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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Primates y humanos, ¿somos tan distintos?
Los estudios realizados con nuestros parientes más cercanos, los primates, parecen indicar que nuestra moral no es más que una manera distinta y sofisticada de ejecutar capacidades que compartimos con otros animales.
Por PUB UNAM
20 de marzo, 2019
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Por: Perla Elisa Santamaría Cruces

A finales del 2018, el periódico El País dio a conocer un descubrimiento acerca de la comunicación y la concepción del tiempo en los orangutanes. El hallazgo no es un caso aislado, sino que forma parte de investigaciones más añejas realizadas por varios psicólogos y primatólogos. La relevancia de la noticia nos invita a replantear la concepción que el ser humano tiene de sí mismo y reflexionar, nuevamente, en torno a qué es lo que nos distingue como especie y en qué consiste la supuesta superioridad humana, idea que subyace a varias teorías éticas y creencias religiosas.

Josep Call pudo observar que las orangutanas pueden comunicarse con sus crías para describir, mediante una serie de sonidos, los sucesos del pasado inmediato, también se observó que pueden predecir o calcular sucesos del futuro como sus planes a corto plazo. Esto se debe, asegura Call, a que los orangutanes son una especie que no se desarrolla en manada, de tal manera que la función de la madre es determinante para la formación y supervivencia de las crías: llegan a permanecer con ellas un periodo aproximado de nueve años. La vida solitaria y la prolongación de la crianza han desarrollado capacidades que hasta ahora creíamos exclusivamente humanas.

Desde tiempos inmemoriales, se ha creído que el ser humano se distingue de los demás animales por cualidades que sólo él posee. En el transcurso de la historia del pensamiento ha habido varias respuestas sobre cuáles son, en efecto, tales cualidades inherentes a nosotros los humanos; quizás sea el raciocinio y nuestra condición de entes sociales tal como afirmó Aristóteles, o acaso sea la bondad como creyó Rousseau. Existen razones poderosas para creer una u otra cosa. Lo que sabemos con certeza, es que el ser humano ha logrado —para bien o para mal— dominar al planeta que habita y destacarse en varios aspectos ante los demás animales —como la ciencia, el arte o la tecnología—. Una de las cualidades que indiscutiblemente nos han procurado ventajas sobre las demás especies es precisamente nuestra capacidad para proyectarnos en el tiempo, es decir, pensar en el pasado (que implica generar experiencia) y en el futuro (que posibilita la planeación y organización). (i) Otra característica nuestra tiene que ver con vida moral, con la capacidad de proporcionarnos lo bueno y lo conveniente. Y es justamente este rasgo, en apariencia distintivo, lo que nos induce a plantear preguntas a la ética: ¿qué es lo que realmente nos distingue de los demás animales? Los estudios realizados con nuestros parientes más cercanos, los primates, parecen indicar que nuestra moral no es más que una manera distinta y sofisticada de ejecutar capacidades que compartimos con otros animales.

Frans de Waal, primatólogo holandés, asegura que nuestras ideas de lo bondadoso y lo conveniente son producto de la evolución. En su obra Primates y filósofos. La evolución de la moral del simio al hombre asegura, no sin estar abierto al diálogo, que la moralidad humana puede rastrearse en nuestro pasado evolutivo, lo que significa que es resultado de la selección natural. Nuestra idea de la bondad es, según De Waal, consecuencia del “proceso darwiniano de la selección natural”.(ii) De acuerdo con estos hallazgos, el primatólogo descarta la idea de que seamos entes especiales; de hecho, hasta ahora no ha encontrado razones contundentes para pensar que los humanos somos diferentes a otros animales.

Ante las creencias y teorías que afirman que el ser humano tiene una naturaleza antisocial y egoísta (Hobbes) y que la moralidad se logra desarrollar en nosotros gracias a un contrato celebrado en algún momento de la historia de la humanidad, De Waal afirma que, de hecho, los seres humanos somos buenos por naturaleza. Pero tal naturaleza no es algo que venga impuesto por una fuerza divina o externa, sino que ocurre dentro del orden de lo biológico a través del tiempo. Nuestra tendencia hacia lo bueno y lo conveniente es una herencia de nuestros ancestros mediante la selección natural.

A partir de numerosos estudios con primates, De Waal intenta mostrar cómo es que los elementos sustanciales de la moralidad se encuentran presentes específicamente en chimpancés y orangutanes. Los resultados parecen indicar que el origen de la moral radica específicamente en algunas emociones que compartimos con tales primates. Una de las emociones clave es la empatía, que De Waal llama “contagio emocional”. Ésta radica en que “La criatura A se identifica directamente con las circunstancias de la criatura B, llegando a sentir, por así decirlo, su ‘dolor’”.(iii) Los estudios revelaron dos formas en que la empatía se puede presentar. La primera de ellas es la empatía egoísta que consiste en que A logra experimentar en sí mismo el dolor de B y, al querer consolarlo, en realidad intenta consolarse a sí mismo. La segunda es la empatía avanzada que se refiere propiamente a la compasión y consiste en que A logra captar en B una serie de necesidades y condiciones propias de B y que son distintas (y a veces imposibles) en A. La bondad y solidaridad al que hace alusión este tipo de empatía puede observarse en el siguiente caso: se trata “de una chimpancé que intenta ayudar a un pájaro herido a volar. Puesto que la acción de volar es algo que la chimpancé no podrá nunca llevar a cabo, la simio está respondiendo a las necesidades concretas del pájaro y a su forma distintiva de estar en el mundo”.(iv)

El propósito de De Waal o de Call no es el de poner en crisis a la ética, que es el área del conocimiento que estudia y reflexiona sobre la moral, sino el de estudiar a los primates. El tiempo y la bondad sólo son una muestra de lo que compartimos con otras especies. Sus investigaciones nos invitan a volver a plantearnos preguntas fundamentales que nos conduzcan al conocimiento de nosotros mismos y a relacionarnos de una manera más solidaria y justa con los demás animales. El criterio de la superioridad humana como punto de enclave de la ética es cada vez más cuestionable, sobre todo en cuestiones bioéticas.

 

* Elisa Santamaría Cruces es licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México y tiene estudios de maestría en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona. Se especializa en los campos de metafísica, ontología y ética y sus principales líneas de investigación son la fenomenología, la filosofía moral, la racionalidad práctica y las neurociencias. Actualmente es parte del proyecto de investigación PAPIIT de la UNAM: “Redefinir la razón práctica: contribuciones y límites de la neurobiologización de la moral”.

 

@bioeticaunam

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del @bioeticaunam. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

(i) En la filosofía han sido varios los pensadores que han dedicado gran parte de su obra al concepto del tiempo y al ser humano como ente histórico consciente de su temporalidad; por ejemplo, el libro XI de Confesiones de San Agustín o El concepto de tiempo de Martin Heidegger.

(ii) Frans de Waal, Primates y filósofos. La evolución de la moral del simio al hombre, Paidós, Barcelona, 2006, pp.14.

(iii) Ibid., pp. 15-16.

(iv) Ibid., p. 16.

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