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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Harambe, Manolo, Flaquita y la vida que importa más
¿Quién posee autoridad moral para jerarquizar la vida de diferentes especies y bajo qué criterio lo hace? y ¿por qué se dio prioridad al ser humano sobre el animal?
Por PUB UNAM
8 de junio, 2016
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Por: Lorena del Carmen Jiménez Naranjo

A propósito de los recientes acontecimientos ocurridos en dos zoológicos de América, uno en el Parquemet, parque Metropolitano de Santiago de Chile, y el otro en el zoológico de Cincinnati en Ohio, surge el dilema para tratar de determinar si se justifica o no matar a un animal silvestre para salvarle la vida a un ser humano, o bajo qué criterios se llega a esta decisión.

En el primero de los casos, de acuerdo con la página oficial del zoológico (Parquemet, 2016), ocurrió el pasado 23 de mayo cuando un joven burló todas las medidas de seguridad en torno al albergue de los leones para poder ingresar, y una vez dentro comenzó a hostigarlos para provocar un ataque. Según lo que se indica en la página, la primera intención del personal del zoológico fue alejar a los animales del intruso mediante diversos medios inocuos, como el uso de mangueras con agua a presión, técnica que lamentablemente no surtió el efecto esperado, pues aunque de momento lograron apartarlos, el hombre insistía en acosar a los leones, incluso aferrándose al macho con pies y manos, lo cual se puede ver claramente en el video que circula en redes sociales (Youtube, 2016), en donde además se observa el intento del macho por alejárselo, y al no lograrlo terminó por arrastrarlo hacia el dormitorio. Una vez adentro, los trabajadores del zoológico decidieron someter a los animales a contención química mediante el uso de dardos, de los cuales sólo con una hembra de nombre Gordita tuvieron éxito. Lamentablemente, no lograron apartar del individuo a los otros dos leones, llamados Manolo y Flaquita, por lo que decidieron matarlos.

En el segundo caso, en la página oficial del zoológico (Cincinnati Zoo and Botanical Garden, 2016), se emitió un comunicado en el que se indica que el pasado 28 de mayo, un niño de 4 años de edad cayó al foso de los gorilas, situación por la cual los trabajadores intentaron alejar a los tres ejemplares ahí albergados, logrando solo separar a las dos hembras presentes, pero no al macho de nombre Harambe, quien presuntamente se mantuvo en todo momento con el menor. En el video que circula en redes sociales se puede observar en dos ocasiones diferentes que el infante es arrastrado bruscamente por Harambe a través del cuerpo de agua del albergue (BBC Mundo, 2016). No obstante, de acuerdo con la versión oficial, el equipo de seguridad del zoológico decidió no poner en riesgo la vida del niño, por lo que le quitó la vida a Harambe.

Indudablemente ambos escenarios son muy lamentables, pues la vida de cualquier animal posee un valor intrínseco que no se debería vulnerar bajo ninguna circunstancia, por lo que decidir matar a alguno de estos individuos para salvarle la vida a un ser humano es una situación muy cuestionable, pues pareciera entonces que la vida del ser humano posee más valor que la de otros seres vivos. En este sentido, debemos preguntarnos ¿quién posee autoridad moral para jerarquizar la vida de diferentes especies y bajo qué criterio lo hace? y ¿por qué se dio prioridad al ser humano sobre el animal?

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Para abordar estos cuestionamientos, cabe mencionar el principio de proporcionalidad propuesto por Taylor (Taylor PW, Respect for Nature: A Theory of Environmental Ethics. 2nd edition, Princeton University Press, Princeton, USA. 1989), que se aplica cuando se encuentran en conflicto intereses o necesidades entre individuos y para lo cual se debe distinguir entre intereses o necesidades vitales o primarios (indispensables para la supervivencia, como la alimentación) y no vitales o secundarios (de los cuales no depende la vida, como el juego). Ante una situación de este tipo, Taylor propone que se debería dar preferencia a los intereses primarios sobre los secundarios.

Para el tema en comento, en ambas situaciones se puso en conflicto el interés primario por conservar la vida, tanto de los animales como del ser humano. En principio, lo justo fue agotar todas las posibilidades en aras de que ambos individuos conservaran su integridad y ante el intento fallido se decidió matar a los animales, lo cual desde el punto de vista ético, se considera injusto y especista por haberle dado prioridad al ser humano sobre los animales, siendo que ninguna vida posee más valor que otra.

