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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Para qué sirve la bioética a los científicos
La formación de los científicos, sea cual sea su área de especialidad, puede enriquecerse notablemente con la inclusión de la filosofía y de la bioética. Es la posibilidad de lograr una educación integral, en la que se eviten los fundamentalismos.
Por PUB UNAM
30 de marzo, 2016
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Por: Juan Manuel Rodríguez Caso

Aunque cuesta reconocerlo, en honor a la verdad, todos debemos aceptar en cierta medida nuestra ignorancia sobre algún tema, lo cual no tiene por qué ponernos en desventaja o ser sujetos de críticas injustificadas. Más allá de concebirla en un sentido peyorativo, la ignorancia puede ser vista como un motor para obtener conocimiento, a partir de la idea de concebir que el no saber puede ser mucho más importante que el saber.

Ahora, por otro lado, y con las debidas distancias, en los últimos meses hemos podido ser testigos de un ejemplo de lo peligrosa que puede ser la ignorancia, consciente o inconsciente, como es el caso del precandidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, con declaraciones y promesas que buscan causar un efecto mediático, a pesar de la ignorancia que las rodea. Es claro que el extremismo (en cualquiera de sus formas) en la teoría o en la práctica resulta peligroso, sobre todo por la imposición de límites inamovibles que impiden el diálogo.

La relación entre ciencias y humanidades ha estado rodeada de polémica, en ocasiones ejemplificada hasta por los más mínimos detalles de sus respectivas prácticas. Recientemente, encontramos un artículo que plantea de una manera muy directa, y tal vez con cierta rudeza innecesaria, una situación común en el medio académico, que es la separación entre científicos y humanistas. El autor, Pascual Emmanuel Gobry, nos recuerda la enorme importancia que tiene la ciencia en nuestra vida y en el desarrollo de la sociedad, pero también hace hincapié en algo que muchas veces se prefiere ignorar, lo complicada que puede ser su comprensión, y los problemas que esto último genera. Es cierto que Gobry parte de una generalización injusta, primero, al calificar de ignorantes a quienes no conocen o saben de filosofía, y después, plantear que así como reconocidos científicos tales como Neil deGrasse-Tyson y Stephen Hawking niegan la importancia de la filosofía como parte de la formación científica, el resto de la comunidad científica pareciera asumir la misma postura. Sin embargo, esto no es necesariamente cierto.

Existen opiniones a favor de una auténtica independencia de la ciencia con respecto a posturas como el humanismo, el ateísmo y la religión, que plantean la enorme necesidad de puentes de diálogo antes de planteamientos dogmáticos, esta última postura sostenida desde importantes asociaciones de científicos, como la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, en inglés), que a su vez ha tomado gran fuerza como respuesta a la postura surgida de decisiones como las tomadas el año pasado en universidades japonesas, que bien redujeron o incluso eliminaron programas de ciencias sociales y humanidades, a partir de la lógica de impulsar únicamente investigación y enseñanza que deriven en resultados prácticos, sobre todo con vistas al fortalecimiento de la economía y la industria. En este sentido, disciplinas como la filosofía son básicamente una pérdida de tiempo y recursos.

Ahora bien, todo esto nos lleva a la reconsideración de la importancia que debe tener en la formación de cualquier científico no solamente la filosofía, sino la bioética. Aquí vale la pena recordar que esta última es un tipo de ética práctica, situación que refleja su complejidad cuando en el imaginario colectivo la filosofía es algo más bien teórico. Desde el surgimiento moderno de la bioética como una reflexión sobre los alcances de la práctica científica, se han logrado avances en la enseñanza de la bioética como parte de la formación de los médicos, pero existen disciplinas como la biología en donde su inclusión como parte de la enseñanza es tan discutida como la posibilidad de enseñar filosofía u otras disciplinas de humanidades.

La formación de los científicos, sea cual sea su área de especialidad, puede enriquecerse notablemente con la inclusión de la filosofía y de la bioética. Es la posibilidad de lograr una educación integral, en la que se eviten los fundamentalismos –como el cientismo–, al reconocer por un lado los límites de la práctica científica, pero sobre todo, hacer notar que son los enfoques interdisciplinarios –como la bioética– lo que nos permiten enfrentar y resolver las problemáticas que como sociedad todos enfrentamos.

El punto de Gobry sobre el fundamentalismo es importante recalcarlo dentro de esta búsqueda de diálogo y los problemas que hay en su puesta en práctica, aunque de nuevo parte de asumir injustamente una ignorancia generalizada. Es cierto que hablar de fundamentalismo remite a un contexto religioso, pero es un término que sirve para resaltar el extremismo que se pueda dar al defender una postura (ideológica, filosófica, teológica) en términos dogmáticos. Es claro que las generalizaciones no son de utilidad, aunque es cierto que en ocasiones señalar la soberbia con la que se manejan algunos científicos, puede terminar por ser un indicativo de lo lejano que está no solamente la enseñanza de la filosofía y la bioética, sino también de un diálogo. La filosofía y la bioética son los puentes que debemos utilizar para que exista un diálogo auténtico, no solo entre científicos y humanistas, sino también entre los mismos científicos.

 

* Juan Manuel Rodríguez Caso es becario posdoctoral CONACYT en el Posgrado en Filosofía de la Ciencia, UNA, y miembro del @bioeticaunam.

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