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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Matrimonios igualitarios, familias reconocidas
Las diferentes comunidades morales tienen derecho a expresar su opinión sobre el matrimonio igualitario, pero no pueden formar parte de las decisiones legales al respecto. ¿Por qué? Porque su sesgo ideológico pretende imponer como verdad solo ciertas formas de vida y organización social y familiar, dejando de lado y discriminando la realidad diversa que plantea el mundo actual.
Por PUB UNAM
1 de junio, 2016
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Por: Adriana Segovia Urbano (@NASegovia)

Hace quince años estaba en el velorio de Arturo, la pareja de mi querido amigo Luis durante los últimos cinco años, cuando de repente Luis tuvo que irse. Tenía que ir a sacar todas sus cosas del departamento que habían compartido todo ese tiempo, porque “la familia” de Arturo iba a tomar posesión del mismo en ese momento. Como si su relación con Luis no lo hubiera convertido en su familia más cercana durante esos últimos años, incluyendo su enfermedad y su muerte. No conozco ninguna historia de una viuda o viudo heterosexual que haya pasado por eso. Esta es una mínima viñeta entre tantas historias de parejas homosexuales despojadas por siglos de sus derechos de propiedad, de decisión, de herencia, de legitimidad de su existencia.

Estas historias fueron cambiando en la Ciudad de México a partir de la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo en diciembre de 2009, cuando la Asamblea Legislativa aprobó la enmienda al artículo 146 del Código Civil para el DF, mismo que después fue declarado constitucional por la Suprema Corte de Justicia, en agosto de 2010. En ese momento, el antecedente del Programa Universitario de Bioética, el Seminario de Investigación de Ética y Bioética dirigido por Juliana González, emitió una opinión a la Corte al respecto, y que fue considerada por la misma. Ese documento subraya estos conceptos fundamentales del debate y la argumentación a favor de estas uniones: derechos humanos, derechos de minorías, justicia, diversidad, y constituye un ejemplo del papel de la Bioética en estos debates actuales.

A raíz de la reciente iniciativa del presidente Enrique Peña Nieto para la aprobación de los matrimonios entre personas de mismo sexo en todo el país, el debate que hace siete años revolucionó a la Ciudad de México hoy se esparce por todo el territorio mexicano y los argumentos conservadores amenazan nuevamente con violentar estos avances. De ahí que sea importante seguir aclarando en cuanto foro público y académico que se tenga a la mano cómo esto es una cuestión de derechos y no de creencias, y cómo tiene repercusiones inmediatas en una visión cultural más respetuosa de la diversidad.

Para María Casado, el sentido más profundo de la Bioética es colaborar en cuestiones que atañen de manera nueva a los derechos humanos y el debate bioético no puede estar condicionado por los marcos de creencias determinadas que afectan a quienes las poseen, pero no a la sociedad en su conjunto. La bioética es un diálogo interdisciplinario como recurso privilegiado de la reflexión y creación de consensos sobre la complejidad de las problemáticas modernas. En principio, y en sentido amplio, esos desafíos modernos se refieren a la vulnerabilidad de la vida. La bioética reconoce la pluralidad de opciones morales que caracteriza a las sociedades actuales (comunidades morales) e intenta establecer acuerdos mínimos. Un marco base para el establecimiento de tales acuerdos lo constituye el respeto a los derechos humanos, el mínimo ético irrenunciable sobre el que se asientan las sociedades democráticas.

En las democracias debe considerarse las situaciones de los vulnerables como responsabilidad de la sociedad en su conjunto. Por tanto, las leyes y las políticas públicas deben garantizar las formas de vida de estas poblaciones y no solo las pertenecientes a las mayorías.

Es importante destacar el reconocimiento de la existencia de comunidades morales que dialogan, pero no todas las corrientes ideológicas respetan los derechos de las minorías o los vulnerables, por eso dice María Casado: “Frente a las posturas que preconizan la existencia de verdades absolutas e incontrovertibles, se propone que cualquier juicio moral esté sujeto a la discusión y a la crítica racional”.

Por tanto, en lo que se refiere a la discusión sobre la legalización de las uniones de parejas del mismo sexo, ahora a nivel nacional, las diferentes comunidades morales tienen derecho a expresar su opinión, pero no pueden formar parte de las decisiones legales al respecto, ya que su sesgo ideológico pretende imponer como verdad, con argumentos de corte religioso a veces presentados como científicos o “naturales”, solo ciertas formas de vida y organización social y familiar, dejando de lado y discriminando la realidad diversa que plantea el mundo actual.

