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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Juegos olímpicos y diversidades sexuales
A diferencia de juegos olímpicos anteriores en los que veíamos cómo los temas de frontera se centraban en la inclusión o no discriminación de atletas por su raza o nacionalidad, en Río vimos cómo surgen nuevos retos a resolver, entre los que se encuentran también los de género y las diversidades sexuales.
Por PUB UNAM
24 de agosto, 2016
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Por: Fabiola Villela

Los juegos olímpicos de Río finalizaron el domingo pasado. Como cada cuatro años, éstos han dejado una gran cantidad de historias, tanto en el ámbito meramente deportivo (como récords mundiales y olímpicos superados) como en el humano. Pero a diferencia de las ocasiones anteriores en las que veíamos cómo los temas de frontera se centraban en la inclusión o no discriminación de atletas por su raza o nacionalidad, esta ocasión vemos cómo surgen nuevos retos a resolver, entre los que se encuentran también los de género y las diversidades sexuales.

Esta ocasión se cuestionó en la ceremonia de clausura que se premie únicamente a los ganadores del maratón varonil; por primera vez pudimos ver cómo una atleta australiana le propuso matrimonio a su pareja brasileña, por primera una mujer cuestionada en su identidad sexual ganó el oro en los 800 metros. Este último hecho ha dado mucho de qué hablar, tanto en el ámbito del deporte como en el social y legal, respecto a permitir o no que mujeres con hiperandrogenismo compitan en la categoría femenil.

Esta situación se presentó por primera ocasión en 2009, cuando la atleta sudafricana Caster Semenya, con 18 años en ese momento, ganó en el mundial de Atletismo de Berlín la prueba de 800 metros, con un récord de 1 minuto 55.45 segundos, aventajando a sus competidoras por más de 5 m. Tanto los resultados como su apariencia produjeron un cuestionamiento público de su identidad sexual. Así, Semenya fue el blanco de una humillación que no tenía precedentes: ser sometida a un examen en busca del “sexo verdadero” que duró meses. De acuerdo con un reportaje de 2009 de BBC Mundo, las pruebas estuvieron a cargo de un equipo de ocho médicos formado por endocrinólogos, ginecólogos, un experto en género y un psicólogo.

De acuerdo con JM Pinochet, después de 11 meses, en los que no se le permitió competir, la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés) determinó que la alta producción de testosterona que naturalmente produce Semenya, le ofrece una ventaja sobre el resto de sus competidoras, por lo que, si quería seguir compitiendo, debía someterse a un tratamiento que “equilibrara” las condiciones, esto es, reducir sus niveles por debajo de los producidos de manera natural por los hombres. Y así lo hizo.

Su caso fue el primero de este tipo, pero claramente no es el último. En 2010 Dutee Chand, atleta india de 19 años en aquel entonces, enfrentó el mismo problema. A diferencia de Semenya, Chand apeló la resolución al Tribunal de Arbitraje Deportivo y, en lo que podemos considerar una resolución histórica, ganó la apelación en la que se manifiesta como inapropiado realizar pruebas de verificación de sexo, de genitales externos y pruebas cromosómicas. Chand ganó la batalla legal, no sólo para ella sino para otras atletas con hiperandrogenismo.

En palabras de John Branch estos casos permiten preguntarnos dónde establecer los límites entre competencias varoniles y femeniles. Sobre todo cuando lo que está en juego es la competencia justa entre los atletas. Como escribiera Julia Zapata hace algunos años, es cierto que la IAAF debe asegurar que las competencias sean justas, pero hacerlo por medio de una investigación pública, a costa de la humillación de mujeres jóvenes, en aras del deporte, es sumamente cuestionable.

Hasta aquí hay varios puntos que podemos analizar que confluyen en esta situación:

1. Cuestionar si la producción natural de testosterona que producen estas mujeres les otorga una ventaja similar a la que le proporcionan los brazos tan largos a Michael Phelps, las zancadas de Usain Bolt o cualquier otro rasgo igualmente “natural” que tienen otros atletas a quienes no se les ha cuestionado ni limitado dichas ventajas.

2. Si, en efecto, la condición intersexual con alta producción de testosterona les otorga una ventaja injusta frente a sus competidoras, quienes, sin importar su esfuerzo, perderán contra ellas y con esto sea el “fin de la competencia”.

3. Si, en la búsqueda de este “dopaje” natural relacionado con los niveles altos de testosterona, se producen o mantienen conductas discriminatorias, como las que menciona Dutee Chand cuando, poco después de darse a conocer sus niveles de testosterona, sus compañeras comenzaron a separarla del grupo.

4. Las definiciones actualizadas de sexo (no de género), definido por cromosomas, gónadas, hormonas, genitales, que no aparecen de forma “típica”.

Estos puntos ponen de manifiesto la dilemática que surge de buscar mantener en el ámbito deportivo estándares que permitan garantizar la justa competencia entre los atletas por medio de la búsqueda de nuevos tipos de dopajes, y por otro el cómo estos estándares o medidas afectan de forma individual a los atletas. Siendo éste el caso, podemos cuestionarnos qué hacer para mediar entre ambos.

Cómo lograr su inclusión sin discriminación y en condiciones justas para todos, al tiempo que tampoco se restablezca la imposición del tratamiento hormonal.

Lo cierto es que lo que vimos el pasado 20 de agosto en la final de 800 m, pone de manifiesto la otra cara de la moneda, esto es, en palabras de la atleta Lynsey Sharp en la nota de Christie Blatchford, dos carreras distintas, una en la que compitieron Francine Niyonsaba de Burundi (medalla de bronce), Margaret Nyairera Wambui de Kenya (medalla de plata), y Caster Semenya de Sudáfrica (medalla de oro), y otra en la que compitieron las demás.

 

@bioeticaunam

 

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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