No obstante, a pesar de parecer una fórmula demasiado sencilla la que propone Taylor, ponerlo en práctica implica un gran conflicto, pues para este tipo de casos se deben plantear todos los escenarios posibles ya que al tratarse de animales silvestres un segundo puede representar la diferencia entre la vida y la muerte, por tal motivo se debe decidir el procedimiento a seguir lo más pronto posible. Es importante resaltar que no se puede saber con certeza cómo responderán los otros en una situación inesperada (sean estos humanos o animales), lo que sin duda es un factor determinante a considerar, y el impacto de un dardo tranquilizante que al contacto con el animal le producirá dolor, se puede convertir de inmediato en un estímulo negativo con la posibilidad de desencadenar una conducta de huida o bien, una conducta agresiva dirigida a los seres humanos, situación que sería atroz considerando la fuerza y las capacidades para atacar que poseen este tipo de ejemplares.

Cualquier acto que involucre la muerte de un animal independientemente de la razón, constituye un crimen contra la vida, pero plantear la situación de forma inversa, considerando que se les hubiera dado prioridad a los leones y al gorila sobre el joven y el niño respectivamente, tampoco hubiera sido la mejor solución, pues se podría considerar como negligencia, situación muy cuestionable desde el punto de vista ético, siendo que los responsables de estas instituciones tienen la obligación de tomar las medidas necesarias para salvaguardar la integridad de los visitantes. Probablemente la decisión de priorizar al ser humano sobre los animales sea por las obligaciones que poseen estas instituciones hacia los visitantes y por solidaridad con la propia especie, sin embargo, no por ello se puede asumir que quienes hayan decidido tomar estas medidas, sean indiferentes ante el valor de intrínseco que poseen los animales bajo su cuidado.

Estas situaciones son lamentablemente irreversibles y nada le devolverá la vida a estos individuos, pero entonces merece cuestionarse si se debe exigir justicia para estos tres ejemplares que perdieron la vida y a quién se le deben fincar responsabilidades.

Para este análisis se debe considerar la propuesta de Regan (Regan T., The case for animal rights. University of California Press: Berkeley, L.A., 1983), quien categorizó como pacientes morales a aquellos individuos que poseen derechos, pero que no tienen obligaciones hacia otros individuos por no poseer la capacidad para valorar si sus actos son éticamente correctos (animales, niños o adultos con trastornos o discapacidad mental), y como agentes morales a aquellos que poseen derechos, pero también obligaciones hacia otros individuos, puesto que tienen la capacidad para analizar sus actos y responder por ellos (seres humanos adultos en pleno uso de sus facultades mentales). En este orden de ideas, los agentes morales deben responder por los actos de los pacientes morales.

En el caso del joven que ingresó al recinto de los leones, ya se declaró que el individuo en una presunta carta encontrada en la ropa que usaba, aseguraba contar con poderes divinos y ser un profeta, por lo que el psiquiatra del servicio médico legal indicó que corresponde a “un cuadro psicótico y un delirio místico mesiánico” (El liberal, 2016), condición que se caracteriza por pérdida del juicio de la realidad, por lo que se le puede considerar como un paciente moral al que no se le podría atribuir responsabilidad por esta acción y que incluso debería contar con un tutor que responda por él. En el caso del menor con el gorila, es considerado como paciente moral en su condición de infante, por lo que no se le pueden fincar responsabilidades, sin embargo, la mamá de este pequeño, quien decidió visitar un zoológico sin considerar las consecuencias de un descuido al estar en un sitio donde se alberga fauna silvestre, definitivamente se le debería responsabilizar por lo ocurrido.

Sería injusto que la muerte de estos tres ejemplares quedara impune, por lo que se les debería exigir a los representantes de ambos individuos alguna acción en concordancia con el principio de justicia restitutiva propuesta por el mismo Taylor (1989), mediante el cual plantea que los humanos que han violentado a la naturaleza, reparen o compensen lo que han dañado. Aunque cualquier acción en este sentido no podrá reparar el daño ocasionado, en el caso de Harambe, se debería exigir la persona que resulte responsable acepte su responsabilidad y participe en alguna campaña de concientización acerca de la importancia de respetar las medidas de seguridad presentes en los zoológicos, así como las graves consecuencias de no respetarlas. En caso de que pudiera existir una penalización económica, sería justo invertirlo en algún programa de bienestar o conservación para las especies que fueron afectadas.

Sin lugar a dudas ambas situaciones han generado una gran consternación, sin embargo, no podemos dejar de lado que además de la gran responsabilidad que estas instituciones tienen hacia los animales, también se tiene la responsabilidad ineludible de salvaguardar en todo momento la integridad física tanto de los trabajadores, como de los visitantes. En este sentido, lo que es irrefutable es el dilema ético al que se enfrentaron en ambos zoológicos, cuya decisión final seguramente estuvo motivada por razones que evidentemente solo ellos conocen a profundidad y que en ese momento resultaron trascendentales para conducirse de la forma en que lo hicieron, sin olvidar que se actuó por necesidad de las circunstancias. No obstante, no por esto deja de ser una situación injusta para los animales, que perdieron la vida por motivos ajenos a ellos, lo cual además se traduce en una gran pérdida y daño irreparable para ambas especies.

 

@bioeticaunam

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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