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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Hablemos de las lesiones que puede causar la vacunación
Los estudios que buscan probar la seguridad de las vacunas arrojan un índice de secuelas para un muy bajo porcentaje de la población, pero no podemos olvidar que en cuestiones de salud pública las minorías estadísticas son vidas que ya se han comenzado a vivir.
Por PUB UNAM
18 de julio, 2019
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Por: Pedro García Torres

Es más probable padecer una enfermedad que pudo evitarse por la aplicación de una vacuna que padecer alguna complicación derivada de la vacunación —como sucede con el sarampión o la rubeola—, pero esta comparación ya supone que se presenta un leve índice de éstas y que no son el único desarrollo biotecnológico exento de producir reacciones inesperadas. Si las vacunas fueran totalmente seguras ¿por qué existiría un programa para compensar lesiones causadas por vacunas en Estados Unidos u otros países?

Uno de los motivos por los que no se habla mucho sobre estas lesiones es el impacto mediático que podría tener el mal manejo de la información. El daño hecho por un artículo de 1998, que relacionaba una vacuna triple viral a casos de autismo, sigue haciendo eco a pesar de que la revista especializada que lo publicó, The Lancet, se retractó hace 9 años. Teniendo esto en cuenta, podemos reconocer que el tema de las vacunas presenta un problema a partir del miedo infundado y generalizado por información modificada o completamente manipulada, pero también presenta otro de perspectiva científica, o más específicamente de interpretación y exposición de datos.

En México se comenzó un programa de monitoreo en torno a la vacunación en 1995, con la creación del Centro Nacional de Farmacovigilancia (CNFV), y desde entonces los monitoreos de Eventos Supuestamente Atribuibles a la Vacunación y/o Inmunización (ESAVI), denominados así a partir del 2014, tienen como finalidad detectar e investigar las condiciones en las que estos se presentan, la creación de material para capacitación dedicado a su detección temprana y a la identificación de lotes de vacunas que pudieran estar relacionadas con las complicaciones. Llama la atención que estos monitoreos no sean muy conocidos.

La discreción recomendada en estos temas puede ser el motivo del silencio en torno a los ESAVI dentro de nuestro país, aunque hay algo más que nace en los niveles educativos de la investigación científica. Podemos notar que los estudios que buscan probar la seguridad de las vacunas arrojan un índice de secuelas para un muy bajo porcentaje de la población; tan bajo que posiblemente nunca conozcamos a un afectado en persona, pero también de manera que, sin la debida cautela, podría calificarse de ‘insignificante’, y no podemos olvidar que en cuestiones de salud pública las minorías estadísticas son vidas que ya se han comenzado a vivir. Aquí nos encontramos con algo a lo que específicamente podemos referirnos como Sesgo de Confirmación, también identificado por algunos investigadores como Sesgo de Optimismo; entendido así, el peculiar silencio que se hace de las ESAVI nada tiene que ver con planes maquiavélicos en contra de la población sino con investigaciones que privilegian cifras en detrimento de otras con el fin de sustentar resultados esperados. Entonces ¿qué cabe pensar del bajo índice de personas que realmente sufren afectaciones por las prácticas de inmunización?

Primero habría que entender que las vacunas no son tóxicas ni benignas a priori, sino que reaccionan de acuerdo al cuerpo en el que se administran, y que los casos mínimos de secuelas señalan problemas no de las vacunas sino de las condiciones suficientes para que estas funcionen como se espera. Si lo notamos, las reacciones leves por vacunas ya son algo que aceptamos sin mucho problema: esperamos que provoquen fiebre o ligeros enrojecimientos e hinchazón. Dichas reacciones son el ancho de las secuelas esperadas, pero ¿qué pasaría si alguno de nuestros cercanos llegara a pertenecer a aquel bajo porcentaje que presentara secuelas más graves luego de una vacuna contra la influenza o contra el VPH? Insisto: algunos consideramos absurda una amenaza con tan bajo índice de impacto, pero en una ciudad en la que diario que nacen alrededor de 6 mil nuevas vidas, más de dos millones al año, cabe preguntarse por el impacto dentro de tan alto índice de natalidad. Si oficialmente se reconoce la existencia de los ESAVI ¿por qué en México no existe un sistema de compensación por lesiones directamente relacionadas con la vacunación?

