Freya la morsa y su asesinato injustificable
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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Freya la morsa y su asesinato injustificable
Quitarle la vida a un animal sociable como a la morsa Freya, en vez de controlar la irresponsabilidad y acoso del público con un programa de manejo de riesgo, no tiene ninguna justificación.
Por Yolanda Alaniz Pasini
5 de octubre, 2022
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Después de viajar sin percances ni agresiones desde su hábitat natural en el Ártico, por costas del Reino Unido, Suecia y Dinamarca, donde causó sensación, la morsa Freya fue a parar a las aguas de Noruega. Allí, a menos de un mes de haber llegado a los fiordos de Oslo, mostrar sociabilidad y curiosidad con los humanos y convertirse en una celebridad, fue ejecutada a tiros por orden del departamento de pesca la noche del 13 de agosto, cuando estaba sola y sin público. La razón que dio el gobierno fue que los humanos se le acercaban de forma irresponsable y podían salir lastimados.

Resalta la polarización humana ante la presencia en costa de un ser del mar; enorme, solitario y sociable. Frente a la fascinación irresponsable y abusiva del público, los científicos difieren sobre su manejo. La doctora Wickson, de la Universidad del Ártico de Noruega, advirtió que el riesgo era más potencial que demostrable, y el doctor Jeff W. Hidgon, experto en morsas, aseveró que era el comportamiento humano lo que incrementaba el riesgo de un accidente; en cambio, el científico del Instituto de Groenlandia de Recursos Naturales Erik Born advirtió que las morsas eran impredecibles y que el peligro era evidente. El gobierno tomó la vía corta y económica, en lugar de intentar manejar el riesgo. El primer ministro declaró que “eutanasiar” a la morsa fue la decisión correcta.

Inevitablemente viene a nuestra mente el caso de Keiko, la orca que protagonizó la película Liberen a Willy. En 2002, luego de seis semanas de ser liberada del corral marino en aguas de Islandia, Keiko —animal solitario inducido por causas antropogénicas— se dirigió también a las costas de Noruega, donde fue reconocido por los lugareños. Igual que con Freya, las familias se aglutinaban en el lugar donde estaba “Willy”, metiéndose a nadar con él e incluso montándolo. El científico Nils Oien sugirió matar a Keiko. La reacción internacional no se dejó esperar; la fama y el carisma de Keiko superaron cualquier intención de hacerle daño.

Freya no tuvo tiempo de ser protegida y respetada. No se mostró el mínimo de voluntad. Este episodio, que llama la atención internacional por su brutalidad, nos recuerda que este tipo de encuentros de mamíferos marinos solitarios con humanos suceden, y cada vez se documentan más, por lo que se debe aprender a manejarlos adecuadamente.

A veces un individuo de una especie gregaria, como las morsas o los delfines, se separa del grupo y migra, y después se lo avista nadando cerca de la costa y de embarcaciones o incluso, como en este caso, subiéndose a la costa (donde morsas y lobos marinos suelen descansar), y da muestras de sociabilidad con los humanos locales. A estos especímenes se los conoce como “solitarios y sociables”. Los más estudiados, por ser los más frecuentes, son los delfines y algunas ballenas odontocetas. Los registros de estos animales nos pueden ayudar a entender este fenómeno que parece ir creciendo.

Existen descripciones de cetáceos solitarios y sociables desde hace más de 25 años, y al parecer los avistamientos y registros van en aumento. Lo que se sabe hoy en día es que un individuo puede separarse de su manada por diferentes causas: ser segregado de su grupo, extraviarse o elegir irse por cuestiones de alimentación, socialización, para buscar pareja, para descansar o incluso por explorar. La separación puede ser temporal o permanente, y las criaturas en cuestión se pueden reintegrar a su vieja manada o integrarse a otra, formando nuevas relaciones y asociaciones. Pero también puede elegir socializar con humanos y acercarse a ellos.

Estos individuos se acercan de forma regular a los humanos y realizan interacciones que van desde la simple aproximación hasta contactos físicos. Se reconocen varias etapas en este proceso: generalmente inicia con la exploración del nuevo hábitat, que puede ser identificado como área de alimentación o de descanso, sin acercamiento a los humanos; conforme aumenta la habituación, se muestra curioso hacia las personas; luego crece su familiaridad con ellas y puede iniciar/aceptar una interacción voluntaria, que puede incluir contacto físico. Después el animal se vuelve una celebridad debido a los medios y lo convierten en una atracción turística local. Esta etapa es la más peligrosa, porque surgen comportamientos humanos inapropiados y excesivos sobre la criatura que pueden provocar una respuesta agresiva de su parte.

En esos momentos la habituación a los humanos implica un aumento progresivo de confianza del animal, el cual puede perder su cautela natural. Esto desgraciadamente convierte a los “solitarios sociables” en objetivos fáciles para conductas erráticas o perversas y para la perturbación de su repertorio conductual. Sabemos que incluso las interacciones humanas mejor intencionadas con los cetáceos van acompañadas de impactos y riesgos imprevisibles para ellos, algunos de los cuales pueden ser acumulativos, darse a largo plazo y resultar amenazantes para su vida y la de los humanos.

En estas situaciones, se deben implementar medidas y planes de manejo con un enfoque prominentemente precautorio. Los mamíferos marinos sociables no son animales domesticados. Dichas medidas deben incluir respetar distancias y no provocar los acercamientos deliberadamente; evitar entrar en contacto físico y/o alimentarlos; no invadir sus áreas de alimentación y de descanso por ningún motivo, excepto por cuestiones de salud evidentes del animal; no convertirlos en objetos de turismo irresponsable, sino de respeto a las especies y sus pautas naturales de comportamiento. Se debe enfatizar la experiencia de ver animales en libertad. Eventualmente, estas criaturas desaparecen cuando deciden emigrar a su hábitat original o integrarse a un grupo.

Quitarle la vida a un animal, como a la morsa Freya, por el solo hecho de ser sociable, en vez de controlar el verdadero problema —que era la irresponsabilidad y acoso del público— con un programa de manejo de riesgo (incluso existe la opción de realizar el traslado y relocalización del animal, sin dañarlo), no tiene ninguna justificación. Pero si todo eso es inmoral, tiene una agravante ética, que es utilizar la confianza de Freya y su soledad en su sitio de reposo nocturno para asesinarla. La traición humana es sencillamente imperdonable.

* Yolanda Alaniz Pasini es médica cirujana. Cursó las maestrías en Salud Pública y en Antropología Social, así como los posgrados en Bioética y en Desarrollo Sustentable. Fue profesora de las asignaturas de Epidemiología y Antropología Médica en la UNAM, y de Bioética y Ética Ambiental en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeñó como secretaria Técnica de las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados, y ha sido observadora y/o parte de la delegación mexicana ante la Comisión Ballenera Internacional y en CITES. Actualmente es consultora para Conservación de Mamíferos Marinos de México.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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