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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
¿Es el migrante el problema de la migración global? (Bio)ética, política y sociedad
Históricamente, los desplazamientos humanos han permitido la comunicación entre naciones y la formación de estructuras sociales más complejas, interconectadas entre sí, además de una mayor biodiversidad humana. El mundo globalizado no se concretó desde el aislamiento y el ostracismo nacional, sino todo lo contrario.
Por Regina Chacón, Lucía Rodríguez, Emiliano Parra y Jafet Quintero
21 de julio, 2021
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El vocablo ‘migrante’ ha estado entre las palabras más vilipendiadas del siglo. Se ha utilizado indiscriminadamente en las primeras planas de todo el mundo, en la televisión, en los discursos políticos nacionales, en los del Papa y hasta en concursos de fotografía. Más allá de los encabezados en los medios y del activismo en favor de los migrantes humanos, la concepción del migrante como un individuo ruin y de la migración como un peligro sigue latente. Así, aunque migrar sea un derecho natural, la movilización de seres humanos a través del territorio ha sido un fenómeno ampliamente criticado y controversial.

Al mismo tiempo, a pesar de que la migración es un fenómeno que los Homo sapiens comparten con otras especies, los problemas y las soluciones siguen siendo analizadas desde una perspectiva antropocéntrica. De hecho, esta forma de pensar ha sido responsable de la imposición de fronteras humanas como el máximo geográfico al que deben adaptarse el resto de las dinámicas globales. Así, las migraciones no humanas han quedado invisibilizadas en los planos políticos, económicos, culturales y legales, puesto que, al parecer, el territorio humano se considera el único importante.

Actualmente, las leyes son el recurso hegemónico que controla el fenómeno migratorio. Delimitan las esferas de poder de los países emisores y receptores, y reflejan el posicionamiento de cada uno. Sin embargo, las leyes no han sido capaces de atacar las causas de la migración desde su origen, pues el desplazamiento migratorio es heterogéneo, impredecible y global (aunque mayoritariamente se da de países subdesarrollados a países desarrollados o de sur a norte). La legislación migratoria, que irónicamente ataca un fenómeno homogéneo imaginario, ha creado un problema artificial: la incompatibilidad del sistema social con la naturaleza misma de la migración.

A la migración y a los migrantes se los ha ‘ilegalizado’ jurídica e ideológicamente, situación que los vuelve vulnerables y que atenta contra su dignidad. Se los ha asociado con criminalidad, desempleo, enfermedades y otros males sociales, situación que se vincula con leyes basadas en la discriminación y en actitudes de prejuicio y xenofobia. De hecho, hay algunos países que no reconocen a los migrantes indocumentados como parte de la población dentro del territorio, y otros que incluso los criminalizan. Generalmente, los migrantes en tránsito no reciben el apoyo de los gobiernos ni su reconocimiento jurídico, y se genera un entorno que favorece el abuso de poder sobre ellos por parte de las autoridades y del crimen organizado. Enfrentarse al estigma de que “el migrante corrompe el tejido social del espacio receptor” es uno de tantos problemas que conlleva el desplazamiento. Este tipo de concepciones negativas sobre la migración provienen del darwinismo social, doctrina que apoya la idea de que los seres humanos blancos son la máxima expresión de la naturaleza y poseen una superioridad intelectual que les permite dominar a las demás razas (y especies). El fenómeno de las razas dominadas que emigran hacia países de mayoría blanca difumina la distinción racial, pone en riesgo el dogma de la supremacía blanca y se concibe como una corrupción de la raza y la sociedad.

Así, la xenofobia y el racismo hacia los inmigrantes son consecuencia de la transgresión de los ideales del privilegio racial blanco. Para las sociedades de mayoría blanca, aceptar otros idearios dentro del mismo tejido social implica rechazar la validez de la ideología tradicional. Las identidades nacionales se han construido en una creencia histórica de superioridad y exclusividad.

