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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Nado con delfines y salud pública
Las actividades de nado con delfines representan un riesgo para ambas especies, ya que las infecciones pueden transmitirse de una a otra. La mayoría de los nadadores ignoran los riesgos a los que se exponen, y cuando adquieren enfermedades infecciosas no lo relacionan con el contacto previo con delfines y su medio acuático.
Por Yolanda Alaniz Pasini
21 de octubre, 2020
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En los últimos años, con una creciente promoción en destinos de turismo de playa, se oferta el nado con delfines como una actividad recreativa que representaría para los visitantes una experiencia única en la vida. Los grupos de nadadores pueden variar de seis a 12 personas por un par de delfines y la actividad implica inmersión ya sea en un estanque de concreto o en un corral marino, donde durante una sesión se los toca, se los acaricia, se les toman las aletas, se los abraza o besa y se nada impulsado por dos de ellos que empujan los talones (foot push), o recostado sobre el abdomen de alguno, asido de sus aletas.

Por su naturaleza, el nado con delfines es una experiencia de riesgo para los participantes. Los delfines, aun los nacidos en cautiverio, son animales silvestres, predadores, no domésticos. Además, las aguas de los encierros, sobre todo en piscinas, son excelentes caldos de cultivo para la proliferación de gérmenes patógenos, ya que los delfines orinan y excretan allí. Actualmente, las empresas ofrecen protocolos de seguridad post COVID-19, como uso de cubrebocas, distanciamiento social, toma de temperatura, dispensadores de gel antibacterial y tapetes sanitizantes. Pero todo ello se refiere a las instalaciones para uso exclusivamente humano; una vez en el agua con los delfines, nada de eso aplica.

Por un lado, las personas que entran al estanque con los delfines pueden sufrir un ataque por parte de éstos, ya sea por mordedura o por golpes, debido a que las condiciones propias del cautiverio conllevan un estrés continuo: los delfines no sólo padecen la pérdida de la libertad sino también del control de todas sus actividades, como nadar, protegerse o comer, por parte de seres humanos, y son sometidos a interacción forzada; en estas condiciones, el estrés y la frustración pueden provocar reacciones violentas en respuesta a lo que el delfín puede experimentar como acoso sobre sí. Los delfinarios ocultan estos hechos y no los reportan a las autoridades para evitar pérdidas económicas o cuestionamientos por parte del turismo y de las asociaciones protectoras y de bienestar animal, pero éstos se encuentran documentados.

Por otro lado, existe el riesgo de contraer enfermedades infecciosas por virus, bacterias, hongos o parásitos. El contagio puede darse por contacto directo, por aspirar el espray que arroja su respiración o por ingerir agua accidentalmente. En 2001 investigadores especializados en medicina veterinaria y epidemiología realizaron una encuesta a trabajadores de delfinarios. El 23% de los encuestados reconoció haber padecido algún tipo de erupción o afección cutánea, conjuntivitis y/o dermatitis viral o bacteriana; del total de afecciones cutáneas, el 64% se produjo después de contacto directo con mamíferos marinos, mientras que un 36% ocurrió después de una mordedura; la probabilidad de adquirir una infección aumentaba si se había trabajado más de cinco años en contacto con los delfines, o si se había tenido contacto con tejidos, sangre o excretas.

Existen registros de contagio de Mycobacterium marinum por mordida de delfín desde 1970, aunque las infecciones por erisipelas se documentaron desde finales de los años cincuentas. A su vez, las infecciones por virus en la piel de delfines cautivos por virus (Cetacean poxvirus), que causan el llamado “tatuaje” (Tatoo Skin Disease), y erisipelas (Erysipelothrix rhusio-pathiae) han conducido a investigadores a recomendar evitar el contacto con los delfines que presenten estas lesiones. También se ha encontrado brucelosis, que afecta a cetáceos y pinnípedos y puede ser transmitida a humanos que trabajan cercanamente con ellos, pero es posible que también a otras personas, resultando en una enfermedad similar a la influenza o en una enfermedad crónica con fatiga y artritis. Al igual que la salmonella, la E. coli, y otros gérmenes, la brucella puede transmitirse al ingerir agua de los estanques o corrales donde los delfines infectados han defecado.

