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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
El fin del sida en México
Es un fallo relevante el hecho de que el número de muertes provocadas por infecciones asociadas al SIDA no ha descendido sustancialmente en los años recientes, pese al sorprendente desarrollo de medicamentos antirretrovirales en la dos últimas décadas y al incremento en el acceso al tratamiento.
Por PUB UNAM
2 de noviembre, 2016
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Por: Miguel García Murcia

Y ¿de verdad podremos acabar con la epidemia del sida en un futuro próximo? La pregunta no pone en duda la legitimidad del deseo y tampoco resulta novedosa; después de todo, se trata de la misma que muchas personas se han planteado desde hace años y que ha tenido como resultado una densa producción de planes gubernamentales, institucionales, políticas públicas, acciones individuales y colectivas, declaraciones políticas, y un largo etcétera. Pero, puede ser útil traerla al escenario como punto de aproximación para evaluar la pertinencia de las acciones que han alimentado y sustentan lo que se conoce como la respuesta al VIH/sida.

Como en 2001, 2006 y 2011, en junio de este año se llevó a cabo en Nueva York la Reunión de Alto Nivel sobre el Sida de las Naciones Unidas, y como en las ocasiones anteriores, ésta tuvo como resultado una Declaración política sobre el VIH/sida que expresa las preocupaciones de los representantes de numerosos gobiernos, académicos, organizaciones sociales y organismos internacionales. En ella se reconoce la gravedad de la epidemia en el mundo y los avances para contenerla. No obstante, la declaración también incluye una larga serie de compromisos con los que, se asume, se generarán las condiciones para terminar con la epidemia en el no muy lejano año 2030.

Durante la reunión, incluso algunos días antes, fue posible conocer opiniones acerca de que en ella se decidiría el futuro de la epidemia, lo que en cierto modo es acertado, pero siempre conviene –y en este caso concreto con más ahínco- dosificar el optimismo para asegurar firmeza en los pasos. No se trata de negar la importancia de la reunión, ni la complejidad que supuso redactar la declaración, sino, en todo caso, reflexionar sobre la posibilidad de que sus compromisos se concreten, considerando determinados factores que pueden matizar la perspectiva sobre la epidemia en México.

El primer aspecto relevante es el hecho de que, a pesar de que la percepción sobre el sida parece diluir su carácter de emergencia en la medida que se refuerza la idea de que la infección por VIH es sólo un padecimiento crónico, la situación continúa siendo un problema de salud pública cuya relevancia no puede soslayarse. El más reciente reporte sobre el estado de la epidemia en México indica que entre 2010 y 2015 el número de personas fallecidas por complicaciones asociadas al sida se mantiene en cerca de 5 mil cada año y que si bien el número de diagnósticos durante el mismo periodo presenta una reducción gradual, éste se mantiene por encima de los 5 mil anualmente. Y aunque en el mismo reporte no se precisa el número anual de nuevas infecciones por VIH (una cosa es la cantidad de personas que son diagnosticadas y otra la cantidad de personas que adquieren la infección), lo que dificulta la evaluación de los avances en la prevención, sí puede interpretarse como un fallo relevante el hecho de que el número de muertes no ha descendido sustancialmente en los años recientes, pese al sorprendente desarrollo de medicamentos antirretrovirales en la dos últimas décadas y al incremento en el acceso al tratamiento, que en México está garantizado sin costo para todas las personas que lo requieran.

Preguntar sobre la viabilidad de terminar con la epidemia en 2030 implica inquirir sobre las acciones que tendrán que realizarse, reconocer que deben ser urgentes y efectivas y, especialmente, reflexionar sobre los actores que deben ejecutarlas. Quizás todo simultáneamente y de modo sistemático.

Debe señalarse que la fecha y el objetivo no implica que después de 2030 no vaya a haber más infecciones por VIH, sin duda éstas seguirán presentándose. Pero sí que las estrategias de prevención debieran conducirnos a su reducción, y que las condiciones de diagnóstico, atención y tratamiento tendrán que implicar que las personas con VIH no desarrollen sida, que es una fase avanzada de la infección y puede conducir a la muerte.

