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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
La diversidad no destruye a la familia
El reconocimiento del matrimonio igualitario no “destruye a la familia”, sino que legitima a toda la diversidad de las familias que existen, incluida la tradicional, para quien la prefiera.
Por PUB UNAM
14 de septiembre, 2016
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Por: Beatriz Vanda, Fabiola Villela y Adriana Segovia

Negarle el derecho a cualquier persona al matrimonio y conformar una familia es un acto discriminatorio, y por tanto, inconstitucional.

Esto quedó estipulado en el transcurso de 2015, después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) emitiera su resolución por medio de las tesis de jurisprudencia expresadas ese año, cuando se sumaban casi 10 años de haber iniciado el proceso de reconocimiento del derecho al matrimonio de las personas del mismo sexo en el país, inicialmente en la Ciudad de México.

Sin embargo, y a pesar de haberse resuelto en la SCJN, suceden dos cosas:

  1. Esta medida aún no se cumple a nivel federal.
  2. Hay una irrupción de discursos que amenazan con mantener esta discriminación.

La iniciativa del Ejecutivo, que desde el 17 de mayo de este año fue presentada a la Cámara de Diputados, busca resolver el primer punto, esto es, terminar con la exclusión de parejas del mismo sexo al derecho de contraer matrimonio y adoptar, aunado a garantizar la de identidad de género. Esto no es, como algunos quieren hacer creer, que el Estado esté “a la vanguardia del respeto a los derechos humanos”. Lejos de eso, apenas se está pronunciando por el reconocimiento en igualdad de éstos.

De ahí la importancia de que esta iniciativa logre reformar, adicionar y derogar diversas dispersiones del Código Civil Federal, con el objetivo de ser coherente con el artículo 1° de la Constitución, (respetar, proteger y garantizar los derechos humanos, al tiempo que se prohíbe toda discriminación que atente contra la dignidad humana), y proteger a la familia como una “realidad social” (p.3), sin excluir injustificadamente a otros modelos de familia de “los beneficios tangibles e intangibles que otorga (el matrimonio) a estas parejas y a los hijos que decidan criar” (Tesis de jurisprudencia 85/2015 del 25 de noviembre de 2015), pues el matrimonio “es un derecho a otros derechos” (p.6). Negarlo implica afectar activamente no sólo a los individuos o a las parejas, sino a los hijos que éstas tengan.

Desafortunadamente el segundo punto antes mencionado provocó que el pasado fin de semana diversas organizaciones religiosas, siendo la más reconocida el Frente Nacional por la Familia, organizara una #Marchaporlafamilia en repudio a la iniciativa previamente señalada.

Uno de los principales problemas de la postura de la iglesia católica es, por un lado, creer y decir que posee la verdad absoluta en cuestiones no sólo religiosas, sino morales, pretendiendo ser baluarte de la moral universal y guía de las conciencias ajenas, no sólo de sus seguidores, sino de todos los que no forman parte de ella.

Si bien es cierto que está en su derecho de hablarle a sus fieles y a quienes quieran recibir sus directrices, también lo es que no puede hacerlo con el resto de la sociedad, y menos juzgar y condenar las vidas privadas y los pensamientos de quienes no están de acuerdo con sus enseñanzas y su “moral tradicional”.

Dudan o ignoran que los no católicos y los que no profesan ninguna fe son capaces de tener una conciencia ética, que les permite pensar y decidir por cuenta propia. Ante posturas de este tipo, el Estado laico tiene la obligación de velar porque se respeten tanto la libertad religiosa, como la de conciencia, y no permitir que la ideología de unos se imponga sobre los demás ciudadanos, menos aun cuando atenta contra su libertad y sus derechos.

Un estado laico no privilegia una postura religiosa, ni siquiera privilegia una sola postura o a un grupo, sino que crea condiciones legales y estructurales para que se cumplan los principios de no discriminación (artículo 1º de la Constitución) y en ese sentido se protejan las diferentes posturas y formas de existencia sin que una se imponga a la otra por la fuerza.

Por eso el reconocimiento de la diversidad de familias no “destruye a la familia” -sabemos que quien afirma esto se refiere a la familia tradicional- sino que legitima a toda la diversidad de las familias que existen, incluida la tradicional, para quien la prefiera.

En cuanto a las preocupaciones de estas posturas religiosas y conservadoras sobre el bienestar de las familias (por ejemplo, la iniciativa del Consejo Mexicano de la Familia), y muy particularmente de los niños y las niñas, se esgrimen argumentos naturalistas y esencialistas “lo que las familias son, por naturaleza”, por la “unión natural de un hombre y una mujer”.

Las familias no son organizaciones “naturales”, se construyen socialmente de acuerdo a los contextos históricos. La estructura, su formación, no es en sí misma garantía ni de salud ni de patología; lo que las hace saludables está en función de la calidad de los vínculos y las relaciones que se desarrollen en éstas.

Creer que sólo existe una forma “correcta” de pensar y hacer es riesgoso, pues esta creencia anula la posibilidad de diálogo, de integración, de reconocimiento de los otros y eso es lo que un Estado laico debe garantizar.

 

@bioeticaunam

 

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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