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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Pandemia por COVID-19: De la phrónesis a la zoophrónesis
Modificar nuestras prácticas de consumo y alimentación debe generar nuevos hábitos que permitan el bienestar animal ante la nueva normalidad provocada por la pandemia.
Por Jaqueline Alcázar Morales y Ricardo Noguera Solano
15 de julio, 2020
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Estar en casa porque allá afuera existe el riesgo de contagiarse con COVID-19 es un fenómeno poco usual. Meses atrás, el bullicio de las personas en las calles, el tráfico atroz y la contaminación en sus niveles máximos era lo que conocíamos como “normalidad”; una normalidad fundamentada, incluso, en nuestras prácticas comunes de consumo y alimentación. Sin embargo, la propagación de la COVID-19 ha provocado que reconsideremos nuestro papel en el planeta.

Hoy más que nunca es fundamental reflexionar sobre los vínculos que hemos construido con la naturaleza, específicamente con los animales. Hasta hace muy poco, en la década de los setenta, pusimos la mirada en otras formas de vida animal. Los representantes de este movimiento en defensa de los animales1 como Peter Singer (2018) y Tom Regan (2016), señalan que éstos deben ser considerados moralmente debido a su capacidad sintiente y/o a sus capacidades cognitivas.

No obstante, a pesar de las diversas posturas filosóficas que se han construido a lo largo de 50 años, parece que no hemos entendido la importancia del respeto a los animales no humanos. Por esta razón, el objetivo de esta columna es replantear el vínculo que tenemos con los animales desde el ejercicio prudente de nuestra agentividad. Pareciera no ser algo nuevo porque la mayoría de los discursos filosóficos, científicos, religiosos, etcétera, suponen cierto antropocentrismo2 de fondo. Sin embargo, proponer nuevas categorías filosóficas que propicien el respeto y cuidado de los animales nos ha llevado a diversas discusiones que, desde nuestra perspectiva, aletargan el cambio en nuestros valores y prácticas.

El ejercicio de nuestra agentividad lo consideramos desde la phrónesis aristotélica o lo que llamaremos de aquí en adelante zoophrónesis, es decir, la práctica de la prudencia en el trato a los animales. Consideramos que la falta de cuidado, respeto y prudencia ha traído en parte la pandemia que hoy vivimos, así como la gripe aviar (subtipos H5N1, H7N7, H9N2) y la influenza porcina (H1N1). La crianza masiva de pollos y cerdos genera condiciones propicias para mayor posibilidad de reproducción viral y mayor número de mutaciones, las cuales, como se ha visto, facilitan el tránsito al ser humano. Y lo peor es que los animales no humanos son los más afectados en toda esta problemática.

La definición de animal racional político según Aristóteles nos puede ayudar a debatir la relación que tenemos con los animales porque implica reconocer no sólo la racionalidad humana, sino también la racionalidad y la forma de ser en el mundo de los animales no humanos, así como nuestro propio origen animal. La aplicación de la zoophrónesis en el ámbito de nuestras decisiones y de nuestras acciones directas en torno a la pandemia que vivimos podría modificar directamente el vínculo que, hasta ahora, hemos construido con los animales. Consideramos que la zoophrónesis debe basarse en el modo de ser de los animales; es decir, reconociendo sus diversas formas de logos o de lenguaje. Si comprendemos que la base del respeto a los animales no humanos se puede construir a partir de las diferencias biológicas que hay entre los seres vivos, habremos dado un paso agigantado.

De este modo, ningún animal es igual a otro, aunque pertenezcan a la misma especie. Las capacidades humanas como la racionalidad y la moral sólo fueron posibles a través de la evolución biológica, al igual que las capacidades de otros animales. Así, el concepto del ser humano entendido como deseo inteligente o inteligencia deseosa3 puede ayudarnos en este contexto; el deseo es el elemento que debe mover a los sujetos para realizar la acción y la razón nos dirá cómo hacerlo. En este sentido, la ética animal propuesta debe partir del deseo, es decir, en primer lugar debemos desear el respeto a los animales y en segundo lugar la razón nos puede dar los elementos para saber cómo relacionarnos respetuosamente con ellos.

