanía debería proveer los mecanismos necesarios para lograr una sana convivencia entre todos, tanto desde el marco legal como en su instrumentación y en la creación y promoción de una cultura ciudadana que tiene que ver con el desarrollo de una cultura democrática que privilegie el diálogo y la negociación en la resolución de conflictos.

Cuando estos tres niveles (legal, instrumentación y cultura ciudadana) son débiles en una sociedad como la nuestra, es más factible que surjan individuos desbordados que estén dispuestos a cometer un crimen, con la “justificación” de ejercer la “justicia por propia mano” o la “defensa personal”.

Estamos hablando de un acto de violencia, fenómeno complejo del que siempre es conveniente considerar sus múltiples dimensiones, y del que hoy quisiera señalar un par de ideas relacionando violencia y bioética, para mirar el hecho que nos ocupa.

El comportamiento violento es contrario al bioético porque busca someter y termina lastimando o destruyendo, mientras que el comportamiento bioético mira por la preservación de la vida, el bienestar y el cuidado del otro, teniendo en cuenta su autonomía.

La violencia tiene como base la desigualdad de poder, para lograr el sometimiento o destrucción del otro, por eso se relaciona con las desigualdades como el machismo, el racismo, el clasismo, y en este caso, el especismo. Es decir, la justificación ideológica de que una diferencia es “natural” y que legitima el sometimiento de unos a otros, en este caso, la justificación es que se trata “solo de perros”.

Quienes trabajamos con la violencia humana sabemos que hay una línea de continuidad entre la “facilidad” para lastimar o matar animales y que puede derivar en lastimar o matar personas. Asimismo, hay una línea de continuidad para promover la empatía hacia una especie, que se extienda a personas y a todo ser viviente.

Hay que recordar que a los perros no les podemos pedir cuentas de sus actos, y en este caso, resultan víctimas inocentes. En un acto violento se lesiona y daña directamente al perro, que pierde la vida, y también a los humanos que los cuidan y que tienen con ellos un lazo de afecto.

Desde la ética sabemos que ninguna diferencia justifica ninguna violencia, y que como dice el filósofo Alejando Herrera (“La moral y la violencia hacia los animales”, 1995), deberíamos vernos como cuidadores responsables de la Naturaleza, y no como dominadores despóticos de ella. Y que la ética contemporánea, la bioética, no puede ser una ética antropocéntrica, sino que debe ampliar el círculo de nuestras obligaciones morales hacia los seres cuyos sufrimientos y placeres deben ser tomados en cuenta sin importar la especie a la que pertenezcan (apoyado en Peter Singer, Tom Regan y Paul Taylor).

Toda diferencia, en la sociedad y la naturaleza, corre el riesgo de que se genere en torno a ella discriminación y violencia, por tanto es indispensable que los principios de equidad, empatía, responsabilidad, cooperación, cuidado y tolerancia, así como los recursos de diálogo y respeto a la diferencia, y a los derechos de existencia y bienestar del otro, sean permanentemente enseñados, practicados, defendidos y consignados legalmente.

El impulso de eliminar al diferente (“eliminar” no es solo matar, es anulación en diferentes sentidos), un día al perro, otro día a quien disiente en la familia, otro día al vecino, y otro al enemigo nacional, está en la base de todas las violencias que hoy vivimos.

 

* Adriana Segovia es Terapeuta familiar (PUB-ILEF)

 

 

Podemos enfocar este dilema desde el punto de vista bioético: “La bioética reconoce la pluralidad moral y epistémica de las sociedades actuales, en las que sus ciudadanos son extraños morales, propiciar el diálogo que busca superar la negociación, a fin de llegar a consensos e identificar y buscar solución a los disensos, que en un mundo plural y multicultural son ineludibles y fuente de división y violencia”. Ana Isabel Gómez Córdoba 2010, apoyada en Engelhardt (1995) y Lolas (1998) en Agresión y violencia. Cerebro, comportamiento y bioética, Herder.

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