Mientras el mundo siga siendo tremendamente desigual, proponer un fin a la migración es prácticamente imposible y contraproducente, y generar igualdad es algo, por definición, opuesto al sistema. Por un lado, implicaría solucionar los problemas que motivan a los migrantes a salir de sus localidades; por otro, transformar los roles controladores y securitistas del Estado y de las instituciones con la naturaleza humana, labor titánica en un mundo dominado por el pensamiento antropocéntrico. Entonces, el problema de la migración no es el migrante, sino el aparato ideológico y económico. Al parecer, la única solución es forjar un nuevo matiz de valores que reconozcan la realidad de un mundo innegablemente atado a una dinámica perpetua de comunicaciones y desplazamientos de la que dependemos todos. Históricamente, los desplazamientos humanos han permitido la comunicación entre naciones y la formación de estructuras sociales más complejas, interconectadas entre sí, además de una mayor biodiversidad humana. El mundo globalizado no se concretó desde el aislamiento y el ostracismo nacional, sino todo lo contrario.

Desde un punto de vista económico, prohibir o restringir la migración es ridículo. Actualmente, es innegable la importancia de la mano de obra migrante que ha sostenido el crecimiento económico global ─y, en algunas ocasiones, local─. De hecho, una buena parte de los productos agrícolas en el mundo occidental son producidos a partir de manos migrantes; es decir, los últimos están produciendo alimento para quienes se oponen a la migración.

Urge la renovación del pensamiento humano hacia uno que provea de mayor congruencia político-social al fenómeno. La propuesta del posthumanismo aboga por descentrar al ser humano (blanco, occidental, etcétera) de la cima de las relaciones jerárquicas naturales y sociales. Con él se combaten también los prejuicios erróneos alusivos al fenómeno migratorio a través del dictamen de que todos, sin importar raza o especie, somos parte de la dinámica global. Los modelos políticos deben aceptar esta realidad para generar una sociedad futura que no se tambalee de miedo ante los migrantes, quienes tienen que padecer su opresión violenta por el bien de la tradición xenofóbica.

Con una regulación poshumanista del proceso migratorio, que deconstruya las relaciones jerárquicas de poder (euro)antropocéntricas y que incorpore al espacio emisor, al de tránsito y al de destino, las autoridades podrían ser más empáticas y comprenderían la importancia de proteger la vida de los migrantes. En el caso particular del tránsito Centroamérica-México-Estados Unidos, los migrantes corren muchos riesgos: pueden ser explotados laboral y sexualmente, reclutados por el crimen organizado, o incluso verse presa del tráfico de órganos. Urge que la Bioética analice la migración global con mayor profundidad y que, a partir de esta disciplina, se incentiven políticas que transformen la manera como se percibe a la población. ¿Será que la crisis económica, social y sanitaria actual nos permitirá empezar a hacer estos cambios?

* Regina Chacón Vega estudia primer año de preparatoria en la Escuela Moderna Americana. Está interesada en el papel de la expresión humana (a través de la Literatura, el Cine y las Artes Plásticas) en el entendimiento de la sociedad hacia los problemas que la asedian. Se enfoca en el paralelismo de la Historia del Arte y la evolución de las sociedades contemporáneas y ha ganado premios por su papel como directora cinematográfica. Lucía Rodríguez Morales es estudiante del primer año de preparatoria en la Escuela Moderna Americana. Le interesan la formación de consciencia colectiva a través del periodismo y la relación de los fenómenos globales actuales con las incertidumbres sociales que la rodean. Actualmente es la directora del Comité Editorial de Español de El MAS Allá, periódico escolar. Emiliano Parra Hernández estudia el primer año de la preparatoria en la Escuela Moderna Americana. Le interesa la relación entre el clima geopolítico y futuro del desarrollo sustentable, y le preocupa el rol de la comunidad en la persecución de justicia social. En 2020 ganó el premio escolar Juan Rulfo al mejor cuento corto de tercero y cuarto de bachillerato. Actualmente es el director general del mismo periódico escolar y becario del programa United World Colleges México 2021-2023. Gino Jafet Quintero Venegas es doctor en Geografía por la UNAM con especialidad en Geografía del Turismo y Geografía de los Animales, y cuenta con un posdoctorado en Bioética. Actualmente es Investigador Asociado “C” del Instituto de Investigaciones Sociales en el área de “Espacio social” con la línea de Descampesinización y Turismo. Además, es profesor de Zoogeografía y de Geografía y Ética en la Facultad de Filosofía y Letras.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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