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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Los problemas ocultos de congelar óvulos como seguro reproductivo
¿Cuál es el problema que se busca solucionar con la vitrificación? Lo que se señala como ventajoso es la postergación de la maternidad. Pero el problema no es sólo médico sino también de corte social; ¿entonces por qué recurrir sólo a una solución biotecnológica?
Por PUB UNAM
15 de julio, 2015
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Por: Sandra González Santos, profesora de la UIA, miembro del PUB-UNAM.

Últimamente se ha presentado la práctica de congelar óvulos (o su versión moderna conocida como vitrificar) como una ‘opción’ para que la mujer pueda conservar su fertilidad cuando no quiere o no puede ser madre a la edad ‘óptima’. Esto parece plantear diversos problemas: 1) porque distorsiona el problema que dice resolver (la maternidad postergada) al hacerlo parecer como un problema sólo individual y biológico (de la mujer y su reloj biológico), cuando en realidad también es un problema social; 2) porque al promover una solución biotecnológica oculta el problema social en sí, al igual que sus posibles soluciones (como, por ejemplo, la adopción); y 3) porque genera nuevos problemas sociales y biológicos.

¿Qué es la vitrificación de óvulos y para qué se dice que sirve?

En un principio se sugería congelar óvulos cuando una mujer se iba a someter a un tratamiento tóxico que ponía en riesgo su fertilidad (como la quimioterapia). Pero ahora se promueve como estrategia para ‘preservar’ la fertilidad cuando se busca posponer el embarazo más allá de la ‘edad óptima reproductiva’. Las empresas de biotecnología y las clínicas de reproducción asistida promueven este procedimiento diciendo que congelar óvulos permite a la mujer pausar su envejecimiento reproductivo. Enmarcan el procedimiento como una especie de seguridad reproductiva o como otro método de control de la reproducción, que le permite a la mujer decidir cuándo quiere tener hijos y postergar así el embarazo sin necesidad de preocuparse por los mandatos del reloj biológico. El planteamiento es el siguiente: si una joven congela sus óvulos, cuando quiera ser madre en el futuro, podrá usarlos. Así, en lugar de buscar el embarazo con óvulos de mayor edad, lo hace con los óvulos jóvenes que quedaron suspendidos en el tiempo al ser congelados. El argumento se sustenta en la idea de que el ‘reloj biológico’ de la mujer marca el fin de la edad reproductiva óptima alrededor de los 35 años de edad, y detona alarmas de deseo-maternal cuando esta ventana de oportunidad se está cerrando, haciendo que la mujer que antes no buscaba ser madre quiera serlo repentinamente (porque según esto todas tenemos ese instinto maternal).

¿Cómo funciona?

La congelación de óvulos tuvo su primer reporte de éxito en 1986, cuando nació el primer bebé concebido con esta técnica. El procedimiento requiere que la mujer se someta a un proceso de estimulación ovárica para generar más óvulos maduros de los que se producen en ciclos normales, lo que implica aproximadamente dos semanas de hormonas inyectadas. Luego se somete a una punción ovárica (vía vaginal) para extraer los óvulos de los ovarios. Una vez fuera del cuerpo, los óvulos se preparan con una solución crioprotectora para ser congelados. Después se introducen en unos tubitos y se sumergen en tanques de nitrógeno líquido donde estarán a -196˚C. Allí permanecen hasta que sean requeridos para fines reproductivos. En ese momento se descongelan y se someten al proceso de fecundación in vitro (FIV) o inyección intracitoplasmática de espermas (ICSI) con la esperanza de que se fecunden, se implanten, se desarrolle el embarazo y todo termine en un bebé sano.

Entonces, ¿cuál es el problema?

  1. Oculta un problema biológico

La idea de vitrificar óvulos como seguro reproductivo conlleva cuando menos tres puntos cuestionables de orden biológico. Primero, en el planteamiento pareciera que lo único que importa es que no envejezca el óvulo. ¿Y el resto del cuerpo, el útero, el endometrio, el metabolismo? ¿Acaso no importa que estos se vean afectados por el tiempo? Segundo, se habla poco de los riesgos que conlleva este procedimiento, por ejemplo, riesgos para la mujer por la estimulación y punción ovárica o riesgos para el óvulo-luego-bebé por los efectos del proceso de congelación, descongelación y del uso de crioprotectores. No hay datos claros ni precisos sobre la frecuencia con la que ocurren casos de hiperestimulación ovárica o daños colaterales a las punciones ováricas; tampoco conocemos los efectos a largo plazo por el uso de hormonas en las mujeres que recurren a la reproducción asistida ni en la salud de los niños nacidos con ayuda de ella. El hecho de que no se sepan con claridad estos datos queda oculto en el discurso a favor de estas técnicas. Tercero, se ignora que para lograr el embarazo es necesario descongelar los óvulos sin dañarlos, lograr su fecundación e implantación y el desarrollo del embrión. Entonces, congelar óvulos no es seguridad solo de tener óvulos congelados.

