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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Lo “científicamente comprobado” en el terreno de lo éticamente responsable
Los actores y las instituciones suelen recurrir a las posturas de los científicos expertos (o los contra-expertos) para certificar sus testimonios como “comprobados, confiables y éticos”, sin considerar que ser racional y disciplinado metodológicamente no basta ni es condición para ser una persona moral.
Por PUB UNAM
11 de noviembre, 2015
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Por: Ángeles Cancino Rodezno y Ricardo Noguera Solano

Los comunicados oficiales de las organizaciones y de los actores visibles en temas de política, salud, religión, justicia, economía etc. tratan, en varios sentidos, de validar sus afirmaciones a través de datos generados por la ciencia, lo mismo para aceptar que para rechazar algún supuesto o versión de los hechos. Por ejemplo: si tal o cual alimento genera tal o cual enfermedad, si tal producto es benéfico o perjudicial para el ambiente o para la sociedad o si la evidencia relacionada con algún crimen es consiste o endeble.

No es difícil ver en el espectro de las noticias arrojadas por los medios de comunicación cómo se hace uso del conocimiento científico y tecnológico en los grandes tema de actualidad, por ejemplo el informe de la Organización Mundial de la Salud sobre la relación entre el cáncer y el consumo de embutidos; en el caso de cuestiones medioambientales, el Papa Francisco ha hecho pública su encíclica Laudato sí; respecto a las investigaciones sobre el caso Ayotzinapa, el Estado mexicano ha defendido la nombrada “verdad histórica”, frente a otras posibles versiones; en el caso del huracán “Patricia”, distintos autores han discutido sobre las razones que hicieron que las predicciones potencialmente catastróficas de dicho huracán no se cumplieran, entre otras muchas notas.

La información que se maneja en la mayoría de estos comunicados es considerada -por gran parte del público- como sólida e incuestionable bajo el supuesto ingenuo de que la información generada dentro de las prácticas científicas tiene un sentido elevado de la racionalidad y del buen juicio; por lo tanto se tiene la certeza de contar con los conocimientos correctos, imparciales y ajenos a intereses políticos, económicos o ideológicos, agregándole además el supuesto de que dicho conocimiento se ha generado por procesos metodológicos racionales y consensuados por la inmensa mayoría de la comunidad científica. En ese sentido, todo conocimiento científico parece ser catalogado como bueno, verdadero y ético.

quimica

Los actores y las instituciones suelen recurrir a las posturas de los científicos expertos (o los contra-expertos) para certificar sus testimonios como “comprobados, confiables y éticos”, sin considerar que ser racional y disciplinado metodológicamente no basta ni es condición para ser una persona moral. Educarse en carreras como física, biología, química o cualquier rama de la ciencia no nos prepara para ser personas éticas ni morales, ni tampoco para ser mejores ciudadanos, al igual que el grueso de la población, nos encontramos, como señalaba Immanuel Kant (en su Antropología práctica de 1785), en una minoría de edad, porque no nos hemos educado en el ejercicio de pensar en términos éticos y los sistemas educativos de formación científica siguen formando -como bien lo señalaba Jean Jacques Rousseau desde 1750 en su Discurso sobre las ciencias y las artes– físicos, artistas, matemáticos, médicos, pero no necesariamente buenos ciudadanos que practiquen el ejercicio de pensar en términos éticos y morales.

Médico. Pintura de Picasso

Si bien es innegable que la ciencia y sus alcances tecnológicos nos han permitido conocer tanto los niveles nanoparticulares de la materia, los niveles moleculares de la vida, los niveles macro estructurales del universo, la dinámica de la salud y de la enfermedad, etc, permitiendo con ello el desarrollo humano, también ha de reconocerse que a través de varios siglos esos avances y la generación de conocimiento en general, se ha hecho sin que se demande por parte del científico una reflexión ética que oriente su experimentación o que delimite sus métodos bajo la falsa idea de que “la ciencia es neutra” y no necesita de guías morales.

Actualmente sabemos que la producción de conocimiento, de tecnología y su industrialización tienen altos costos globales (biológicos, ecológicos, climáticos, sociales, políticos, económicos, entre otros) que representan beneficios y riesgos para toda la población, por tanto demandan una mayor reflexión ética por parte de los científicos y de toda la sociedad. Debido a la plétora de alarmas sociales y ecológicas, en la actualidad la toma de conciencia -sobre las amenazas y riesgos a los que se encuentra expuesta la humanidad y el ambiente, y debido a la generalizada utilización que el conocimiento científico tiene en términos sociales- ya no resulta opcional; por el contrario, la comunidad científica debe, por un lado, adquirir la responsabilidad de hacer análisis más cuidadosos y continuos que -sin detener los adelantos científicos – protejan a los individuos y al ambiente. Y que por otro lado, tenga el compromiso de hacer la distinción entre un resultado concluyente y uno sugerente, evitando así confusiones, sensacionalismo, afirmaciones reduccionistas o generalizaciones que pasan por alto cuestiones como la multifactorialidad de los fenómenos naturales. La comunidad científica debe reconocer que las acciones y consejos que emiten sus socios tienen eco en muchas actividades humanas y particularmente en la toma de decisiones que afectan a toda la población.

medicina

Y es aquí donde la enseñanza de la Bioética en la formación científica ya no representa una mera alternativa, sino que constituye una necesidad ineludible.

¿Cómo hacer que la práctica científica sea congruente con la Bioética? ¿Cómo cambiar el paradigma de que las ciencias deben de ser intocables por la filosofía? ¿Cómo hacer que un científico adquiera conocimientos científicos y bioéticos de manera simultánea? ¿Cómo hacer que una sola persona adquiera habilidades en las prácticas científicas y al practicarlas se conduzca como una persona que ha desarrollado también su capacidad moral y crítica? Consideramos que las respuestas a esas preguntas está en la enseñanza y la desenseñanza en las aulas; la enseñanza de la ciencia a la par de la enseñanza de la filosofía, la historia y la ética que subyacen a la bioética, así como la desenseñanza de algunos dogmas científicos y algunos prejuicios de la comunidad científica hacia la bioética (la cual ha sido tan mal recibida por muchos que hasta se le ha calificado de pseudociencia). Asimismo resulta indispensable que la difusión y el diálogo permanente en cuestiones bioéticas sean practicados no sólo entre los estudiantes de ciencia, sino entre los académicos, los colaboradores, y todo el personal involucrado en la actividad científica, incluyendo a los que hacen uso del conocimiento científico para difundirlo y/o aplicarlo en políticas públicas.

La bioética como interdisciplina es una brújula que permite tomar decisiones profesionales y prácticas más fundamentadas, más congruentes y más responsables para con la sociedad. Una práctica científica acompañada de una buena enseñanza de la práctica ética, puede aumentar la confiabilidad en que las “cosas científicamente comprobadas” no sean guiadas por sesgos y que sean también resultado de prácticas éticamente responsables.

 

* Ángeles Cancino Rodezno y Ricardo Noguera Solano son Profesores de la Facultad de Ciencias y miembros del Programa Universitario de Bioética (@bioeticaunam).

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