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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
¿Es ética la industria farmacéutica?
De la industria farmacéutica se espera hechos heroicos y conductas éticamente intachables que esta industria no puede producir, de acuerdo con las leyes del comercio y el mercado. Aunque ponga aparentemente su mejor empeño en ello.
Por PUB UNAM
13 de abril, 2016
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Por: Germán Novoa Heckel

Con los escándalos en el incremento de precios hasta por un 5000% del Mogul industrial, Martin Shkreli puso de relieve nuevamente la alta vulnerabilidad de la industria ante los escándalos mediáticos, ocasionados en este caso por comerciantes sin escrúpulos en una industria que ha sido y es de por sí muy sensible a estos ataques.

¿La industria farmacéutica es o no es ética en sus procederes? Es conocido el reiterado ataque que realiza la prensa periódicamente a esta industria como blanco preferido de quienes quieren sacar una ganancia rápida de tipo político, o meramente mediático. Sin embargo, los efectos adversos, por ejemplo del Vioxx, hace ya más de una década, producido por los laboratorios MSD, marcaron un parteaguas en el que ya era considerado como el último bastión de la búsqueda de nuevos medicamentos por parte de la industria.

En aquel entonces, un medicamento sacado al mercado por esos años demostró un alto grado de efectos adversos, que eventualmente condujeron a la muerte a muchos de aquellos que lo consumieron –por haberse ocultado información de seguridad, que sí era conocida por el propio laboratorio y que, por tanto, habría prevenido el desastre y los miles de muertos. (En 2004, más de 38,000 muertes fueron relacionadas con su consumo). Se evidenció que los procedimientos y reglas de producción de medicamentos de un laboratorio que había obtenido prestigio como “altamente ético”, hasta antes del desastre, habían fallado, y que la industria farmacéutica había perdido a su último representante con buena reputación.

La industria farmacéutica es un negocio global, y como tal, tiene por objetivo obtener ganancias en todo momento para sus dueños y accionistas. El problema más bien parece ser que la industria farmacéutica es un negocio establecido sobre una parte muy vulnerable de nuestra civilización: la recuperación y preservación de la salud de los seres humanos. Como tal, se espera de esta industria hechos heroicos y conductas éticamente intachables; pero que, de acuerdo con las leyes del comercio y el mercado, esta industria no puede producir; aunque ponga aparentemente su mejor empeño en ello.

Sin embargo, la industria farmacéutica es una de las más reguladas: tómese por ejemplo el código de ética de Cetifarma, obligatorio para todos sus asociados en la Cámara de la Industria con sede en la Ciudad de México. Es poco el margen que puede quedar para que se transgredan los límites de lo deseado y lo deseable por parte de los industriales (aunque desde luego, llega a suceder), de acuerdo con estas bases del más alto grado de comportamiento moral estipulado. Por su parte, COFEPRIS, la entidad que regula desde el lado gubernamental en México el quehacer de esta industria, también ha emitido regulaciones que obligan al comportamiento ético a esta industria vilipendiada una y otra vez desde hace muchísimos años. Los códigos internacionales y las regulaciones internas de los laboratorios transnacionales completan la lista de comportamientos estipulados para todos sus participantes. A pesar de que esta industria sea una de las más reguladas, sigue los criterios de mercado en su búsqueda de ganancia y solvencia económica.

¿Qué es entonces lo que debiera hacerse para eliminar las fuertes críticas que penden de continuo sobre esta industria de la salud? Posiblemente, y en una primera instancia, me atrevo a sugerir que habría que realizar nuevamente las olvidadas campañas de prestigio de difusión internacional que se promocionaron hace ya más de 25 años. Estas campañas resaltaban, sobre todo, el bienestar general que la industria había producido para la humanidad, en contraste con los problemas que pudieran estarse ocasionando.

Pero esto no sería suficiente. Lo otro, tal vez más indispensable hoy en día, sería un movimiento estratégico en dirección hacia una investigación altruista, con verdadero compromiso social, que pudiera realizar la industria en favor de los padecimientos más acuciantes de la mayoría de la población humana, principalmente la investigación sobre aquellos padecimientos que matan a mucha gente en condiciones vulnerables por pobreza o falta de acceso a servicios de salud; me refiero a cambiar la llamada brecha 10/90, en donde solamente menos del 10% de los recursos existentes en el mundo para la investigación en salud fueron puestos al servicio del 90% de los enfermos, principalmente de los países en desarrollo, en donde ocurren el 90% de todas las muertes prevenibles en el mundo.

En contraste, el 90% de los recursos de investigación en salud se destinan sólo al 10% de la población mundial, ubicada principalmente en los países desarrollados. Esta brecha ha sido reportada por la Comisión para La Investigación en Salud para el Desarrollo desde 1990, y discutida por el Foro Global para la Investigación en Salud (Global Forum on Health Research). La brecha 10/90 ejemplifica la dirección en la cual se tiene que trabajar para reducir estas estadísticas, y es precisamente aquí, en este foro global, en donde está ausente todo vestigio de participación por parte de la industria farmacéutica internacional. Veo por tanto aquí la posibilidad y la necesidad de una participación comprometida de esta Industria, que pudiera mejorar de forma sustantiva su imagen alicaída, para recobrar su sentido de industria capaz de ser benefactora y productiva para toda la comunidad global.

La contribución de la investigación farmacológica y biomédica en problemas de salud que afectan a la mayoría de nuestra población global debiera convertirse así en un bastión de defensa de la industria farmacéutica contra los reiterados ataques y críticas que se publican en los medios; ¿o es que ya no interesa el guardar las apariencias, y todo el mundo ha aceptado que los intereses económicos de este sector son lo único que importa, le pese a quien le pese? ¿Es acaso una muestra de la desaparición del benéfico humanismo en desuso, que permea a toda la humanidad actual? ¿Vuelta a la barbarie ahora en forma de un mecanicismo despiadado, estimulado por las nuevas tecnologías y sus perspectivas futuristas que prometen curar todas las enfermedades? ¿Qué hay de los valores universales mantenidos con gran esfuerzo durante tantos años que nos quedan aún por defender?

No se ve un fin a éstas y otras muchas interrogantes, y sí se vislumbra un nuevo mundo de valores trastocados con creciente indiferencia, apatía, abulia y falta de respuestas en muchos sectores sociales, no solamente de las industrias y los gobiernos.

La crisis de valores de la Industria farmacéutica ilustrada aquí parece ejemplificar entonces la crisis general de estos mismos valores éticos universales, la cual amenaza a toda la especie humana en esta época de grandes revoluciones tecnológicas y del conocimiento. ¿Y la bioética, podrá estar a la altura de los requerimientos de la época? No solo tendrá que cumplir, sino que seguramente será su mayor desafío y creación en muchos de los años por venir.

 

@bioeticaunam

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