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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Los bioeticistas y la dimensión política
Necesitamos una guía experta y profesional que nos saque del embrollo en el que estamos metidos, al haber abusado de la naturaleza durante tantos años de deseada prosperidad económica y tecnológica, saqueando y sonsacando los recursos disponibles, lo cual solamente ha erosionado nuestras reservas y nuestra naturaleza biológica.
Por PUB UNAM
3 de mayo, 2017
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Por: Germán Novoa Heckel

La bioética, y en particular los bioeticistas con sus debates y recomendaciones, se están convirtiendo en una fuerza moral y política pública nada despreciable. El asunto de la bioética ha trascendido fronteras y, para darle más presencia, tenemos hoy una declaración internacional a este respecto, la Declaración sobre Bioética y Derechos Humanos de la UNESCO, de acuño contemporáneo, del año 2005. Los temas de debate son muchos y van en aumento, y sus posibles soluciones (directrices), aunque difíciles de determinar, se avizoran como puentes transitorios de lo que será el futuro de la humanidad en estos tiempos inciertos de cambio acelerado, liderado principalmente por la tecnología y las innovaciones en todos los órdenes del quehacer humano. La politización de la bioética y los bioeticistas es, a mi entender, una cuestión de tiempo, y podemos anticipar, ya con cierta seguridad, que los líderes de este movimiento moral del comportamiento deseable y de debate público se habrán de encontrar algún día, y esperanzadoramente, en las mesas y centros decisorios de toda actividad humana decisoria de interés público.

Las primeras fuerzas públicas en esta dirección, aunque sustancialmente diferentes en su devenir, han sido los partidos políticos surgidos en varias partes del mundo, llamados los “verdes”. Fue la primera señal de que nuestro planeta requería algo más que discursos y temas de convivencia pacífica de las personas, como lo requería la mera interacción humana. Se anticipó aquí la necesaria relación imperativa con la naturaleza (lo “verde” en este caso), y que ahora se antoja se podría complementar ampliamente con la idea y concepto de la Bioética (que en su definición abarca todo lo vivo: humanos, animales y naturaleza en general, así como medio ambiente) entendido no solamente como una teoría del comportamiento ético, sino como una fuerza pública y política de vanguardia contemporáneas. La visión sería la de lograr convivencia y supervivencia pacífica y armónica, promotora de lo vivo y de aquello que lo promueve y facilita; por ello, una visión humanista y biofílica; una visión que tendría que ser gestionada, en principio, a través de una función de liderazgo, de un intermediario buscador de consensos ante las crecientes transgresiones a la naturaleza misma, muchas de ellas consideradas, en su concepto de destrucción y barbarie, imperativos de atención pública y condiciones de búsqueda de resolución para la supervivencia existencial. Hablamos aquí de todos los asuntos que atentan contra nosotros mismos como naturaleza viva y contra el sentido común de permanencia, contra la vida y la dignidad humanas como la necesitamos al día de hoy. Temas como genética, clonación, eutanasia y aborto, pero también cambio climático y contaminación atmosférica, por nombrar solamente algunos, están en el conocimiento de muchos, y requieren de atención inmediata y continua en relación con la dirección de posibles respuestas y cursos de actuación para los mismos, gravísimos problemas contemporáneos que no se han resuelto. Su debate ya se ha confiado parcialmente hoy día a los bioeticistas, y se confía a ellos, entre otros profesionales posibles, el futuro incierto de nuestra sufrida, aunque no por ello menos aguerrida, raza humana, en su esperanzada búsqueda por la supervivencia.

La formación de estos profesionales bioeticistas no ha sido dejada al azar: la instrucción de manera integral de estos profesionales ha sido confiada a las universidades, y en una columna anterior comentaba ya sobre la necesidad de integración de estos especialistas en el quehacer cotidiano de las empresas productivas de los diferentes ramos de la actividad industrial humana, y por ende, en su economía. Hoy llevo esta idea un paso más adelante, hacia la integración del bioeticista en los campos de la política, acercándolos a los centros del debate y sitios de decisión humanos que rigen el convivir de las sociedades en las diferentes culturas. ¿Quién mejor preparado en los dilemas de nuestra era y de nuestra conflictuada relación con la naturaleza, con la mira puesta en la supervivencia global que los bioeticistas? Ni siquiera es necesario desglosar uno a uno los retos de nuestra especie para comprender que necesitamos una guía experta y profesional que nos saque del embrollo en el que estamos metidos, al haber abusado de la naturaleza durante tantos años de deseada prosperidad económica y tecnológica, saqueando y sonsacando los recursos disponibles, lo cual solamente ha erosionado nuestras reservas y nuestra naturaleza biológica.

