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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Estado mexicano, lectura del huevo y homeopatía
Que dinero del erario publico se utilice para pagar ‘medicamentos’ homeopáticos, salarios de homeópatas, y la formación de nuevos homeópatas es simplemente escandaloso e inmoral.
Por PUB UNAM
5 de abril, 2017
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Por: César Palacios González (@CPalaciosG)

La próxima semana se cumplen cien años de la fundación de la Escuela Nacional de Psicología y Ovomancia. La psicología, en sentido general, es el estudio de la mente humana. La ovomancia, también en sentido general, es la adivinación del futuro a través de la correcta lectura del huevo. ¿Qué huevo? De gallina, obviamente. Esta institución pública de educación superior ofrece la Licenciatura en Psicología y Ovomancia, además de diversos cursos de posgrado en ovomancia.

La página de internet de tan prestigiosa escuela asevera que la Licenciatura en Psicología y Ovomancia “es una profesión innovadora ya que además de preparar al alumno como psicólogo con conocimientos de ciencias básicas, salud pública y clínicas, se le capacita en el manejo de la terapéutica ovománcica, lo cual hace que tenga una ventaja sobre la psicología convencional”. ¿Que usted nunca ha visto a un ovomanciólogo? Pues le recomiendo visitar el Centro Nacional de Ovomancia.

Tanto la Escuela Nacional de Psicología y Ovomancia, como el Centro Nacional de Ovomancia, dependen financieramente del Estado Mexicano. Esto quiere decir que nuestros impuestos se utilizan en la formación de ovomanciólogos y en el financiamiento de dicho centro. En México también existen escuelas privadas que ofrecen la carrera de Psicología y Ovomancia. Y en el territorio nacional, los ovomanciólogos trabajan a lo largo de todos los estratos sociales; podemos encontrar consultorios de ovomancia en las zonas socioeconómicas altas, medias y bajas.

Seguramente para estos momentos te estás preguntando dos cosas. ¿Es cierto que existe dicha escuela y centro? Y ¿por qué se utilizan nuestros impuestos para subvencionar una práctica como la adivinación con huevo, que claramente no sirve? La respuesta a la primera pregunta es: no. No existe la Escuela Nacional de Psicología y Ovomancia, ni el Centro Nacional de Ovomancia. La respuesta a la segunda pregunta también es no. Aun cuando lo anterior nos da un respiro, sólo nos da uno breve pues en México se utilizan nuestros impuestos para financiar algo tan inefectivo como la ovomancia: la homeopatía. La homeopatía es una pseudociencia que tiene en su base la idea de que “lo similar cura a lo similar”, y en México es mayormente reconocida por los “chochitos de azúcar”.

Que la homeopatía no funciona es un hecho, por más que los homeópatas digan lo contrario y por más que la gente hable de evidencia anecdótica. El último estudio que demuestra que la homeopatía no funciona fue realizado a auspicios del gobierno de Australia (uno anterior, de muchos, se puede encontrar aquí). El servicio de salud australiano concluyó, después de revisar 1,800 publicaciones científicas sobre la homeopatía, que “la homeopatía no debe usarse para tratar condiciones de salud que sean crónicas, serias o que puedan convertirse en serias. Las personas que decidan utilizar homeopatía pueden poner su salud en riesgo si rechazan o retrasan tratamientos sobre los cuales hay buena evidencia sobre su seguridad y efectividad”. Y esto no sólo aplica a condiciones médicas serias; dado que el mecanismo de acción de la homeopatía va en contra de los principios de la física, la biología y la química, ello necesariamente implica que ella no funciona para ninguna condición médica.

Lamentablemente, en México no sólo existen la Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía y el Hospital Nacional Homeopático, sino que, como dije antes, estas dos instituciones son mantenidas con dinero del erario público. Justo como lees, dinero del erario publico se utiliza para pagar ‘tratamientos médicos’ que son tan efectivos como un paraguas de papel picado, o sea, nada. Que dinero del erario publico se utilice para pagar ‘medicamentos’ homeopáticos, salarios de homeópatas, y la formación de nuevos homeópatas es simplemente escandaloso e inmoral. Aquí presento tres razones éticas del mayor peso por las cuales el gobierno mexicano, a través del Instituto Politécnico Nacional y la Secretaría de Salud, deben de retirar todo financiamiento de la práctica homeopática. Antes de dar estas razones debe quedar claro que mis argumentos están limitados a la práctica homeopática y su enseñanza. Esto quiere decir que ellos no están dirigidos a la práctica y enseñanza médica ordinaria que se dan en dicha escuela y en dicho hospital.