Así como sucede en los centros responsables de la farmacovigilancia en algunos países de la Unión Europea y en los Estados Unidos, los manuales del Consejo Nacional de Vacunación en México (CONAVA) ya cuentan con esquemas en los que se distinguen grados de lesiones (capítulo 14). La única diferencia es que nuestros esquemas de monitoreo no llegan a la compensación de las lesiones que, luego de los estudios necesarios, se concluya que estén directamente relacionadas con la vacunación.

Es muy conocido que la cantidad de demandas que recibe el IMSS no es menor, y en razón de ello la posibilidad de otorgar compensaciones podría alertar a muchos, pero eso sería sacar conclusiones apresuradas. Aumentar el flujo de información es una manera de prevenir caudales de quejas, además de que muchas personas agradeceríamos y atenderíamos mayores especificaciones que mejoraran las condiciones y redujeran los problemas en torno a la vacunación, pero actualmente la información que permite aminorar aún más la cantidad de eventos adversos es muy limitada, por no decir nula. El capítulo 5 del manual de vacunación de nuestro país contempla una serie de consideraciones que necesitan revisarse en cada individuo antes de aplicarle una vacuna, pero si tenemos en cuenta que la cantidad de personas por vacunar supera con creces la cantidad y la paciencia de los trabajadores de salud, podemos identificar problemas.

Mantener la discreción en torno a cierta información de carácter sensible, como lo es en los casos la de los ESAVI, podrá considerarse la mejor medida para mantener un nivel de control social, pero al mismo tiempo se vuelve perjudicial para la responsabilidad ciudadana, la humanización de los servicios de salud y la confianza en los servicios promovidos por nuestra nación. México no es el único país de Latinoamérica que no cuenta con programas de compensaciones y eso es algo que debe llamar nuestra atención, aunque no debe extrañarnos considerando que en los primeros años del CONAVA México era considerado un país ‘en vías de desarrollo’, como muchos otros de Latinoamérica. En apariencia, un sistema de compensación requiere de un gobierno económicamente más estable que el nuestro, pero lo que realmente se necesita es firmeza y disposición para realizarlo. Si ponemos atención a los modelos de compensación de otros países, no es el Estado mismo el que subsidia las compensaciones, sino que éste sólo funge como mediador a través de la aplicación de un impuesto a cada vacuna que se compra a los laboratorios encargados de manufacturar los inmunizantes. Esto no implica un cargo indebido de responsabilidades a las empresas farmacéuticas, sino que se presenta como un equilibrio en la relación productor-consumidor, en la medida en que existe un índice de afectación que ni siquiera los laboratorios productores pueden suprimir, pero que se necesita considerar para mantener la confianza en ellos.

Como puede verse, silenciar y despreocuparse de los eventos directamente relacionados con la vacunación no sólo cierra la posibilidad de un programa de compensación, sino que parece tender a un modo de gobierno en el que sus ciudadanos no estén interesados en sus derechos y en el que se busca mantener la confianza de los habitantes a costa de silencios y abandono de problemas analizables. Con todo esto, cabe pensar que agotar la atención en el problema de los llamados ‘grupos antivacunas’ llega a distraer de este otro tema que nos compete a todos.

* Pedro García Torres ha sido parte del seminario Bioética y Evolución de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM. Actualmente concluye la Licenciatura en Filosofía dentro de la misma dependencia y ha llevado a cabo su Servicio Social en el Programa Universitario de Bioética de la máxima casa de estudios.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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