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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
La Ley General de Bienestar Animal no satisface las expectativas
Dos diputados de MORENA, Martha Olivia García Vidaña y José Guadalupe Ambrocio Gachuz, han presentado una iniciativa de Ley General de Bienestar Animal, que representa un retroceso respecto a las leyes de protección animal previamente existentes.
Por PUB UNAM
13 de agosto, 2019
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Por: Alejandro Herrera

Los animales humanos y no humanos formamos parte de una misma comunidad biótica, urbana en las ciudades, rural en el campo y, en última instancia, planetaria. La reflexión ética sobre nuestros deberes hacia los animales no humanos data de la segunda mitad del siglo pasado, y se han registrado enormes progresos tanto en la conciencia ética como en sus repercusiones jurídicas.

Junto a la reflexión de grandes pensadores se ha dado un movimiento popular, el animalismo que ha surgido de manera organizada principalmente en las clases medias y altas de diversos países, incluyendo el nuestro. En las clases con menos poder económico hay una enorme simpatía hacia el dolor de los animales, pero las limitaciones económicas impiden una organización eficiente. Esto ha hecho que muchos piensen que la defensa y protección de los animales es una causa asumida por personas sin mucho que hacer, con una vida relativamente holgada y, por consiguiente, propia de países desarrollados, por no decir capitalistas. Sin embargo, es claro que la cosificación y la explotación de los animales es un fenómeno que debe llamar poderosamente la atención de las izquierdas. Los animales no humanos se encuentran, entre los seres sensibles, ubicados en el lugar más bajo de la comunidad biótica respecto a la justicia que merecen ante los ataques constantes a su condición de seres sintientes.

Dos diputados de MORENA, Martha Olivia García Vidaña y José Guadalupe Ambrocio Gachuz, han enviado recientemente al Congreso una iniciativa con proyecto de decreto de una “Ley General de Bienestar Animal”, lo cual sería de celebrarse si no fuera porque esta no satisface las expectativas hacia un gobierno y partido de izquierda, pues uno esperaría un avance mayor respecto a las leyes de protección animal previamente existentes. Cabe señalar que la diputada Leticia Varela, también de MORENA, no avala dicha iniciativa de ley; desconozco las razones que tenga para ello, pero una simple lectura de la exposición de motivos del documento revela su orientación, que no difiere mucho de las redacciones de otras leyes similares.

Un nuevo aspecto es echar mano de la definición del concepto de bienestar animal, noción que se dice científica y diferente de la noción de protección animal (¿es que tienen algo en contra de la protección de los animales?); sin embargo hay varias formulaciones del concepto de bienestar. La iniciativa acude a una noción en la que nunca se habla de malestar, pues para ellos malestar, científicamente hablando, es bienestar de algún grado: el de grado cero será entonces el malestar de grado 100, y el bienestar de grado 10 será el malestar de grado 90. Pero no se cuenta con un criterio cuantitativo para medirlo. De hecho, echan mano, de manera novedosa también, de las famosas cinco libertades, de las que se conocen varias formulaciones, hechas en 1965. La definición usada en la mencionada iniciativa parece inspirarse en la de la Organización Mundial de Sanidad Animal, (OIE, por sus antiguas siglas): “El bienestar animal es el modo en que un animal afronta las condiciones en que vive”. Trasladando esta formulación a las cinco libertades, un animal que ha perdido su libertad puede todavía, en su encierro, en su jaula, gozar de cinco libertades, incluyendo la de poder moverse un metro más agrandando la jaula que lo ha privado de la principal de las libertades: la de moverse en su hábitat original. Habría sido mejor adoptar en la redacción la formulación de bienestar de Donald Broom, a quien seguramente conocen: “Bienestar es el estado de un animal en relación con sus intentos por enfrentarse al medio ambiente”. Ello permitiría hablar de estados muy pobres y de estados terribles de bienestar (aunque sería mucho mejor introducir también la posibilidad de hablar explícitamente de malestar).

Aunque reconocen la sintiencia y la dignidad de los animales, así como el respeto a su vida e integridad -aludiendo a la formulación de la Constitución de la Ciudad de México-, en la práctica del articulado abogan por lo contrario al hablar del “aprovechamiento” de los animales en distintos rubros, y los declara “elementos” (los cosifica) susceptibles de “apropiación”, “posesión” (como bienes muebles) “dominio” (avalan, pues, la desprestigiada teoría del dominio), “uso y aprovechamiento”. En fin, plantea a los animales como banquete para satisfacer al ser humano. También hablan de cuidado, pero se trata del cuidado que alguien puede tener de su sirviente para que le siga siendo útil. Esta iniciativa hace énfasis en las “actividades productivas”, en lugar de abogar por formas alternas de producción. Y al hablar, en el Título Cuarto, de la matanza y eutanasia, llegan al extremo de permitir la matanza de animales en ritos religiosos, y los peces son excluidos de la muerte humanitaria porque les parece que no es viable, en un alarde de poca imaginación. Es interesante observar que prohíbe la matanza de animales en presencia de niños, “en atención a las diversas manifestaciones” de la ciudadanía en contra de tal salvajada. O sea que, si la gente no protestara, estaría bien -como en tribus antiguas- permitir que los niños fuesen expuestos a estos reprobables actos. Hay mucho más que decir sobre esta iniciativa de ley, en cuya exposición de motivos me he detenido exclusivamente. Finalmente, en el Título Séptimo, mencionan únicamente sanciones administrativas, ignorando el gran avance de introducir sanciones penales por crueldad con los animales.

Esta ley pretende ser incluyente -según lo dice su exposición de motivos-, atendiendo a diversos sectores de la sociedad mexicana, desde ambientalistas hasta productores o comerciantes de animales vivos y muertos. Hay mucho camino por recorrer para lograr en México una ley que haga justicia al sector sintiente no humano de nuestra comunidad biótica. Entre tanto, se podrían redactar leyes mucho mejores que la que ahora se propone.

*Alejandro Herrera es Investigador Titular Jubilado del Instituto de Investigaciones Filosóficas. Sus áreas de especialización son: La filosofía de G. W. Leibniz, Ética ambiental y animal, y Argumentación y falacias. También ha incursionado en filosofía del lenguaje, ontología, bioética, didáctica de la lógica y filosofía de la educación.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM (@bioeticaunam). Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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