En tal sentido, un segundo aspecto que debe considerarse para la erradicación del sida en la tercera década de este siglo es la necesidad de cumplir las metas establecidas mediante la estrategia denominada 90-90-90, impulsada por ONUSIDA y cuyo plazo es 2020. México se ha comprometido a lograrlas y esto quiere decir que para esa fecha el 90 % de las todas las personas con VIH en el país debe haber sido diagnosticada, y que del total de personas diagnosticadas, el 90 % debe estar recibiendo tratamiento con medicamentos antirretrovirales y, finalmente, también implica que en el 90 % de los casos de personas que reciben medicamentos, el tratamiento sea tan efectivo que prácticamente no puedan detectarse copias del virus en su sangre –condición conocida como carga viral indetectable, lo cual no significa una cura–. El problema es que el 2020 sólo está a poco más de tres años de distancia y no parece que se haya avanzado lo suficiente.

Del total de las 190 mil personas con VIH en el país, según estimaciones presentadas en julio de 2015 por el Centro Nacional para la Prevención y el Control del Sida en México (Censida) y ONUSIDA, en marzo de 2016 sólo 127,823 (67 % del estimado) habían sido diagnosticadas, y 75,785 recibían tratamiento antirretroviral por parte de la Secretaria de Salud. En este punto debe señalarse un desafío relevante para lograr las metas propuestas: además de la cantidad de diagnósticos que debe realizarse en los próximos años (14,000 cada año y que se dificulta porque no es sencillo encontrar a las personas y convencerlas de que se realicen la prueba de detección), parece complicado conocer el número preciso de personas que están bajo tratamiento, ya que la cifra antes mencionada solo se refiere a quienes reciben servicios de salud bajo el esquema del Seguro Popular y no contempla a las personas con VIH afiliadas al IMSS y al ISSSTE. No será posible medir el avance si no se cuenta, de modo concentrado, con los datos sobre la epidemia. ¿Cómo hará la Secretaría de Salud para resolver esta carencia?

Por otra parte, la ejecución de la estrategia 90-90-90 requiere el cumplimiento de uno de los compromisos de la Declaración de Nueva York: incrementar la inversión para el VIH/sida. No sólo para la prevención, diagnóstico y tratamiento antirretroviral, también para ampliar la cobertura de los servicios de salud a las personas con VIH. Esto último es fundamental porque en México el Seguro Popular no cubre gastos por infecciones oportunistas, ni hospitalización en los casos requeridos, ambos, factores fundamentales para comprender la persistencia de la alta tasa de fallecimientos asociados al VIH/sida. La pregunta es ¿cómo se incrementará la inversión, si durante 2016 el recorte presupuestal en salud ha sido de 15 mil millones de pesos y para 2017 se prevé una reducción del 7.8 % en el mismo rubro? Tal vez la Cámara de Diputados debiera estar trabajando para asegurar el presupuesto necesario para la salud, pero el sida no parece ser una prioridad para los diputados federales. Ejemplo de lo anterior es el hecho de que en el X Foro Legislativo sobre VIH, realizado el 27 de abril pasado, de legislativo sólo tuvo el nombre porque el único legislador que acudió fue Jesús Zambrano, quien pronunció un breve discurso y se retiró. Desde luego, ratificó el compromiso de la actual legislatura para hacer lo necesario para contar con los recursos necesarios para atender la epidemia, quizás sea el momento para que el discurso político se traduzca en acciones concretas.

La lista de factores que deben considerarse para la erradicación de la epidemia puede extenderse más: la falta de transparencia sobre los presupuestos y acciones realizadas por los gobiernos estatales, el desinterés de instituciones académicas para impulsar investigaciones que lleven a entender por qué las personas se siguen infectando con el VIH, por ejemplo, o la necesidad de asegurar la eficiencia en el gasto federal. El problema es que el optimismo sobre las declaraciones políticas parece haber apaciguado la necesidad de contemplarlos con detalle y preguntar cómo se atenderán. Entretanto, conviene no olvidar que 5 mil fallecimientos anuales sigue siendo la distancia que nos aleja de la meta, no cuestionada, de acabar con la epidemia de VIH/sida en nuestro país.

 

* Miguel García Murcia forma parte de Salud, Derechos y Justicia, A.C.

 

@bioeticaunam

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

El tratamiento basado en medicamentos antirretrovirales, cuando se prescribe y se sigue adecuadamente, permite limitar la replicación del VIH en el organismo y facilita la recuperación de sistema inmunológico de las personas que viven con el virus, lo cual evita el avance de la infección a una etapa de sida o, en caso de que la persona haya iniciado el tratamiento estando en etapa de sida, lo revierta.

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