Las ventajas de los bioeticistas profesionales son múltiples, y son a su vez óptimas para las actividades políticas, de corte público y poblacional: formación en ética, bioética y moral personal y con miras a la colectividad; experiencia en la resolución de dilemas, que son asuntos con varias posibilidades de solución, todas ellas válidas, para lo cual se tiene que conformar una respuesta óptima individualizada al lugar y circunstancia; tienen formación y experiencia para el debate, actividad necesaria para cualquier acuerdo; experiencia y formación, finalmente, para buscar el consenso, requisito indispensable para poder acordar cursos de actuación colectiva. Adicionalmente, estaría presente el prestigio ganado en probidad y actuaciones impecables, a raíz de la formación íntegra por definición recibida y del comportamiento ejemplar sine qua non de estos profesionales, todo ello garantes en buena medida de actuación óptima e inobjetable.

Pero, ¿quieren los bioeticistas actuar en política? Esto ya sería mucho más difícil de responder. La formación de bioeticistas es un proceso arduo, y en su perfeccionamiento se emplea toda una vida que no quiere ser desperdiciada en meros escarceos políticos tentativos. La política es un azar al que alguien, así formado y comprometido, no se sometería fácilmente de forma voluntaria, máxime cuando existe el desprestigio hoy día de los funcionarios y políticos en la realidad contemporánea nuestra. Lejos estamos en estos tiempos de lo descrito en La República de Platón en cuanto a las aplicaciones óptimas de las variantes teóricas de gobierno posibles, eludiendo las formas más indeseables (dictadura, aristocracia y otras) como aquellos que se alejan más de la forma ideal y óptima de gobernar, eligiendo las formas más prometedoras (república por ejemplo), para llevar a su mejor destino a la sociedad, destino orientado a la consecución de sus intereses más anhelados en consonancia con una convivencia armónica, resolviendo tanto los asuntos apremiantes y de resolución inmediata, como los de largo plazo, que requieren de involucramiento humano de mayor envergadura.

¿Qué se requiere para avanzar? Alguna agrupación formada ad hoc provista de los elementos y recursos. A continuación, elementos básicos de punto de partida, tales como ideales, postulados, principios y valores fundamentales, que debieran poder abrirse paso bajo la tutela de un visionario y líder que le preste su guía y empuje iniciales, para agrupar alrededor de todo ello a otros ciudadanos (bioeticistas estamos postulando) dispuestos a sacrificar su actuación personal privada en aras de la vida pública y el servicio al prójimo, a la causa del bien de todos. Se ha dicho que el gobierno de transición necesario desde el gobierno actual dominado por los políticos hacia la meta final del gobierno en manos de los líderes espirituales, tendría que pasar primero por la de los líderes científicos. Los bioeticistas son, como representantes de una forma de ciencia del comportamiento humano, y siguiendo esta utopía, el posible inicio de un mundo mejor a través de estos líderes perfeccionados, con miras al logro de nuestras metas más anheladas para nuestra gente, para nuestras poblaciones, esperanzadas en que exista, ya no se diga una realidad deseada, sino que adicionalmente, un futuro para todos nosotros.

Estos grupos así conformados en un partido político, podrán ser de corte laico, seglar e incluyente, o de corte secular, basado en una tradición ancestral a partir de un sistema de creencia organizado (en otras palabras, de derecha o de izquierda, como se ha postulado tradicionalmente en los sistemas contemporáneos). Las posturas hacia una u otra orientación deberían en todo caso enriquecer las ofertas ideológicas que se postulen en su momento. ¿Habrá candidatos que quieran conformar tales organizaciones? ¿Se postularán futuros ciudadanos con este perfil? ¿Volverá la humanidad a la sensatez y al sentido común, a las acciones preventivas y curativas de nuestra sociedad amenazada? ¿Podremos contar con los mejores elementos, con las mejores cabezas disponibles para resolver nuestros dilemas pendientes? El exhorto a la cooperación está abierto, como lo ha estado siempre. Necesitamos ahora echar mano de nuestros recursos modernos, tal y como lo postula nuestra reciente teoría Bioética y los bioeticistas nacientes, para soluciones efectivas y eficientes para todos. Nuestro planeta depende más que nunca de estas soluciones.

 

@bioeticaunam

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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