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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Ética en tiempos de crisis sanitaria
Hoy el personal médico se enfrenta a la obligación ética de salvar todas las vidas y al mismo tiempo proveer la mayor cantidad de beneficio para la mayor cantidad de personas ante los recursos limitados.
Por Jennifer Hincapie, Mario Cruz, Irene Durante y Germán Fajardo
1 de abril, 2020
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El contexto en el que se ubica nuestro país y muchos otros en el mundo fomenta que en la obligada pausa reflexionemos sobre muchos temas. En las siguientes líneas trataremos de guiar una reflexión que parece relevante e incluso necesaria: ¿cuál es el papel de la ética de cara a la toma de decisiones que los profesionales de la salud, los pacientes y la sociedad en general hacen en el contexto de una pandemia?

En general, la toma de decisiones suele ser un asunto que presenta retos considerables en la cotidianidad de las personas. En el caso específico de los profesionales de la salud, estos cuentan con una variedad de herramientas que permiten valorar y clasificar, en la mayoría de los casos, las acciones que ejecutan como correctas o incorrectas. Esto basado en el profesionalismo que se ejerce bajo un marco jurídico y atendiendo al ámbito cultural concreto.

Adicionalmente, los profesionales de la salud se encuentran con una serie de relaciones complejas en su desarrollo. Por ejemplo, se enfrentan con la participación y las elecciones de los pacientes y sus familias, procurando así el mejor camino para el restablecimiento de la salud; ello con apego a los principios biomédicos y a la ética deontológica (del deber profesional).

En este sentido, el panorama actual dista mucho de presentar las condiciones adecuadas para la toma de decisiones éticas idóneas. Esto dado que el pasado 11 de marzo la enfermedad por virus SARS-CoV2 (COVID-19) fue declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como pandemia. Se reportan cifras oficiales de 693 mil 224 casos confirmados; aproximadamente 34 mil muertes y 203 países con casos. Dichos datos no se asemejan a ninguna enfermedad de la que hayamos sido testigos en la historia reciente de la humanidad.

Asimismo, estas cifras -por sí solas alarmantes- son parte de un entramado sumamente complejo que incluye temas como el acceso, distribución y uso de recursos económicos en el área de la salud. Como consecuencia de ello hemos visto de manera clara, entre otras cuestiones, la escasez tanto de recursos humanos como de insumos, sin dejar de mencionar las omisiones por parte de las autoridades competentes al actuar en cumplimiento con el marco jurídico al que deben ceñir su conducta para cumplir sus obligaciones en materia de protección a la salud.

Este es el panorama que debe enfrentar el personal de salud en la toma de decisiones. En este contexto, una de las teorías éticas que puede ofrecer apoyo y sustento en las decisiones a tomar sería el utilitarismo, que centra su análisis en la cantidad de beneficio que generan las acciones a llevar a cabo. Es decir, la mayor cantidad de beneficio para la mayor cantidad de personas.

Ahora bien, ante un escenario de emergencia sanitaria como el actual, se debe reconocer que los recursos médicos son limitados e insuficientes, al punto de que todo pareciera indicar que ninguna nación se ha preparado para atender una crisis de esta magnitud. Por esta razón es fundamental contar con protocolos de atención que posibiliten a los profesionales de la salud poseer las herramientas que les permitan priorizar los casos de atención y la distribución de los recursos, con el propósito de salvar el mayor número de vidas posible.

Exponer algo tan delicado en estos términos genera disyuntivas que afectan de manera directa los procedimientos y acciones de los profesionales de la salud, porque en ellos recaerá la responsabilidad final sobre si brindar atención centrada en el paciente (en sus derechos y sus elecciones) o brindar atención clínica de choque basada en la contingencia, que busca equilibrar una situación general de salud pública.

Elegir a quién se le brinda atención hospitalaria, a quién asignarle un lugar en las unidades de cuidados intensivos o a quién se le asigna un respirador, con plena conciencia de las implicaciones que ello tiene en la salud de las personas, definitivamente no debería ser labor del profesional de la salud. El hecho de que de facto sea éste quien deba tomar tales decisiones, con las implicaciones morales y éticas que le representen, no significa que deba ser su tarea en este contexto. El médico se prepara para salvar vidas, todas las vidas.

