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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Los refrescos y el poder del consumidor
El gusto por las bebidas azucaradas se encuentra dentro de un problema mayor, además del de salud: la generación excesiva de botellas PET.
Por Rebeca Lugo Hernández
16 de octubre, 2019
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Si compramos una botella de refresco de 600 ml, nos costará 14 pesos (14% del salario mínimo) y nos llevará entre 30 y 45 minutos terminarla. En ese lapso habremos consumido entre 12 y 15 cucharadas de azúcar, el doble de lo recomendado al día por la OMS. Después, cuando depositemos el envase en el basurero (si lo hacemos), este se irá con el resto de la basura y, si se queda enterrado, tardará alrededor de 1000 años en degradarse. ¿Todo esto por un placer de media hora?

El gusto por las bebidas azucaradas se encuentra dentro de un problema mayor: la generación excesiva de botellas PET. Este material, entre otros tipos de plástico, tiene muchas consecuencias negativas en el medio ambiente: tarda de 100 a mil años en degradarse, contamina ríos y mares, tapa coladeras e incluso se han discutido las repercusiones negativas en la salud, como afecciones respiratorias al consumir de manera continua las partículas que desprende el material. La generación excesiva de PET es similar al efecto que causa lanzar una piedra al agua: las consecuencias se expanden a diversos sectores.

En la Ciudad de México se gastan alrededor de cuatro mil millones de pesos al año en agua embotellada, consecuencia de la desconfianza que se tiene al sistema de agua potable; sin embargo existen soluciones, como el mantenimiento de tinacos, cisternas y purificadoras, además de la cómoda opción de transportar el líquido en botellas de vidrio o de acero inoxidable, las cuales son más económicas, hechas con materiales seguros para la salud y más duraderos que el PET, el plástico o el aluminio. Tan sólo en un año, comprando agua embotellada de 1 litro por $6, una persona se gasta $1,440; en tanto que una botella de acero inoxidable o de vidrio, cuyos materiales no son dañinos, tienen un costo promedio de $350.

No obstante, ¿qué pasa con las bebidas azucaradas embotelladas? En 2018, la marca más elegida en México fue una refresquera, mientras que en 2016 la industria vendió alrededor de 18 mil 824 litros de refresco. A su vez, se calcula que el mexicano promedio consume alrededor de 163 litros de bebidas azucaradas al año. Este fenómeno repercute en distintos niveles.

A nivel económico, se habla de todos los empleos que genera la industria, de los programas en los que invierten para impulsar la salud y el porcentaje que representa en el PIB nacional; pero no se habla del gran gasto que representa para las familias mexicanas, las cuales tienden a ser las menos beneficiadas al realizar un gasto evitable. No menos importantes son las repercusiones en la salud, pues contribuye al gran consumo de azúcares en los mexicanos, provocando un alto riesgo de obesidad y malnutrición que nos mantiene en el segundo lugar a nivel mundial en la frecuencia de estas enfermedades; parece inconcebible que cada año gastemos tanto dinero para consumir alrededor de 18 mil 824 litros de bebidas que perjudican nuestra salud y que a largo plazo causarán problemas aún más costosos.

Finalmente, a nivel del medio ambiente, los residuos constituyen un porcentaje importante de las botellas PET que, simplemente, se desechan; en México, de los 300 millones de toneladas de plástico que se producen, sólo un 3% se reciclan. Como mencionábamos, ya hay alternativas para dejar de consumir el agua embotellada y las bebidas azucaradas también tienen la opción del vidrio retornable. Sin embargo, representan un gusto del que podemos prescindir, que no va más allá de un placer momentáneo y en el que la solución para disminuir su huella ecológica reside únicamente en nuestra elección.

Ambos problemas, el consumo excesivo de botellas PET y el de bebidas azucaradas, van encaminados hacia una misma dirección: la falta de consciencia que tenemos como consumidores.

La cuestión no radica en preguntarnos si estas bebidas deban prohibirse o no; de lo que se trata es de pensar mejor lo que estamos consumiendo y el impacto que tiene tanto en nuestra vida como en el medio ambiente; de medir nuestro consumo de acuerdo con la calidad de salud que queremos tener y nuestras posibilidades económicas, y de ser conscientes de que si bien hoy en día tenemos la libertad de poder elegir el producto que queramos en el mercado, esta libertad se ve coartada en el momento en que la publicidad mediática opaca la reflexión. Ejerzamos nuestra libertad de elección de manera responsable.

* Rebeca Lugo Hernández está concluyendo la Licenciatura en Filosofía en la UNAM y lleva a cabo su servicio social en el @bioeticaunam.

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