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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
La crisis de los antibióticos
La crisis de los antibióticos amenaza con llevarnos a una era semejante a la época en que no contábamos con estos valiosísimos aliados.
Por PUB UNAM
28 de septiembre, 2016
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Por: Germán Novoa Heckel

 

Un informe de 2014 encargado por Gran Bretaña pronosticó que para 2050 la resistencia a los antibióticos derivará en la muerte de más personas cada año que el cáncer y costará al mundo hasta 100 billones de dólares en pérdidas del producto interno bruto. El Banco Mundial calcula que las infecciones resistentes a fármacos tienen el potencial de ocasionar al menos tanto daño económico como la crisis financiera de 2008”.(OMS)

Los líderes mundiales aprobaron el pasado 21 de septiembre una declaración de aspecto amplio enfocada en atender el problema del creciente número de infecciones resistentes a los antibióticos, algo que la OMS dice que tiene el potencial de matar a millones de personas y de socavar la economía global, y que ha comparado con “un tsunami en cámara lenta”.

Los líderes mundiales se comprometen en la ONU a abordar la resistencia a los antimicrobianos tras centrar su atención en cómo detener la propagación de las infecciones resistentes a los medicamentos antimicrobianos.

 

Es un hecho ya reconocido mundialmente que la crisis de los antibióticos, a partir de la resistencia antimicrobiana que ha surgido debido al uso indiscriminado y deficiente de los mismos, amenaza con llevarnos a una era semejante a la época en que no contábamos con estos valiosísimos aliados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado que esta crisis es una de las tres prioridades más importantes que la ocupa dentro de su agenda de la búsqueda de una mejor salud para todos los que habitamos este planeta. Pero ¿cómo hemos llegado a esta crisis tan deplorable?

El hecho de que los pacientes utilicen los antibióticos de forma indiscriminada es una de las causas. No es difícil encontrar entre los parientes y amigos a aquellos que con cada resfriado que padecen, se abocan a conseguir antibióticos para el tratamiento de este mal, como si el padecimiento, otrora inofensivo y autolimitado fuese susceptible de ser tratado con este medio.

Los antibióticos no resuelven las gripas y resfriados comunes, ni tampoco las influenzas, padecimientos que pueden diferenciarse de una infección bacteriana (que sí es susceptible de ser tratada con los mismos) por medio de tres distintivos fundamentales: los virus ocasionan una fiebre más leve que los microbios, la cual más parece una febrícula en el caso de los virus (37.5-38 °C), y más una fiebre franca en el caso de las bacterias (39-40°C). En segundo lugar, las secreciones nasales son de tipo hialino (transparente y acuoso) a levemente amarillento, en el caso de los virus, en oposición a las secreciones verdosas de la infección bacteriana. En tercer lugar, las infecciones virales son autolimitadas y se resuelven por sí solas en algunos pocos días (3-5), mientras las infecciones bacterianas comprometen al organismo durante muchos días más.

Se ha argumentado que en pacientes de alto riesgo, como ancianos, debilitados e inmunocomprometidos (aquellos que tienen su sistema inmune -de defensa- comprometido por haber sido objeto de un trasplante, por ejemplo, en donde se administran medicamentos para anular las defensas del organismo, que de otra manera rechazarían el órgano trasplantado), constituirían las únicas excepciones para la administración de un antibiótico como una medida precautoria y de prevención de complicaciones. Efectivamente, solamente ellos, pero nadie más. Sin embargo, muchas personas recurren en automático a este recurso valioso, con lo cual se pone en riesgo su efectividad a futuro: el empleo abusivo y equivocado, debido, entre otros, a que los cursos de tratamiento se realizan a las dosis y con las frecuencias equivocadas, en donde adicionalmente se suspende el tratamiento antes de tiempo (por desconocimiento o por falta de recursos para adquirir la cantidad suficiente), con lo cual se crean las cepas resistentes que por mutación, al sobrevivir al tratamiento inconcluso, propagan superbacterias que no responden a los tratamientos habituales.

El problema se ha intensificado entonces a causa del desconocimiento y el abuso de las personas para con este recurso valioso, frecuentemente en los países en desarrollo, en donde la infraestructura de salud es más deficiente, aunado a la deficiente capacidad económica que con frecuencia no permite que los pacientes terminen los cursos de tratamiento (aun cuando el antibiótico esté indicado y justificado) y las bacterias resistentes se reproducen y propagan entonces con mucha facilidad.

Nuevos antibióticos podrían salvar la situación. Sin embargo en las últimas décadas la industria farmacéutica no ha tenido el incentivo para innovar, puesto que consumidores de países con bajo poder adquisitivo no garantizan el éxito económico inmediato que requieren. Esto deja expuesta a una parte importante de la población mundial ante el flagelo de la infección y revela la paradoja del 10/90: un fenómeno a partir del cual el 10 % de los recursos para investigación médica se emplean en buscar solución al 90 % de la carga mundial de enfermedad. Los recursos se destinan entonces mayormente a los problemas más lucrativos que aquejan a los países más ricos, como los cardiovasculares. Con ello, la oportunidad de resolver las dificultades de los países más pobres queda en entredicho.

Podrían desarrollarse otras estrategias. Una de ellas es la inmunización a partir de vacunas cuyo desarrollo es difícil y por lo tanto costoso. Pero si no se invierte en ellas, la crisis de los antibióticos podría llegar a amenazar a los países más desarrollados a partir de la exportación de estas resistentes bacterias a los sectores mayormente protegidos y privilegiados.

Ahí tenemos el ejemplo de la tuberculosis, enfermedad que ya se había controlado a nivel mundial y que resurgió por una multiresistencia a los medicamentos. En contraste se encuentra la crisis del VIH, que en aproximadamente dos décadas se transformó de una enfermedad mortal por necesidad, en una que puede ser tratada y cuya amenaza se ha reducido sustancialmente. El esfuerzo intenso y coordinado de los países más desarrollados que hizo posible este desarrollo colectivo fue gracias al hecho de que la epidemia nos afectó a todos por igual, países desarrollados y no desarrollados. De haberse confinado esta enfermedad contagiosa a los países menos desarrollados, todavía se estaría esperando probablemente una solución. Algo parecido sucede con el problema del Zika, que al haber incidido en los países de mayores recursos, es objeto actualmente de intensos estudios dentro de los cuales están ya en puerta y en preparación varias vacunas experimentales (al menos dos que yo sepa: una canadiense y otra norteamericana). Muestra de que es posible una respuesta rápida y eficiente, que el mundo desarrollado se permite dar cuando así se requiere.

Por ello se está luchando desde ya hace varios años para que los países con mayores recursos participen en el desarrollo de tratamientos efectivos que resuelvan y palíen enfermedades para las cuales no se ha encontrado una solución: malaria, fiebre amarilla, enfermedad del Nilo, dengue y chagas, por nombrar solo algunas de las enfermedades transmisibles que han quedado confinadas a los países con menores recursos que no pueden financiar la búsqueda de más y mejores recursos terapéuticos. La creciente globalización ha puesto al descubierto esta deficiencia fundamental de los sistemas de salud internacionales, de uno y otro lado aunque de forma diferente, y esperamos que ahora sí se pueda contribuir con los más necesitados no sólo en defensa propia por parte de los más pudientes, sino como respuesta humanitaria y solidaria para con nuestra especie, para bien de nuestro planeta como un todo.

 

@bioeticaunam

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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