La primera razón es que los recursos económicos asignados a la salud son limitados y esto demanda que se utilicen de la mejor manera. Es cierto que decidir cuál es la mejor manera de gastar dicho dinero es sumamente difícil, como lo evidencia el caso de personas que requieren medicamentos costosísimos. Pero aun cuando esto es difícil, no queda ninguna duda que proporcionar dinero para mantener una práctica que no funciona no puede ser considerado como utilizar los recursos de la mejor manera. Y peor aún, seguir asignando este dinero a dichas prácticas sabiendo que no funcionan nos hace moralmente responsables por el daño que se ocasiona. Un ejemplo puede poner esto más claro. Supón que todo el dinero que tenemos para el presupuesto de salud son cien pesos. Con estos cien pesos hay que pagar hospitales, doctores, medicinas, etc. Y ahora imagina que los que administran el dinero usan 10 pesos para comprar collares de vidrio para curar la diabetes. Utilizar esos diez pesos para comprar collares de vidrio es completamente inaceptable, pues sabemos con certeza que dichos collares no funcionan y porque esos diez pesos pueden ser utilizados para comprar medicinas que sí funcionan, o, en su defecto, para pagar un mayor número de médicos. Destinar dinero público a la práctica homeopática, o la formación de homeópatas, es completamente inaceptable, pues ello quita recursos a la práctica médica que sabemos sí funciona. Y, además, causa daño a los pacientes que reciben los pseudo-tratamientos médicos.

La segunda razón por la cual el Estado debería dejar de financiar dicha práctica es porque legitimiza a la homeopatía, al estar ésta asociada con la Secretaría de Salud y las instituciones de educación superior pública del país. El legitimizar la homeopatía tiene el nocivo efecto de hacer que la gente tenga motivos para confiar en ella y en los homeópatas. Confianza que claramente no está merecida y que puede dañar su salud.

La percepción pública sobre qué es la medicina y qué cuenta como un tratamiento médico está influenciada por muchos factores, y uno de ellos es qué prácticas son sancionadas positivamente tanto por el Estado como por las instituciones de educación superior públicas. Por ejemplo, el desprestigio social de la frenología (la pseudociencia que estudia el carácter de las personas por medio de la forma de sus cráneos) está en buena medida relacionado con el hecho de que las instituciones educativas la rechazan al unísono. Al brindarle legitimidad a la homeopatía el Estado contribuye (directa e indirectamente) a que ella no desaparezca, se expanda, y que aquellos que la practican puedan apelar a la autoridad del Estado cuando la defiendan.

La tercera razón por la cual el Estado debería dejar de financiar a la homeopatía es porque en términos de salud pública ella puede tener consecuencias adversas. Ya que los ‘medicamentos’ homeopáticos no funcionan, las personas que recurren a ellos tardarán más en acudir a un médico calificado, y esto puede tener consecuencias nocivas para su salud. Y, a su vez, esto puede incrementar la cantidad de recursos médicos escasos necesarios para tratar su enfermedad. Imaginen a alguien que se encuentra un lunar nuevo y acude al homeópata. El homeópata le manda una crema homeopática para eliminar el lunar. Después de varios meses, y al empeorar su situación, esta persona va a un hospital público donde le informan que su lunar es en realidad un melanoma maligno, y que de haber recibido tratamiento cuando se lo descubrió ahora estaría sano. Esta persona requiere un tratamiento mucho más caro e invasivo: quimioterapia, cirugía y medicinas. Esto quiere decir que ahora, en términos de recursos médicos públicos, habrá menos recursos para tratar a otros pacientes. Recordemos que el presupuesto para la medicina pública es limitado. Lo anterior es todavía más alarmante cuando consideramos enfermedades contagiosas: imaginen que el paciente que va al homeópata lo que tiene es influenza H1N1.

Dadas las tres razones anteriores, el gobierno mexicano, en específico a través del Instituto Politécnico Nacional y la Secretaría de Salud, debe dejar de financiar y legitimar a la homeopatía. Y no sólo eso, sino que debe redirigir esos recursos económicos y materiales a la medicina ordinaria. En caso de no hacer esto, el gobierno seguirá financiando y legitimando algo tan efectivo como la lectura del huevo.

 

* César Palacios González es doctor en Ética de la Ciencia por la Universidad de Manchester (Reino Unido). Actualmente es investigador asociado del Centre of Medical Law and Ethics, del King’s College London (Reino Unido).

 

@bioeticaunam

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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