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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Los cuidados y los días: costumbre y biología en la mujer
El trabajo de cuidados es indispensable para que una comunidad prospere, se desarrolle y genere lazos de paz, pero cuando estas tareas representan desventajas y detrimento para quien las practica, se trata, sin duda, de un asunto de injusticia.
Por Elisa Santamaría Cruces
1 de mayo, 2019
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Cuando hablo de feminismo a mis alumnos de bachillerato —el tema forma parte del programa académico— suelo recomendarles que vean antes la película Antonia, ciertamente por su temática, pero además, porque fue la película que me mostró, también en la adolescencia, la realidad de las mujeres. La película aborda con gran belleza la lucha de un grupo de mujeres por ganarse los propios derechos. La trama retrata, a modo de cuento, las costumbres de un pueblo holandés en los años cincuenta, las labores que por costumbre han sido adjudicadas (casi) exclusivamente a las mujeres. Me refiero al asunto de los cuidados, que involucra las tareas propias del hogar, la crianza y la atención a los más allegados, aspecto que implica también la vida sexual. Los cuidados es un término amable para hacer referencia al trabajo no remunerado. Este filme da la ocasión de poner sobre la mesa aquello que se da por descontado en el día a día, lo que hay detrás de la casa limpia y la comida lista.

Hoy día, a pesar de la progresiva presencia de las mujeres en el campo laboral, ellas continúan siendo las principales responsables de los cuidados; la situación es la misma en casi cualquier parte del mundo, lo mismo si hablamos de América, África o Europa. Las diferencias son cuantitativas. Según el informe Hombres y mujeres en México 2018 (p. 161) el promedio de tiempo invertido por semana a los cuidados es tres veces mayor en la mujer que en el hombre. Esta sobrecarga de trabajo tiene consecuencias que afectan la vida de las mujeres. De acuerdo con el INEGI e INMUJERES, la división del trabajo en función del sexo, forjada cultural y socialmente, ha sido la principal causante de la desigualdad entre mujeres y hombres. Tales estudios son valiosos pues indican cuál es la participación de los integrantes del hogar en las labores domésticas; muestran si, en efecto, existe una sobrecarga de trabajo para ellas, si esto representa una barrera para su inserción laboral y si causa su condición —real o posible— de pobreza. Otros estudios muestran igualmente la complejidad de la situación de las mujeres, por ejemplo, el informe Desigualdades en México 2018 y el no tan reciente Mujeres de maíz (1997) de G. Rovira, donde la pobreza y el hecho de ser mujer están altamente vinculados, principalmente en algunas regiones de México.

Es claro que la cultura tiene gran impacto en nuestro actuar, pero cuando ésta genera desigualdad es necesario cambiarla. Resultan dudosas —por su parcialidad— las justificaciones que defienden las desigualdades apelando únicamente a las costumbres, aludiendo a la férrea creencia de que a las mujeres se les da “por naturaleza” los cuidados y que poseen herramientas innatas que condicionan su posición en la sociedad.

Cuando se trata de disposiciones naturales entramos en terreno científico. ¿Existen realmente disposiciones naturales que nos determinen a actuar como actuamos? Las neurocientíficas Louann Brizendine y Melissa Hines han dedicado gran parte de su obra a la diferencia de los sexos. La relevancia de estas neurocientíficas es importante porque los estudios sobre la diferencia entre los cerebros de hombres y mujeres han sido elaborados casi exclusivamente por hombres, mismos que, en ocasiones, han mezclado sus creencias culturales y personales con las investigaciones, generando así una deformación deliberada de los hechos científicos. Brizendine afirma que el cerebro tiene sexo, así como cada una de nuestras células, lo que determina la forma de nuestro comportamiento y el aprendizaje; sin embargo, el coeficiente intelectual es el mismo. Esto significa que, en el ámbito neurocientífico, no hay razón para que la mujer tenga desventaja en las oportunidades académicas o en los cargos de mando y poder.

De acuerdo con Brizendine en El cerebro femenino, la diferencia principal es causada por las hormonas. Estas actúan desde el útero en el momento en que se configura nuestro sexo condicionando gran parte de nuestro comportamiento antes de que la cultura logre tener un impacto en nosotros. Los estudios realizados en humanos (y otros primates) han mostrado que, en efecto, las niñas muestran gusto por juguetes que impliquen comunicación y cuidado, mientras que los niños se dirigen más a lo mecánico y a lo que representa fuerza (1). Ambas investigadoras indican —a partir de observaciones y no de experimentos reales— que la fantasía de cada niño está condicionada con cierta predilección a cosas o juguetes que se relacionan con los géneros y roles. Sin embargo, ¿esto validaría la mencionada situación de las mujeres?

Resulta de suma importancia señalar que los experimentos sobre el impacto de las hormonas en el comportamiento se han llevado a cabo exclusivamente con animales no humanos. La manipulación hormonal para detectar la influencia de las hormonas en la conducta humana ha sido un terreno poco estudiado (2). Resulta peligroso “llegar a pensar que actualmente existe una base neurocientífica que explica las diferencias de género y que puede justificar las diferencias sociales que se han desprendido de dichas diferencias” (3). Es claro que las investigaciones aludidas son ricas en datos detallados que, por obvias razones, no podemos abordar ahora. Lo destacable es que aún no existen resultados que induzcan a pensar de manera válida que existen disposiciones naturales por las cuales las mujeres lleven a cabo los cuidados.

Lo que sabemos con certeza es, sin necesidad de realizar experimentos de laboratorio, que la mayoría de los seres humanos, sean hombres o mujeres, es capaz de adaptarse a diversas circunstancias, de cuidar del otro y de sí mismo si la situación lo requiere. La labor de los cuidados es indispensable para que una comunidad prospere, se desarrolle y genere lazos de paz, pero cuando estas tareas representan desventajas y detrimento para quien las practica, se trata, sin duda, de un asunto de injusticia.

El título de esta nota hace clara alusión a Los trabajos y los días de Hesiodo, obra que ha representado la primera expresión poética de una desigualdad social y de los asuntos de injusticia entre los seres humanos, mostrando la necesidad de repensar la justicia, el valor del mérito y de los frutos del trabajo. Para lograr tales cambios, hemos de ampliar la mirada y percatarnos de que algunas de las respuestas a nuestras preguntas las hallamos en influencias transformadoras como en la educación, el arte, la literatura o el cine, como en Antonia.

* Elisa Santamaría Cruces es licenciada en Filosofía por la UNAM y tiene estudios de maestría en esa misma institución y en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona. Se especializa en los campos de metafísica, ontología y ética y sus principales líneas de investigación son la fenomenología, la filosofía moral, la racionalidad práctica y las neurociencias. Actualmente es parte del Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica IN404418 de la UNAM, titulado “Redefinir la razón práctica: contribuciones y límites de la neurobiologización de la moral”.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

(1) Louann Brizendine, El cerebro femenino, Del nuevo extremo, Argentina, pp. 35-36.

(2) Miriam Padilla, “El cerebro sexuado”, p. 71, en Pedro García Ruíz et al (coord.), Ética y neurociencias. La naturalización de la filosofía moral, México, FFL-UNAM, 2018.

(3) Ibid., p. 77

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