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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
La edición de genes humanos y el futuro de la reproducción
Estamos obligados a defender, en definitiva, la idea de que el uso de células embrionarias está justificado para cualquier proyecto de investigación que sea moralmente robusto.
Por PUB UNAM
17 de febrero, 2016
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Por: Fabiola Villela y Miguel Zapata (@miguelzapatacla)

El pasado 1 de febrero la HFEA (Human Fertilisation & Embryology Autorithy) aprobó en el Reino Unido la primera licencia para editar información genética de embriones humanos. La licencia otorgada permitirá utilizar la tecnología Crispr-Cas9 sobre embriones que estén en su fase de blastocito, es decir, entre 1 a 7 días después de la fertilización. Los blastocitos serán obtenidos de la donación libre y voluntaria de células germinales (óvulos y espermatozoides), o de parejas que decidan donar los sobrantes de sus tratamientos de fecundación in vitro. Cuando el desarrollo llegue a las 250 células, los embriones serán destruidos y ninguno de ellos podrá ser implantado para proseguir con su desarrollo.

El objetivo de la investigación del Instituto Francis Crick, al cual se le ha concedido la licencia, es mejorar los tratamientos de fertilidad, ya que la aplicación de la técnica servirá, previsiblemente, para determinar por qué ciertas mujeres sufren abortos espontáneos. En este sentido una investigadora de la institución, Kathy Niakan, afirma que el propósito principal es conocer los factores que pueden afectar el desarrollo e implantación embrional.

Aunque el Comité de Bioética aún no ha ratificado la decisión, el anuncio de la licencia ha generado diversas reacciones, tanto en el ámbito científico como en el religioso. En primer lugar, encontramos la oposición de dos grandes posturas. Los pro-vida sostienen que la vida humana inicia con la fecundación y defienden que la dignidad ha de ser respetada desde este momento. Para ellos las 250 células que constituyen el blastocito deberían considerarse inviolables y no instrumentalizables, puesto que tienen el potencial de convertirse en un ser humano. En cambio, quienes no aceptan esta precoz dignificación consideran que estamos ante una oportunidad única para ampliar nuestro conocimiento embrionario y desarrollar tratamientos eficaces que permitan enfrentar problemas de fertilidad. Además, argumentan que es precisamente la totipotencialidad la que hace del blastocito una entidad sumamente valiosa para la ciencia, ya que al estudiarlo será posible conocer las implicaciones que alguna alteración embrionaria puede tener en las demás etapas gestacionales o posteriores al nacimiento.

Frente a este panorama surge la pregunta de qué es éticamente aceptable. Para responderla, evaluaremos dos de los argumentos que se esgrimen en contra del uso de esta técnica de edición genética.

Para los pro-vida la potencialidad inherente al embrión es una característica que obligaría a a salvaguardarlo de cualquier manipulación genética. Esto por dos motivos. En primer lugar, porque la vida humana se concibe como un proceso que merece respeto desde su inicio, esto es, desde el momento de la fecundación. En segundo, porque modificar el embrión implicaría diseñarlo y, por tanto, se lo estaría cosificando y privando de su condición natural y humana.

Frente a esta idea pueden formularse al menos dos objeciones. La primera es que la potencialidad no otorga derecho moral alguno y, por tanto, no podemos tratar con la dignidad de una persona a aquello que aún no lo es. La segunda objeción apelaría a las circunstancias concretas de los embriones que serán utilizados para la investigación. Son embriones sobrantes de un procedimiento de fecundación in vitro que no culminarán jamás su desarrollo y que, tarde o temprano, serán destruidos. Por tanto, desaprovechar la oportunidad que nos proporcionan para ampliar nuestro conocimiento y tratar de mejorar las condiciones de salud de personas en acto, es decir, de personas realmente existentes, no sería razonable. Al respecto, podría replicarse que todos los embriones deberían tener el derecho a culminar su etapa de desarrollo hacia la persona. Sin embargo, esto implicaría aceptar alguna de estas dos situaciones inadmisibles: o bien traer a un mundo ya suficientemente poblado un número ingente de vidas humanas o prohibir un procedimiento reproductivo, como el de la fecundación in vitro, que supone un excedente embrionario. Esto nos obliga a defender, en definitiva, la idea de que el uso de células embrionarias está justificado para cualquier proyecto de investigación que sea moralmente robusto.

Sin embargo, la controversia moral sobre el uso de la tecnología Crispr-Cas9 en embriones humanos no se limita al grupo pro-vida. Para algunos, la inminente edición genética humana que se va a llevar a cabo es el primer paso para legitimar la modificación de embriones que completarán su desarrollo hacia un organismo plenamente humano. Se propone entonces prohibir el uso de la tecnología aun cuando los embriones vayan a ser destruidos con el argumento de que se generaría aceptabilidad social hacia un procedimiento con implicaciones morales más importantes.

A nuestro juicio, este argumento de pendiente resbaladiza no es suficiente para prohibir el proyecto que ha obtenido la licencia, ya que la evaluación moral debe aplicarse sobre él, y no sobre otros posibles proyectos futuros con características, propósitos e implicaciones diferentes. Sin embargo, esta advertencia nos pone sobre aviso de las futuras aplicaciones que pudieran darse a la tecnología de edición genética. La posibilidad de alterar embriones que posteriormente puedan ser implantados nos enfrenta a otros problemas morales: ¿qué propósitos guiarán la edición genética? ¿Será moralmente aceptable negarse a alterar a nuestros descendientes si disponemos de una tecnología que les evitará sufrir enfermedades? ¿Consideraremos razonable que las distintas generaciones sean modificadas en función de los valores culturales y estéticos de los padres? ¿Tendremos que preocuparnos por la autocomprensión de un sujeto cuyos atributos ya no posee por lotería genética, sino por la decisión voluntaria de sus diseñadores-progenitores? En caso de que ese futuro nos alcance, tendremos que estar preparados para debatir sobre este tipo de cuestiones y decidir si queremos adherirnos a proyectos guiados por un imperativo de mejoramiento de la especie o formar parte de un supermercado genético en el que podamos elegir “bebés a la carta”.

 

@bioeticaunam

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