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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
El lenguaje de las marchas y protestas
Asistir a una marcha o protesta es un mandato de encuentro entre personas con las que se sufre y comparte un dolor, al que no hemos sabido darle continuidad.
Por PUB UNAM
1 de febrero, 2017
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Por: Angel Alonso Salas

Martes 31 de enero. Último día del primer mes de 2017. Me percato que este mes será recordado por las diversas y variadas marchas-protestas (locales y globales) que se dieron a lo “largo y ancho de nuestro planeta”. Frases como: “No al gasolinazo”; “Not my president”; “Ni una más”; “Fuera Peña”, y una serie de movimientos y marchas que se han gestado en torno al Muro fronterizo, en contra de Donald Trump o el movimiento #Womensmarch han dado espacio a distintas voces de protesta y a la creación de frentes comunes. Todo lo cual no debería ser una anécdota de inicio de año, sino que deberían llevarnos a pensar tres cosas, a saber, si existe o no una toma de conciencia real de lo que se ha protestado, la denuncia de las injusticias y acontecimientos deplorables y, la expresión visual de un sentir popular. Veamos grosso modo cada una de estas situaciones:

1. ¿El emerger de una toma de conciencia?

Cuando uno habla de una marcha generalmente imagina a un grupo de personas unidas por una inconformidad ante algún acontecimiento social. Hace más de cinco años, John Berger escribió en La Jornada una columna titulada “Para salvar el momento presente”, en donde afirmaba que:

“… toda profunda manifestación política es un llamado a una justicia ausente, y la acompaña una esperanza de que en el futuro tal justicia quede establecida. Sin embargo, la esperanza no es la razón primera de que se efectúe la manifestación. La gente protesta porque no hacerlo es demasiado humillante, demasiado aplastante, demasiado letal. La gente protesta (monta una barricada, toma armas, se va a la huelga de hambre, se toma de las manos para gritar o escribe) con el fin de salvar el momento presente, sin importar lo que traiga el futuro. Protestar es negarnos a ser reducidos a cero y a que se nos imponga el silencio. Por tanto, en cada momento que alguien hace una protesta, por hacerla, se logra una pequeña victoria. El momento, aunque transcurra como cualquier otro momento, adquiere un carácter indeleble. Se va y sin embargo dejó impresa su huella. Lo principal de una protesta no es que sea un sacrificio efectuado en pos de un futuro alternativo más justo. Lo principal es una redención del presente -algo que parecería no tener consecuencias, es decir, una acción que parece inconsecuente …”.

Y me pregunto ¿acaso los acontecimientos como la desaparición forzada de los estudiantes de Ayotzinapa; los tratamientos falsos a niños con cáncer en Veracruz; el creciente número de feminicidios en el Estado de México, o la construcción (ampliación) del muro fronterizo entre México y Estados Unidos no han llevado al sujeto y a la comunidad a no quedarse con los brazos cruzados? A lo mejor eso es el sentido detrás de tomar una cartulina para escribir una consigna y unirse a una marcha con otros ciudadanos para externar el hastío respecto a la clase política, la desesperanza e impotencia ante los acontecimientos que se denuncian y mostrar así cierta “humanidad”, la búsqueda de otra opción, así como revertir el daño recibido. Los Mass Media no suelen dar las cifras reales de los manifestantes sino las “oficiales” y en ocasiones “satanizan” o “criminalizan” la protesta. El año pasado se discutía acaloradamente si se reglamentaban o no las marchas por el daño que recibían los comercios y ciudadanía. Este mes no existió ningún pronunciamiento al respecto, salvo los “saqueos” a comercios que tienen la mercancía asegurada y que, como todas las noticias, fueron uno más de tantos acontecimientos. Ya sea porque el pueblo está cansado de que le vean la cara y los que buscan el “despertar de la conciencia”, una toma de postura ante la anestesia, confort e indiferencia en la que se ha instalado y se encuentra la mayoría de la ciudadanía.

Existen distintas formas de participar en una marcha, tales como el gritar consignas estilo: “maltrato animal, al código penal”; manifestar en silencio y de manera pacífica el repudio hacia nuestros gobiernos, o cantando la “nueva versión del himno nacional” en el marco de las protestas contra el gasolinazo. En todos los casos, el sentir popular se reduce a mostrar un repudio a la clase gobernante, exigiendo su renuncia o deslindándose de las acciones, y por absurdo que sea, los líderes de las naciones contestan con descaro a sus detractores con falacias ad hominem en Twitter o frases como “es aquí donde les pregunto: ¿y ustedes qué hubieran hecho?” y solamente enervan y agitan el avispero social.

De acuerdo con Berger, la protesta es una acción necesaria y con un carácter de obligatoriedad moral, en donde se hace manifiesta la vulnerabilidad de los protestantes, la injusticia o afrenta recibida, la negación a la cosificación, el maltrato, olvido, agravio o daño moral. En tal situación, lo natural es la manifestación del presente, del “aquí y ahora” porque está sucediendo en “tiempo real”. Pareciera que se “congela” el tiempo y el acontecimiento, para que éste sea analizado y discutido, se mueven las pasiones y razones al tomar una postura y deja de ser un hecho aislado, una noticia más que se pierde por la indiferencia o por la avalancha de acontecimientos que reemplazan el Trending Topic de los usuarios o videos virales de las redes sociales. Los acontecimientos que provocan la mayoría de las marchas son acciones lacerantes a la dignidad humana, que muestran la vulnerabilidad social y que deberían ser analizados con mayor detalle. Reflexionar sobre el papel de la manifestación de las mujeres en la marcha antiTrump o la molestia nacional por el incremento a los hidrocarburos son situaciones que deberían tenerse en cuenta, reflexionar y ver hacia dónde se puede encaminar dichas protestas o marchas.