Así, los ejemplos referidos y muchas otras decisiones conllevan una exigencia subyacente en materia de política pública. Resulta indispensable contar con protocolos de actuación que permitan, de manera expedita, asignar a cada paciente los niveles de cuidado correspondientes, tomando en consideración la disponibilidad de los recursos existentes y los mejores datos disponibles, tanto en México como a la luz de la experiencia de otros países que enfrentan esta pandemia.

Los referidos protocolos en situaciones como la presente resultan de gran utilidad, pues pueden reducir, en cierto grado, la carga emocional conocida como estrés moral, que va aparejada a las decisiones difíciles. Por ejemplo, a quién se le brinda tratamiento y a quién no, cómo redistribuir los recursos médicos, en virtud de qué factores se limitará la atención a pacientes crónicos o en etapa terminal para atender pacientes con mayores probabilidades de éxito terapéutico, y un largo etcétera.

En este sentido, la labor de los profesionales de la salud y de las personas que componen los equipos de atención hospitalaria es titánica, tienen en sus manos una responsabilidad enorme. Si bien estamos tentados a visualizarlos como superhéroes, no hay que perder de vista que son seres humanos con los conocimientos necesarios para salvar vidas y, en función de ello, están arriesgando la suya por salvar la nuestra.

Nuestros profesionales de la salud, particularmente aquellos que están al frente de esta crisis desde la práctica clínica, tienen esa doble faceta que hemos de reconocer. La primera es digna de un reconocimiento especial, pues han dispuesto muchos años de su vida en fortalecer sus conocimientos, experiencia y sensibilidad humana para dedicarse a la honorable labor de cuidar y mejorar la salud de las personas. Pero es importante no olvidar la otra faceta, igualmente merecedora de nuestro aprecio. Esa faceta tan humana como la de todos nosotros, con familias que esperan en casa; con la angustia de contagiarse y de contagiar a sus seres queridos; con la preocupación por la casi inminente crisis económica.

Por ello, en la medida en que nos sea posible, hemos de ser recíprocos con la gran labor que los profesionales de la salud están realizando: escuchémoslos, actuemos en consecuencia, hagamos eco y resonancia de sus indicaciones ante esta pandemia. La invitación es a que, como integrantes de la sociedad, asumamos la parte de responsabilidad que nos corresponde y apoyemos a nuestros profesionales de la salud, por lo pronto, atendiendo a las recomendaciones sanitarias que nos han venido formulando.

No olvidemos que son ellos quienes afrontarán las mayores dificultades al poner su profesión por encima incluso de sus familias, creencias, afectos personales y su propia salud; son ellos quienes tendrán que lidiar de primera mano con los dilemas morales constantes que surgen ante una crisis sanitaria como la que enfrentamos con el COVID-19. Lo ético, desde nuestra trinchera, sería poner de nuestra parte.

* Jennifer Hincapie Sanchez es doctora en Filosofía, coordinadora del Programa Institucional Ética y Bioética de la Facultad de Medicina, y responsable del Campo de Conocimiento de Bioética del Programa de Maestría y Doctorado en Ciencias Médicas, Odontológicas y de la Salud. Magister y licenciada en Filosofía por la Universidad del Valle de Cali, Colombia. Mario Cruz Montoya es médico cirujano y maestro en Dirección de Centros Educativos por la Universidad Anáhuac. Es miembro del Comité de Carrera de la Licenciatura de Médico Cirujano, del Programa Institucional de Ética y Bioética, y responsable de procesos académico-administrativos en la Secretaría de Planeación y Desarrollo Institucional. Irene Durante Montiel es médica cirujana, especialista en docencia. Es Fellow de la Fundación para el Avance de la Investigación y Educación Médicas de Filadelfia. Es miembro fundador del Consejo Mexicano para la Acreditación de la Educación Médica y su representante ante la Comisión Nacional para la Acreditación de Médicos Graduados en el Extranjero del Departamento de Educación de Estados Unidos. Actualmente se desempeña como Secretaria General de la Facultad de Medicina y Presidenta del Consejo Mexicano para la Acreditación de la Educación Médica. Germán Fajardo Dolci es médico cirujano, especialista en Otorrinolaringología y maestro en Alta Dirección con mención honorífica. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel I. Ha fungido como investigador en ciencias médicas por la Comisión Coordinadora de los Institutos Nacionales de Salud, así como investigador en el IMSS. Es presidente de la Asociación Latinoamericana de Facultades y Escuelas de Medicina desde 2017.

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