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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Identidad sin opresión
Hay que formar una nueva identidad nacional proponiendo narrativas que enfaticen que estamos todos en el mismo barco; que si bien no podemos cambiar o elegir nuestro pasado, sí podemos elegir un futuro en el que se fomente la cooperación y el diálogo, se respete y aproveche la diversidad.
Por Jorge Oseguera y Abraham Sapién
13 de octubre, 2021
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El mundo está cada vez más conectado; sin embargo, en contraposición, están surgiendo formas de nacionalismo que hacen guiño a los procesos peligrosos que tuvieron lugar en la primera mitad del siglo XX, los cuales desembocaron en eventos catastróficos para la diversidad y la multiculturalidad humanas, especialmente la Segunda Guerra Mundial, con sus devastadoras consecuencias. En el contexto actual, a 500 años de la caída de Tenochtitlán y con el debate suscitado por el cambio de la estatua de Colón en la Avenida Reforma, estamos frente al desafío moral de no repetir estas circunstancias.

Actualmente, las ciudadanías y gobernantes de distintos países sostienen posiciones que hacen énfasis en la protección de la identidad nacional, lo cual se manifiesta en posturas contra los procesos migratorios y la diversidad cultural. El resultado es la opresión de quienes son distintos y el antagonismo con otras naciones. Los sentimientos nacionalistas y nuestra naturaleza tribal son capitalizados por líderes políticos, generando cohesión entre sus simpatizantes para desarrollar un impulso, pero al mismo tiempo polarizando a la sociedad en general.

Al crear un discurso de unificación para una comunidad se manifiestan la función y los beneficios de tener una identidad nacional, pero también sus problemas. Por un lado, ésta fomenta un sentimiento de unidad, de pertenencia a un grupo, lo que lleva a una mayor cohesión y cooperación entre sus miembros. Pero, por otro, dicho sentimiento puede devenir en violencia y estigmatización contra quienes no forman parte de ese grupo, y también en polarización social. El reto entonces es desarrollar una identidad nacional que traiga los beneficios de la cooperación sin degenerar en opresión, antagonismo y violencia hacia lo diferente. Tomando esto en cuenta, podemos desarrollar una serie de criterios para evaluar las distintas maneras de identificar a una nación.

Por un lado, queremos obtener los beneficios, así que un criterio será qué tan efectiva es una manera de identificación determinada para generar cooperación. Aquí entran en juego las emociones, las cuales nos mueven a la acción. Cuando uno siente orgullo por formar parte de un conjunto de personas, empatiza más con los otros miembros. Por esta razón muchas veces se hace énfasis en lo glorioso del pasado común: en las épicas victorias bélicas, en las adversidades que se han enfrentado exitosamente, en la riqueza de la cultura o en los valores que los antepasados han mantenido y defendido.

Pero al mismo tiempo queremos evaluar qué tan bien se evitan los aspectos negativos: la diversidad es valiosa, pues incrementa la riqueza cultural y nos brinda nuevos puntos de vista para aproximarnos a los problemas, y así resolverlos más efectivamente. Por ejemplo: un artículo editorial de la revista Nature repasa la importancia de la diversidad (étnica, cultural, nacional y de género) en la producción científica, y concluye que mayor diversidad dentro de los grupos de investigación no sólo conduce a mayor justicia social, sino también a mayor rendimiento e impacto de los resultados. Por lo tanto, una buena identidad nacional debe minimizar la homogeneización y respetar, e incluso fomentar, la diversidad.

Otro problema surge cuando la manera como se establece la identidad nacional genera divisiones dentro de sus ciudadanos. Esto es muy común cuando la identidad se formula con base en rasgos étnicos o raciales. La identidad de la Alemania Nazi, por ejemplo, se construyó a partir del discurso de la “pureza de la raza aria”; quien no formara parte de ella era excluido, provocando divisiones entre los habitantes. Hay otros factores, como haber nacido en el territorio o defender ciertos valores, que también pueden dividir a la población. Éstas pueden llevar a la polarización, la cual se da en distintos grados, y desembocan en violencia y en la opresión de grupos minoritarios. Por ello, es crucial que la identidad nacional no resulte en divisiones internas.

Por último, dependiendo de cómo se construya la identidad nacional, es posible que se llegue a un antagonismo hacia el exterior, con otras naciones o pueblos. El orgullo que se fomenta con el fin de generar cooperación se puede volver problemático: llega a conducir a un sentimiento de superioridad sobre los que no comparten la misma nacionalidad, culminando en guerras y procesos imperialistas o coloniales.