2. Denuncia de injusticias

¿Qué detona una marcha? ¿Qué produce un hashtag? ¿Todo acontecimiento que tiene sus minutos de fama tiene un contenido digno de ser reflexionado? Pensemos en tres tipos de situaciones, injusticias y denuncias que están detrás de marchas y protestas:

i) Actos particulares. Todos los casos de Ladys y Lords en la mayoría de las ocasiones son cuestiones particulares que tienen su boom como una burla y escarnio social por los participantes de dicha nota, como el XV aniversario de Rubí o el agresor de Ana Gabriela Guevara, o bien, una persona que cobra una impronta de tal envergadura que su sola presencia, una acción o acontecimiento desencadenen una ola de reacciones sociales. Así como si alguno arrojara una piedra a un estanque y se produjeran ondas expansivas, un acontecimiento de esa índole va cobrando fuerza en diversos estratos sociales y latitudes del continente, tales como el asesinato en Ecatepec de Erik y Karen Alvarado Mosso, el niño refugiado que fue fotografiado sin vida en una costa europea, la niña abandonada en la carretera a Querétaro o que Carmen Aristegui saliera del aire. Dichas acciones representan la punta del iceberg de una injusticia, porque detrás de un ciudadano común y corriente o una figura pública, existen cientos de otros casos que han sufrido lo mismo o casos peores, pero que no contaron con un reflector que los pusiera en escena.

ii) Cuestiones grupales. Existen ciertos actos que manifiestan una serie de injusticias y problemas sociales, económicas y políticos, éstos muestran cómo se ha perdido la idea de comunidad y el descrédito de la sociedad, ejemplos como los “porkys”, el Colegio Americano del Noreste, Tlatlaya, los fármacos falsos que recibieron una serie de niños en quimioterapias en Veracruz, reflejan un grave y profundo deterioro social y producen un justificado acto de alzar la voz en contra de dichas acciones para que no exista un caso más y se busque justicia. Y finalmente,

iii) Acontecimientos que tienen repercusiones globales tales como el ataque a una mezquita en Quebec; el “muro de Trump”; el hecho de que gobiernos de Centroamérica han dejado varados a cientos de cubanos en su territorio; los recortes presupuestales de educación en México; el problema que enfrenta Argentina con la disminución a los fondos de investigación humanística y científica (CONICET), o las reformas educativas que se están implementando en Brasil que suponen la desaparición de las asignaturas tales como historia, filosofía, educación musical, etcétera. Basta pensar en los miles de desplazados indígenas en América Latina y los miles de migrantes que van en la “bestia”, así como todas las conductas racistas, xenofóbicas y nacionalistas que se están desarrollando en nuestras naciones democráticas, y que se convertirán en un problema mayúsculo. Estos tipos de acontecimientos manifiestan una actitud deplorable, injusta y de miseria de muchos sectores de la especie humana (o de ciertos grupos sociales).

3. Expresión visual de imágenes

Cada marcha y manifestación tiene una imagen, una representación icónica. Pensemos en la imagen típica de una persona con una flor en la mano frente a un tanque; las imágenes de los refugiados que llegan a Grecia e Italia en balsas; el video que circuló del ataque de un menor de edad en una secundaria de Monterrey; las pancartas de los movimientos feministas en contra de Trump; los discursos de Madonna o Meryl Streep en contra de su presidente; el cartón que tenía un niño en los hombros de su padre, en donde solamente había rayones de colores, o bien, la carga de significado que tienen palabras o frases como Auschwitz, #Prayfor… #Todossomos…. #Renuncia… En suma, la cantidad de memes, cartones, videos, frases, fotografías y cartulinas que portan los manifestantes no sólo comparten el folklor popular y la expresión de la voluntad general y de las minorías, sino que son en sí mismas una forma de encauzar una molestia, una inconformidad, un sentir popular de personas que no se quedan con los brazos cruzados y reconocen y expresan lo que les molesta…

El problema es que pareciera que allí se queda todo. Una gran catarsis, un muro de los lamentos que es manifestado y compartido por cientos de personas que tratan de tomar una postura, generar una acción que les permite no ser indiferentes. John Berger sostiene que “en una historia la negativa de quienes protestan se vuelve un grito salvaje, la rabia, el humor, la iluminación de las mujeres, hombres y niños. Las narraciones son otro modo de volver indeleble un momento, porque cuando las historias son escuchadas se interrumpe el flujo unilineal del tiempo y que algo no tenga consecuencias pierde totalmente su sentido”. Asistir a una marcha o hacer pública una protesta es un mandato de encuentro entre personas con las que se sufre y comparte un dolor, es el espacio para dar voz a los vencidos y víctimas, y en el mejor de los casos, representa el acto de vaciar el vaso que se fue llenando, y en donde cualquier hecho hubiera sido la gota que lo derramara. Pero desgraciadamente, no existe una continuidad. No hemos sabido cómo darles seguimiento a esas voces y se quedan como meros lamentos. No pensamos en las causas que provocaron que dicho vaso se llenara. Hace falta darle continuidad, que no sea un acontecimiento que pase desapercibido para que entonces estas marchas y protestas sean el inicio de una “bola de nieve” que anunciara los cambios y renovara la esperanza a un mundo mejor.

 

@bioeticaunam

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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