Me parece oportuno recordar el Posicionamiento del Observatorio de Familias y Políticas Públicas en relación al recurso de inconstitucionalidad impulsado por la Procuraduría General de la República contra las reformas a los Códigos Civil y de Procedimientos Civiles del Distrito Federal, del 21 de diciembre de 2009, que modifican la definición del matrimonio civil. Este recurso no prosperó, pero habría permitido echar abajo las reformas mencionadas en el Distrito Federal. El recurso es ejemplo de un discurso de sesgo religioso, conservador y naturalista, presentado como racional y académico.

El documento del Observatorio levanta argumentos éticos y jurídicos para el reconocimiento a la diversidad de los arreglos familiares y su derecho a la protección y salvaguarda del Estado. Rebate argumentos sobre la homosexualidad como enfermedad o perversión psicológica o antinatural. Y reconoce a las comunidades morales, diciendo: “esta postura no puede ser validada ni promovida por las leyes, aunque se respete su existencia”. Cuestiona a quienes definen el matrimonio “natural” como el constituido solo por hombre y mujer, y la intención de mantener una idea única de familia, así como modelos estereotipados en las identidades de hombre y mujer, asociados a la orientación heterosexual como única natural, ya que resulta discriminatoria. Concluye el Observatorio: “Lo esencial en las familias son los vínculos y el tipo de relaciones que se tejen en ellas, y los valores para la vida democrática y ciudadana: libertad, solidaridad, equidad, respeto, igualdad y tolerancia”. Es decir, lo importante en las familias no son sus componentes sino sus vínculos.

Desde mi especialidad de terapeuta familiar, y en relación a este tema, considero esencial entenderla como una práctica que debe posicionarse política y académicamente para recoger los debates actuales que afectan la organización de las familias, especialmente en situaciones vulnerables, para mirar e intervenir con esa visión, y al mismo tiempo recoger el conocimiento sobre éstas generado en la práctica y llevarlo a enriquecer el debate bioético.

En este sentido, retomo la reflexión de Guadalupe Ordaz que vincula los Derechos humanos y terapia familiar, que propone, por ejemplo, hacer intervenciones terapéuticas que reconozcan a las familias y a las personas como sujetos de derechos, no como beneficiarios de un servicio; trabajar en el reconocimiento de los mismos como sujetos de derechos, y deconstruir situaciones de injusticia y vulnerabilidad que se presentan en la familia y en lo social.

Esta visión de derechos en las prácticas psicológicas es fundamental, ya que, como demuestra Andrea Angulo en su investigación sobre la práctica psicológica y salud en familias homoparentales en México, muchos ámbitos profesionales de la psicología que no han alcanzado una conciencia en este sentido, o bien no tienen una postura de derechos humanos en su práctica, tienden a patologizar el tema homosexual en consulta. Por ejemplo, tienden a promover que las personas o familias se vuelvan “normales”, o bien explican los problemas de las personas y las familias desde lo intrapsíquico, y no como producto de un contexto, de una discriminación social, por ejemplo. Estas prácticas abonan a la discriminación de estas familias versus abonar en el reconocimiento de sus derechos.

Esta investigación también rebate las predicciones catastrofistas sobre las familias homoparentales, con base en argumentaciones sólidas: “Las predicciones apocalípticas que socialmente se habían pronosticado en el caso del reconocimiento jurídico de las uniones homosexuales y de sus adopciones, no han sucedido en los países en que se ha estudiado el fenómeno”. Esta demostración científica constituye evidencia de que lo central para la vida humana no radica en la composición de las familias sino en la salud de sus relaciones.

Por último señalo como parte de mi experiencia terapéutica, que a partir de la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo en la Ciudad de México, he observado el cambio cultural y de visión que se ha producido en las familias, porque gracias a la generalización de esta práctica, la visibilización y legitimidad de estas uniones va siendo cada vez más aceptada, y va siendo más “normal” hablar de “esposos, esposas, suegras, hijos” alrededor de las parejas homosexuales, con sus consecuentes derechos. Esto significa que los matrimonios igualitarios les han permitido, finalmente, nombrarse y reconocerse como familias, más allá de su ámbito privado, exactamente como todas las demás.

 

@bioeticaunam

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