Un estudio realizado por la UNAM en 17 delfines cautivos aparentemente sanos, a los que se les practicó aislamiento de bacterias y hongos del espiráculo u orificio respiratorio, logró aislar Staphilococcus spp., Pasteurella spp., Corinebacterium spp., Actynomices spp., Pseudomona aeuriginosa, Escherichia spp., Klebsiella oxytoca, Aeromona hidrophila y el hongo Candida albicans. De las mucosas genitales en hembras y machos se aisló Stafillococcus spp. como bacteria predominante.

Se ha detectado la presencia en suero de anticuerpos positivos contra Toxoplasmosis en delfines cautivos en México en cuatro delfinarios, en 58 de los 66 delfines estudiados.

En 2014 se aisló un tipo de coronavirus que afecta exclusivamente a delfines nariz de botella, al cual se le llamó Bottlenose Dolphin Coronavirus (BdCov). En 2019 se reportó el descubrimiento de un coronavirus distinto en cuatro delfines cautivos en San Diego, que mostraron problemas gastrointestinales (se especificó que no estaba relacionado con el SARS-CoV-2). Esto es relevante porque muestra la susceptibilidad de los delfines a los coronavirus.

En septiembre de 2020 se publicó un estudio de modelaje genómico de susceptibilidad al coronavirus SARS-CoV-2 para distintas especies de vertebrados. Éste identificó especies que podrían ser infectadas a través de su receptor proteínico ACE2, y se encontró un amplio rango de especies que comparten este receptor. Esto significaría que pueden infectarse y convertirse en reservorios. En el riesgo más alto se encuentran los primates no humanos; les siguen 12 especies de cetáceos, entre ellos los delfines nariz de botella.

La Organización Mundial de la Salud advierte que las zoonosis emergentes van en aumento, con un potencial de provocar serios problemas de salud pública y económicos. Tres cuartas partes de las enfermedades infecciosas del ser humano han sido transmitidas por animales, y la incidencia está aumentando. La historia de las últimas pandemias ha mostrado que cruzar la barrera de las especies es cada vez más fácil y frecuente, que la adaptación de los virus ocurre rápidamente y que el comportamiento humano, en sentido amplio, contribuye a la diseminación.

Las actividades de nado con delfines representan un riesgo para ambas especies, ya que las infecciones pueden transmitirse de una a otra. La mayoría de los nadadores ignoran los riesgos a los que se exponen, y cuando adquieren este tipo de enfermedades infecciosas no lo relacionan con el contacto previo con delfines y su medio acuático. Las empresas ocultan o niegan la información, dando prioridad al beneficio económico. Hoy más que nunca deben darse a conocer las condiciones de las actividades con mamíferos marinos cautivos obligados a interactuar con humanos, al igual que la crueldad inherente al cautiverio, y aplicar el Principio Precautorio que llevaría a evitar el contacto con estos animales y sumergirse en sus estanques.

Sería una medida justificada no sólo desde la perspectiva de la Salud Pública, sino también desde la de la Ética, de la responsabilidad que tenemos para con las demás especies, de respeto a su libertad y a la conservación de su hábitat. Implicaría un paso hacia una verdadera educación del ser humano para respetar la vida silvestre en libertad y frenar la voracidad del comercio con la misma.

Recomiendo ver el siguiente video sobre nado con delfín robótico:

* Yolanda Alaniz Pasini es médica cirujana. Cursó las maestrías en Salud Pública y en Antropología Social, así como los posgrados en Bioética y en Desarrollo Sustentable. Fue profesora de las asignaturas de Epidemiología y Antropología Médica en la UNAM, y de Bioética y Ética Ambiental en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeñó como Secretaria Técnica de las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados. Ha sido observadora y/o o parte de la delegación mexicana ante la Comisión Ballenera Internacional y en CITES. Actualmente es consultora para Conservación de Mamíferos Marinos de México.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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