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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
La incompatibilidad bioética del naciente turismo espacial y el bienestar ambiental
El turismo espacial sería una nueva amenaza dentro del paradigma del cambio climático: las emisiones de CO₂ en un vuelo espacial, correspondientes a sus aproximadamente cuatro turistas, serán entre 50 y 100 veces mayores que las de las una a tres toneladas por pasajero producidas en un vuelo comercial de larga distancia ¿De verdad el planeta puede soportar una actividad así?
Por Gino Jafet Quintero Venegas
15 de septiembre, 2021
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Por lo menos desde 2005 Erick Cohen planteó que una tendencia de viaje que aumentaría a lo largo del siglo XXI sería la del turismo espacial. Cohen enmarcó a este tipo de turismo como una actividad del “post-turismo”; es decir, una forma de viaje en la que los clientes, quienes principalmente tendrán un poder adquisitivo alto, experimentan y descubren un destino que les cambia la vida. Así, se está empezando a consolidar una actividad cuya función será proveer experiencias únicas que nadie más será capaz de vivir.

Hoy, a mediados del 2021, observamos cómo la carrera comercial para llevar turistas al espacio (al menos a quienes tienen la posibilidad de pagar entre 200 mil y 300 mil dólares por viaje) se está empezando a consolidar entre el fundador de Virgin Group, Sir Richard Branson, y el exdirector ejecutivo de Amazon, Jeff Bezos. El domingo 11 de julio, Branson ascendió 80 km para llegar al borde del espacio en su avión pilotado Virgin Galactic VSS Unity. El cohete autónomo Blue Origin de Bezos se lanzó el 20 de julio, coincidiendo con el aniversario del aterrizaje del Apolo 11 en la Luna, y llegó hasta el límite superior de la atmósfera: la Línea de Kármán, a 100 km de altitud. Aunque Bezos pierde ante Branson en tiempo, está preparado para alcanzar mayores altitudes (unos 120 km). El lanzamiento demostrará a turistas muy adinerados su oferta de realmente llegar al espacio exterior. Ambos paquetes turísticos proporcionarán a los pasajeros una breve diversión de 10 minutos en gravedad cero y vistazos de la Tierra desde el espacio. Para no quedarse atrás, SpaceX, de Elon Musk, proporcionará de cuatro a cinco días de viaje orbital con su cápsula Crew Dragon a finales de 2021.

A pesar de que el turismo espacial es visto por los tecnócratas como una nueva posibilidad de negocio, asociada a la evolución natural del turismo global, lejos está de democratizarse y ser una experiencia que puedan disfrutar las clases medias, por no hablar de las bajas. Además, el giro posthumanista está cobrando mucha fuerza en las ciencias sociales y hay una preocupación legítima por las implicaciones (bio)éticas del turismo. Así que ¿cuáles son las posibles consecuencias medioambientales de una industria de turismo espacial?

Bezos se jacta de que sus cohetes Blue Origin, como el Blue Engine 3 (BE-3), que lo lanzó al espacio junto a su hermano y dos invitados utilizando hidrógeno líquido y propulsores de oxígeno líquido, son más ecológicos que el VSS Unity de Branson, que usó un propulsor híbrido con un combustible sólido a base de carbono, polibutadieno terminado en hidroxilo (HTPB), y óxido nitroso. La serie de cohetes de Elon Musk y SpaceX utilizarán queroseno líquido y oxígeno líquido. Como era de esperarse, ninguno se movilizará por medio de energías alternativas. La quema de todos estos propulsores genera gases de efecto invernadero y contaminantes del aire: se producen grandes cantidades de vapor de agua al quemar el propulsor del BE-3, mientras que la combustión que moviliza a la SpaceX produce, además de éste, CO₂ y hollín; el oxidante a base de nitrógeno utilizado por VSS Unity también genera óxidos de nitrógeno, compuestos que contribuyen a la contaminación del aire más cerca de la Tierra.

Aproximadamente dos tercios de los gases de escape de los propulsores se liberan en la estratosfera, capa de la atmósfera terrestre ubicada a entre 12 y 50 km de altitud, y la mesosfera, localizada a entre 50 y 85 km. Allí, dichos gases pueden persistir, por lo menos, tres años. A estos químicos se les suman los óxidos de nitrógeno reactivos, que resultan de la conversión del nitrógeno estable en el aire, ocasionada por las elevadísimas temperaturas que se generan cuando los escudos térmicos protectores de las embarcaciones se queman durante el lanzamiento y la reentrada, como resultado de la fricción atmosférica.

Estos gases tienen muchos efectos negativos en la atmósfera. Por ejemplo, en la estratosfera, los óxidos de nitrógeno y las sustancias químicas que se forman a partir de la descomposición del vapor de agua convierten al ozono en oxígeno, lo que debilita aún más a la capa que protege la vida en la Tierra de la dañina radiación ultravioleta. Además, el vapor de agua produce nubes estratosféricas —de desarrollo vertical—, que proporcionan una superficie amplia para que esta reacción ocurra a un ritmo más rápido. Como es bien sabido, las emisiones de escape de CO₂ y el hollín contribuyen al efecto invernadero que causa el calentamiento global. Al mismo tiempo, se puede enfriar la atmósfera porque las nubes formadas por el vapor de agua emitido reflejan la luz solar entrante de regreso al espacio, pero la capa de ozono adelgazada absorbería menos de esta luz y, por lo tanto, calentaría menos la estratosfera. Y estos no son efectos mutuamente compensatorios.

Ahora imaginemos la realidad próxima del naciente turismo espacial. Virgin Galactic anticipa que ofrecerá 400 vuelos espaciales cada año a los pocos privilegiados que puedan pagarlos. Blue Origin y SpaceX aún no han anunciado sus planes, aunque lo más seguro es que también sea una actividad de élite. De seguir en esta carrera, el turismo espacial sería una nueva amenaza dentro del paradigma del cambio climático: las emisiones de CO₂ en un vuelo espacial, correspondientes a sus aproximadamente cuatro turistas, serán entre 50 y 100 veces mayores que las de las una a tres toneladas por pasajero producidas en un vuelo comercial de larga distancia ¿De verdad el planeta puede soportar una actividad así?

Urge averiguar el efecto general de los lanzamientos de cohetes en la atmósfera, a fin de tener en cuenta estos complejos procesos y la persistencia de tales contaminantes en la atmósfera superior. Igualmente, es importante la comprensión clara de cómo se desarrollará la industria del turismo espacial. Y, más aún, se requiere priorizar, poniéndolo en la mesa de discusión sobre el crecimiento y desarrollo económico, si se debe seguir procediendo a la acumulación del capital y la expoliación de la naturaleza con actividades suntuarias como el turismo. En caso de que no se prohíba, como es lo más deseable que suceda, los científicos necesitan comprender mejor el efecto que estos astronautas multimillonarios tendrán en la atmósfera de nuestro planeta.

* Gino Jafet Quintero Venegas es doctor en Geografía por la UNAM con especialidad en Geografía del Turismo y Geografía de los Animales, y cuenta con posdoctorado en Bioética. Actualmente es Investigador Asociado “C” del Instituto de Investigaciones Sociales en el área de “Espacio social”, con la línea de descampesinización y turismo. También es co-coordinador del Seminario Permanente sobre Estudios Críticos del Turismo y profesor de “Zoogeografía” y de “Geografía y Ética” en la Facultad de Filosofía y Letras, así como de “Ética, territorio y medio ambiente” del posgrado en Geografía.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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