  1. Oculta un problema de inequidad social

¿Cuál es el problema que buscamos solucionar con la vitrificación? Lo que se señala como ventajoso es la postergación de la maternidad. Pero el problema no es sólo médico sino también de corte social;  ¿entonces por qué recurrir sólo a una solución biotecnológica? Las mujeres que usan la vitrificación para ‘conservar su fertilidad’ no son infértiles, sólo no quieren tener hijos en ese momento (a sus veintitantos). En mi investigación sobre el uso de técnicas de reproducción asistida en México, encontré que aquellas mujeres y parejas que postergaban la maternidad/paternidad lo hacían por razones profesionales (querían desarrollar su carrera profesional), económicas (querían ser estables económicamente), socio-emocionales (querían encontrar pareja o solidificar la relación en la que estaban), o porque no estaban seguras de querer ser madres/padres. En el trasfondo de algunas de estas razones se encuentra un tema laboral. Por ejemplo, la edad en la que la biología favorece la reproducción es la misma edad en la que la sociedad permite y exige la producción. Es decir, la vida profesional ‘debe’ desarrollarse y estar consolidada para los cuarenta (¿cuántas solicitudes de trabajo, de becas, de apoyos para proyectos, etc. ponen un límite de edad para las solicitantes?) y al mismo tiempo uno debe reproducirse igual antes de los cuarenta; de lo contrario estás, en palabras de Mafalda, “medio ñac” profesional y reproductivamente. ¿Por qué no mejor modificar la estructura laboral para dar oportunidad tanto a jóvenes como a maduros, o acaso la vitrificación es la única manera en la que las mujeres pueden ser profesionistas y madres?

  1. Oculta un problema económico-político

La vitrificación es un proceso costoso (hay que pagar hormonas, procedimientos, congelación, mantenimiento). Si las personas se están esperando a ser padres y madres para justamente tener estabilidad económica, ¿podrán pagar los altos costos de la vitrificación? Aquí es donde compañías como Facebook y Apple encontraron una oportunidad: incluir este procedimiento en su paquete de seguro médico para que sus empleadas puedan ‘decidir’ cuándo quieren ser madres; claro, después de ofrecer sus ‘mejores años’ a la compañía. De nuevo, la idea de vitrificar es una aparente solución que oculta problemas de bajos salarios, inequidad salarial en términos de género y condiciones de trabajo que dificultan que madres y padres se involucren en cuidar a sus hijos sin perder su empleo. ¿Qué exigencias laborales se les van a pedir a las mujeres cuando se les ofrecen estos ‘seguros reproductivos’?

  1. Oculta un problema ético

¿A quién beneficia la vitrificación de óvulos? La respuesta inmediata sería “pues a las mujeres”, pero me parece que los primeros beneficiados son los que ofrecen estos servicios: las compañías y clínicas, los que desarrollan los materiales para que esto sea posible, y los especialistas que lo hacen. Las compañías y clínicas que ofrecen la vitrificación juegan con los deseos, esperanzas y confianza de la gente. Congelar óvulos no es una seguridad de nada, más que de tener óvulos congelados; un bebé sano en casa requiere de mucho más que eso.

  1. Oculta otras posibles opciones

Hay otras posibles soluciones a la infertilidad, por ejemplo: la adopción. ¿Por qué no mejor promover la adopción en casos en los que una persona desea tener hijos? ¿Por qué no emprender campañas de des-estigmatización de la adopción? ¿Por qué no hacer divulgación y difusión de los métodos y formas que hay para adoptar, en lugar de campañas para promover la vitrificación de óvulos?

  1. Oculta otros futuros problemas

¿Qué pasa si una mujer cree en la vitrificación, invierte su tiempo y dinero en esto cuando es joven, confía en su seguro de fertilidad, y cuando llega el momento de querer canjear su seguro, éste no funciona? ¿Qué pasa si la clínica donde se encuentran los óvulos vitrificados se ve en problemas económicos y tiene que cerrar? No cabe la menor duda de que la vitrificación de óvulos es una técnica que puede ser opción para algunas personas. Pero es momento de evaluar las consecuencias, intencionadas y no intencionadas, del uso de ciertas tecnologías y ver si una solución de tipo social no es más efectiva; es momento de dejar de impresionarnos por lo que podemos hacer con la tecnología (en términos de máquinas y técnicas) y comenzar a admirarnos de lo que podemos hacer con transformaciones sociales.

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