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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Las cotorras argentinas y el nudo gordiano
El problema de las cotorras en Madrid debe verse como un ejemplo conciso y a la vez elocuente de la irresponsabilidad, la inconsciencia y la arrogancia con las que siempre hemos actuado frente al ecosistema y que nos han llevado a la actual crisis ambiental.
Por Rodrigo Ruiz Spitalier
16 de septiembre, 2020
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El 8 de octubre del año pasado apareció en el periódico El País un titular que deja estupefacto: “Madrid decide exterminar 12,000 cotorras”. Cuando uno empieza a leer se va enterando de la situación casi surrealista de la capital española, por la que sus dirigentes tomaron tan espeluznante decisión: desde hace años hay millares de cotorras argentinas habitando, en estado “salvaje”, las calles de Madrid, y ahora se consideran peligrosas para los humanos (se dice que transmiten enfermedades y hacen nidos masivos que pueden caer) y la fauna y flora locales (expulsan a otras especies). En resumen, es un gran problema, ante el cual el ayuntamiento de la ciudad ha optado por una solución tipo Alejandro Magno: cortar el nudo de un tajo. La estrategia es bastante simple: cazar y eliminar a las cotorras existentes por un lado y esterilizar los huevos, inyectándoles aire, por otro. El mencionado artículo (que cuenta con una versión en línea bastante modificada) relata el contexto de la extraña situación.

La versión aceptada dice que las cotorras argentinas, originarias como su nombre indica de Sudamérica, fueron capturadas en los ochentas por los agricultores de la zona, que ya desde entonces las consideraban una plaga por su capacidad para arrasar plantaciones, y se comercializaron en Europa donde llamaban la atención como mascotas “exóticas” y “de moda”; como dice el dicho, esta gente “mató dos pájaros de un tiro”. Es importante recalcar que las atraparon en estado silvestre: las cotorras que llegaron a España no habían sido criadas en cautiverio y estaban preparadas para sobrevivir a la intemperie. Eventualmente, todas fueron liberadas o escaparon y se apoderaron de las calles de Madrid y, en menor cantidad, de otras ciudades como Valencia, Barcelona y Málaga. La población de estos pájaros en España, nos indican, se estima de unos 30 mil individuos, de los cuales una quinta parte vive en la capital.

A decir de los expertos citados por El País, provenientes de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), su supervivencia en el medio urbano se debe a que son criaturas muy inteligentes, longevas, gregarias, prolíferas y con una gran capacidad de adaptación, además de muy agresivas a la hora de competir por recursos o territorio con otras especies. Los mismos expertos sugieren que la liberación masiva de las cotorras se debió a que, ya pasada la moda, los dueños se hartaron de estas aves que no pueden hablar pero sí son especialmente ruidosas; también hubo o pudo haber casos en los que se liberaron solas, dada su inteligencia.

La mencionada Sociedad detectó el problema hace años (tomemos en cuenta que las aves empezaron a llegar aproximadamente en 1986) y en 2015 promovió la participación civil en un censo de la especie para ayudar a la administración de ese momento; a juzgar por los extremos a los que ha llegado la situación, esta iniciativa no tuvo repercusión alguna. Por otra parte, parece que ahora la SEO/BirdLife colabora con el plan del ayuntamiento y se limita a recriminar (por lo demás con toda razón) que si las autoridades previas los hubieran escuchado en su momento ahora no habría razón para plantear tácticas de exterminio. Para agravar las cosas, España no es el único país donde la importada presencia esta especie está causando preocupación: en Chile se vive exactamente la misma situación, exactamente por las mismas razones, lo que podría llevar a una decisión similar.

Se puede argumentar rápidamente que lo más humanitario sería sólo atraparlas y liberarlas en un ecosistema distinto, donde no afecten negativamente como parece que lo hacen en las urbes. Ya se ha insinuado que sería extremadamente costoso y tardado, pero ese no sería el único obstáculo. Tristemente, regresarlas a estas alturas a su punto de origen, el único en el que esta especie no resultaría invasiva, posiblemente generaría el mismo tipo de problema dada su cantidad actual: las criaturas, además de longevas, se reproducen a una velocidad de “entre seis y ocho huevos al año”, se reitera, y han estado en la Península desde hace tres décadas; eso quiere decir que la cantidad que fue sustraída de Sudamérica en los ochentas y noventas es muchísimo menor a las actuales 30 mil, por lo que es de esperarse que la llegada súbita de tantos especímenes desequilibre incluso el ecosistema al que originalmente pertenecían. Además, no hay que olvidar que fueron los agricultores locales quienes atraparon y exportaron a las cotorras para quitárselas de encima (y de paso obtener ganancias), y si de pronto éstas reaparecieran en semejante cantidad, no sería extraño que, en sus manos, el destino de las pobres aves termine siendo el mismo que el que les están preparando en Europa, o incluso una versión más cruel del mismo.

Por supuesto, la contrariedad ante la orden de matanza no se hizo esperar: pronto contestó un grupo defensor de los animales, sin duda seguido de otros, y a lo largo de estos meses ya ha habido críticas y protestas. Lo ideal sería plantear propuestas alternativas, que no impliquen un zoocidio masivo y que se basen en información científica y bioética completa. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, a menos que alguna resulte milagrosa, esas alternativas dejarán inconforme a mucha gente y, más importante, si funcionan serán como mucho paliativas: nada puede remediar algo como esto más que la propia Naturaleza… la cual se toma su tiempo.

En todo caso, el problema debe verse como un ejemplo conciso y a la vez elocuente de la irresponsabilidad, la inconsciencia y la arrogancia con las que siempre hemos actuado frente al ecosistema y que nos han llevado a la actual crisis ambiental. Ahora, por lo visto, ha escalado hasta el punto de lo que se conoce como “colisión o conflicto de intereses” 1, y eso es lo que lo vuelve tan complicado y lamentable; sin embargo, en las circunstancias iniciales de las cotorras argentinas no había ninguna razón para que fuera así. Nadie forzó a los agricultores del cono sur a trabajar esa zona repleta de aves “malas para el negocio” –no deberíamos esperar que el medio ambiente se adapte a las actividades humanas, sino entender que es al revés– y nadie forzó a los españoles a adquirir como mascotas animales no domesticados, dejándose llevar por la moda exotista (interés secundario y banal que no debe anteponerse a intereses vitales), para luego soltarlas porque ya no se estilaban y eran demasiado ruidosas. La culpa es de los humanos, no de las cotorras. Claro que saberlo no las ayuda, pero espero que la noticia pueda, por lo menos, llamar la atención de la gente y hacernos reflexionar sobre nuestra falta de responsabilidad.

* Rodrigo Ruiz Spitalier es Licenciado en Letras Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y actualmente trabaja en el área editorial del Programa Universitario de Bioética. También ha sido colaborador para varias revistas digitales.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

1 Para una perspectiva más amplia y erudita del tema, véase: Paul Taylor, “La ética del respeto a la naturaleza”, en La ética de la naturaleza, traducción de Miguel Ángel Fernández Vargas, UNAM, México, 2005.

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