En México se han hecho esfuerzos conscientes por delinear una identidad nacional. El proyecto de José Vasconcelos es una muestra llamativa de ello: crear instituciones de carácter nacional inspiradas en una clara propuesta de en qué consiste ser mexicano; ser de este país es ser mestizo, la mezcla de varias tradiciones ancestrales; sobre todo, ser resultado de la colisión entre la raza mesoamericana y el mundo europeo. Esto era un intento explícito de hallar una identidad nacional a partir de la cual poder reivindicarse económica e ideológicamente frente a las naciones europeas y a los Estados Unidos.

Hay múltiples muestras de cómo esta doctrina ha permeado en el país; las instituciones de educación son un ejemplo clave. Es de suma importancia, para generar identidad grupal, que los individuos tengan una noción común de quiénes son y de qué los une. Para llevar esto a cabo, en el México postrevolucionario se impulsaron dos instituciones de educación centrales: la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la Universidad Nacional Autónoma de México; el escudo de la segunda, con el cóndor y el águila que abrazan a Latinoamérica, fue inicialmente la insignia de la primera, promovida por el mismo Vasconcelos.

La idea vasconcelista también se mostró en el arte nacional: él mismo apoyó contundentemente la obra de Diego Rivera, a quien se le encomendaron los murales de la SEP. Algo particular fue que se planteó, como parte del movimiento muralista, una apuesta por un estilo propio, que ya no seguía el canon europeo: se trataba de una pintura mestiza, que hacía confluir el estilo y la formación que Rivera tuvo en Europa con un nuevo contenido, en donde el pueblo y los indígenas eran los personajes principales de la obra.

Este proyecto de identidad mexicana buscó en el pasado común un discurso para unificar a la nación, lo que fue útil en muchos sentidos. Sin embargo, esta manera de generar identidad puede ser catalogada como identidad retrospectiva, la cual busca lo común en la Historia, ya sea la etnia, la raza, la tierra o la cultura. Su gran problema es que corre el riesgo de dejar de lado la riqueza de la multiplicidad. Al mirar hacia atrás nos limitamos también a lo que ya fue, cerrando la puerta a lo que puede ser.

¿Cómo es posible unir sin dejar de lado la valiosa diversidad? Creemos que una apuesta para alcanzar tal objetivo es generar formas de identidad prospectiva. Aquello que nos une es el futuro común y los valores que adoptemos para construirlo. El futuro es de todos y juntos lo podemos construir de manera que todos estemos mejor. Esta idea se puede encontrar también en Vasconcelos: la “raza cósmica” no sólo se basa en el pasado, sino en algo a lo que aspira: la suma de todas las razas unificadas. Sin embargo, la noción de raza ha resultado terriblemente controversial. No es cuestión de apelar a la raza, sino a valores comunes que fomenten la cooperación.

Creemos que hay que formar una nueva identidad nacional proponiendo narrativas que enfaticen que estamos todos en el mismo barco; que si bien no podemos cambiar o elegir nuestro pasado, sí podemos elegir un futuro en el que se fomente la cooperación y el diálogo, se respete y aproveche la diversidad. Dados los colapsos globales que tendremos que enfrentar, como las catástrofes ambientales y las pandemias, es importante enfatizar que estamos en la misma nave y nos dirigimos al mismo destino. Tenemos que pensar en el futuro que nos une. El iceberg es tan grande que no importa en qué clase viajemos, estamos en el mismo Titanic. Pensar en identidad sin opresión.

* Jorge Oseguera Gamba es candidato a doctor en Filosofía por la Universidad Estatal de Florida y cuenta con un diplomado en Bioética por la UNAM. Su investigación se centra en teorías del bienestar en Filosofía, Economía y Psicología, y en sus implicaciones en la Ética y en la Filosofía Política. Actualmente realiza investigaciones sobre la relación entre personalidad y orientación política con un grupo del Instituto de Filosofía y Ciencias de la Complejidad en Santiago de Chile. Abraham Sapién es doctor en Filosofía por la Sorbona de París y por la Universidad de Glasgow. Actualmente es investigador posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. Es organizador del seminario Afectividad y Cultura y colabora con el Seminario Universitario de Afectividad y Emociones. Se centra en el estudio interdisciplinario del dolor y del sufrimiento.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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