Ahora bien, si construimos vínculos basados en la zoophrónesis podemos apelar a una vida de bienestar no sólo humano, sino que involucre a cualquier especie de animal. El bienestar o la felicidad no es un estado, es un modo de ser o un modo de vida. Practicando la virtud o la zoophrónesis se entiende que estamos siendo felices o viviendo con bienestar. Esta idea la podemos extender hacia los animales.

En este sentido, la definición aristotélica sobre la phrónesis, “el hábito práctico (de la prudencia) acompañado de razón”4, la entendemos en el contexto de la ética animal como la práctica de hábitos de cuidado y respeto a los animales no humanos. Modificar nuestras prácticas de consumo y alimentación debe generar nuevos hábitos que permitan su bienestar. La prudencia hacia ellos será la guía de nuestras acciones y de las decisiones que tomemos en cualquier aspecto de la vida. Así, proponemos que a partir de la zoophrónesis se tomen decisiones moderadas en relación con los animales, es decir, no consideramos radicalmente que debamos liberar a todos los animales o no intervenir de ninguna forma en sus vidas; pensamos que la intervención seguirá existiendo, pero la forma en la que nos vinculamos con los animales debe cambiar. Hay hábitos que sí podemos modificar, como disminuir el consumo excesivo y el desperdicio de carne, proponer límites bioéticos en el uso de animales en experimentos, la suspensión de animales para el entretenimiento, caza y pesca deportivas, y quizá, en un futuro, reconsiderar la adquisición de animales de compañía. Diversos ejemplos muestran que pueden llevar una vida silvestre.

Apelar a una vida donde podamos ejercer nuestra agentividad a partir de la zoophrónesis implica, como ya se ha escuchado en muchos rincones de nuestro planeta, una “nueva normalidad” ejercida a partir de un trato nuevo y respetuoso que implique un cambio radical en nuestro modo de ser en el mundo. La vida humana no es la única valiosa, sólo es una forma más de ser en la Tierra. Si a través de la evolución biológica hemos alcanzado un nivel importante de racionalidad y de conciencia, es momento de ejercerlas en una dirección distinta. Apelamos a la posibilidad de cambio, a que nuestra especie mire al cielo y se reconozca como una pieza más de este hermoso rompecabezas llamado planeta Tierra.

Desde el deseo inteligente o la inteligencia deseosa, deseamos que podamos desear el bien de los animales y, por medio de la razón, podamos construir un vínculo generoso hacia cualquier forma de vida. Deseamos una generosidad racional que comprenda lo valiosos e importantes que son todos los animales del planeta, y que comprendamos que la pandemia que vivimos es sólo una terrible consecuencia de nuestras acciones. Sirva de parteaguas la COVID-19 para la construcción de vínculos éticos hacia los animales.

* Jaqueline Alcázar Morales estudia el Doctorado en Humanidades en Salud en el área de Bioética y Ambiente en la Facultad de Medicina de la UNAM. Es profesora de asignatura en las Facultades de Ciencias (FC) y de Estudios Superiores Acatlán, donde también coordina el Seminario de Investigación Permanente “Bioética: ética y evolución”. Su área de especialización es Bioética y Ambiente. Contacto: [email protected]. Ricardo Noguera Solano es Profesor de Tiempo Completo de la FC y miembro del Programa Universitario de Bioética. Contacto: [email protected]

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

1 Zooética.

2 (en Herrera, 2018, p. 46).

3 (en EN 2: 1139b 4-6).

4 (en EN 4: 1040a 1-5).

 

Bibliografía

Aristóteles. (2012). Ética Nicomáquea. Universidad Nacional Autónoma de México, Coordinación de Humanidades, Programa Editorial.

Herrera, A. (2018). Nada vivo nos es ajeno. En Rivero, P. (Coord.). Zooética: una mirada filosófica a los animales (pp. 44-55). Fondo de Cultura Económica; Universidad Nacional.

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