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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
La segunda oportunidad de la basura electrónica
¿Alguna vez te has preguntado en dónde terminan todos los teléfonos celulares que ocupa una persona a lo largo de su vida?
Por Aline Nicolas y Rocío Muciño
6 de noviembre, 2019
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Los organizadores de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 anunciaron que ya tienen listas las medallas que serán entregadas a los atletas ganadores. El hecho de que fueron fabricadas con toneladas de basura electrónica y teléfonos celulares reciclados fue la nota, dado que no serán puramente de oro, plata y bronce. Las 5 mil medallas salieron de la basura recolectada entre abril de 2017 y marzo de 2019 en Japón. La decisión fue aplaudida porque la recolección logró recaudar 78 mil 985 toneladas de dispositivos electrónicos, de los cuales cerca de 6.21 millones fueron teléfonos celulares, mismos que pudieron haber terminado en un basurero y formar parte de la montaña de basura electrónica que el mundo ha producido.

Uno de los problemas que más ocupa y preocupa a nivel mundial es el de la contaminación, sobre todo la que generamos día a día. ¿Alguna vez te has preguntado en dónde terminan todos los teléfonos celulares que ocupa una persona a lo largo de su vida? ¿A dónde llegan las computadoras de escritorio que desechamos? ¿O las laptops? ¿O las tablets? Cada día, se desechan millones de equipos que han dejado de funcionar o que fueron sustituidos por versiones recientes que prometen “un trabajo más rápido y efectivo”.

La llamada “obsolescencia programada” nos obliga a adquirir más productos, nuevos o similares, porque muchos de los que compramos están “programados para morir”. Esto beneficia a las empresas, pero perjudica enormemente al medio ambiente al aumentar los residuos que generamos. Incluso se cree que esa obsolescencia afecta no sólo la economía de los consumidores, sino su psicología, al adaptarlos al ciclo “comprar, usar, tirar, comprar, usar, tirar…”

Una posible solución para las toneladas de basura electrónica que generamos podrían ser las tres erres ecológicas: reducir, reutilizar y reciclar, ya que con ellas podríamos darle una verdadera oportunidad a los desechos que, tan sólo durante el 2018, sumaron 48.5 millones de toneladas en todo el mundo. Además, esta basura se puede reutilizar, ya que algunas de las piezas de los dispositivos son reciclables y de ellas se pueden recuperar algunos materiales como el hierro, el aluminio, el cobre, el oro y la plata.

Este último proceso es una de las propuestas más fuertes, y no sólo se lleva a cabo en Japón sino también en la Unión Europea e incluso en México, en donde desde 2013 se promeve la economía circular: un sistema de aprovechamiento de recursos que busca la reducción (minimizar la producción y apostar por la reutilización de desechos que, por sus propiedades, no pueden volver al medio ambiente, entre otros aspectos). Esta iniciativa es apoyada incluso por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Bajo este principio, en México, la Secretaría del Medio Ambiente ha impulsado el programa “Reciclatrón”, el cual busca recolectar y reciclar los desechos producidos no sólo por los ciudadanos sino también por las empresas. Anualmente, el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático estima que tan sólo en la zona metropolitana del valle de México se generan hasta 112 mil 490 residuos electrónicos anuales.

Basta con pensar cuántos miembros de nuestra familia, amigos o compañeros cuentan con un teléfono celular, computadoras, cámaras fotográficas, tablets, televisiones y un sinfín de dispositivos más, que nos permiten escuchar música y ver programas o videos. Incluso muchos de nosotros tenemos uno que otro en desuso, olvidados en un cajón.

El reciclaje de la basura electrónica permite la “economía circular”, que cambia el proceso de extraer, producir, utilizar y desechar por un modelo en el que “desechar” se modifique en “trasformar”. A pesar de que el reciclaje no permite una recuperación total de todos los elementos que conforman nuestros dispositivos, sí podría brindarles una segunda oportunidad a algunas partes de nuestros aparatos electrónicos, reduciendo las toneladas de basura que son generadas año con año.

Si queremos reducir la basura tecnológica, debemos reciclar nuestros equipos en lugar de desecharlos y tomar consciencia sobre la importancia de no cambiar nuestros aparatos electrónicos cuando una nueva versión salga al mercado, sino esperar a que su tiempo de vida útil termine. También podríamos exigir espacios —como el de la Secretaría del Medio Ambiente— para que cada dispositivo sea desechado y reciclado correctamente; pues así como tiene partes reciclables, también se compone de sustancias peligrosas que, de acuerdo con la ONU, ponen en riesgo la salud de las personas. Al cambiarlos podemos donarlos para que sean transformados en, por ejemplo, medallas olímpicas.

Además, vale la pena, como usuarios de la tecnología, cuestionar nuestro estilo de vida: ¿realmente tenemos que cambiar de celular cada dos años? ¿Hasta dónde es necesario tener dos celulares, una tableta, una computadora de escritorio y una portátil? ¿Qué tanto el capitalismo nos ha llevado al consumo innecesario sin darnos cuenta? Quizás una de las soluciones radica en algo más profundo que el reciclaje, tal vez debemos cambiar de hábitos porque estamos generando un nuevo nicho económico.

*Aline Nicolas estudia la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y es prestadora de Servicio Social en el Programa Universitario de Bioética (PUB). Su interés se centra en la ética, bioética, derechos humanos y migración. Rocío Muciño es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNAM y maestra en Diseño y Producción Editorial por la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Xochimilco, actualmente es secretaria Técnica y responsable de Gestión y Edición de Publicaciones del PUB.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

@bioeticaunam

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