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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Prohibido llevar pantalones debajo de la cintura
Si sabemos que la flama del fascismo, expresada en el caso de Jamaica en la misógina prohibición de llevar ciertas prendas en edificios públicos, arde con facilidad, ¿por qué le ofrecemos más combustible?
Por PUB UNAM
6 de febrero, 2019
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Por: Andrea Romaní

A mediados del año pasado, el periódico británico The Guardian reportó que en Jamaica, hospitales, clínicas, bibliotecas públicas y otros edificios gubernamentales comenzaron a regular, sin respaldo del gobierno, un código de vestimenta para poder entrar y permanecer en sus instalaciones. En él prohíben el uso de “camisas o blusas sin mangas, sandalias, faldas cortas y shorts”, prendas que las mujeres usan en un país cuya temperatura excede los 30° centígrados casi todo el año. Se reportaron casos de mujeres a quienes se les negó un servicio público por llevar camisas sin mangas y que, además, fueron obligadas a retirarse de dichos inmuebles gubernamentales.

Esta barbarie, como muchas otras en el mundo, ejemplifica una de las múltiples formas en las que se expresa todo totalitarismo. Totalitarismo entendido como la búsqueda de una identidad en armonía; es decir, una identidad que deja de ser amenazada por lo que es diferente a su razón, misma que hecha raíz en esa necesidad de descargar la agresión contenida en sí (cf. Freud, 1992, 57-140) y en la única posibilidad que tiene la totalidad de realizarse, a saber, en la aniquilación del lo que le es ajeno (cf. Hegel, 2003, 107-119).

Freud, en el Malestar en la Cultura, da cuenta de una agresividad a la que hombres y mujeres no han renunciado, “el hombre intenta satisfacer su necesidad de agresión a expensas de su prójimo, de explotar su trabajo sin compensación, de utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, de apropiarse de sus bienes, de humillarlo, de martirizarlo y de matarlo” (Freud, 1992, 107). Agresión que si bien va ligada a la pulsión como sugiere el analista vienés (pulsión que busca descargar su energía), no podemos decir que responde a una cuestión meramente orgánica que se ha visto limitada por las exigencias de la cultura (cf. Freud, 1992, 85-112), sino que hay otros elementos que contribuyen a su reforzamiento.

Realizarse en el ejercicio de poder sobre otros responde, en parte, a la violencia que surge a partir de una identidad que sólo encuentra su armonía en la aniquilación de lo ajeno, pues toda diferencia desencaja su orden; así como en un grupo de poder que necesita de los conflictos sociales para asegurar su estabilidad (cf. Balibar, 2005, 104). Por otro lado, es innegable que someter a otros, ya sea para conservar esa identidad y poder, u otras posibles causas, es una fuente extraordinaria de placer (cf. Bersani, 2002, 3).

La convergencia de dichos factores ayuda a reconocer por qué el fascismo —llámese totalidad, discriminación o segregación— es una flama que se enciende con tanta facilidad, una llama que a todos y a todas nos llama. Tan seductora porque es la única manera que hemos encontrado de darle lugar a esas pulsiones agresivas que, en parte, se originan en la violencia que suscitan la identidad y la custodia de todo poder.

Si sabemos que la flama del fascismo, expresada en este caso en la misoginia, arde con facilidad, ¿por qué le ofrecemos más combustible? Este tipo de regularizaciones participa e invita a la satisfacción de esa violencia y abre las puertas para dar rienda suelta a la satisfacción del goce, goce en la aniquilación de ese otro. Tal código de vestimenta es una invitación a la violencia de género, que si se lleva a su total satisfacción terminará en el asesinato de las mujeres que, por cierto, acontece con frecuencia en el mundo.

La “sutil” agresión hacia las mujeres en Jamaica, expresada en la prohibición de llevar ciertas prendas, no es algo que únicamente quedará en letreros colgados en espacios públicos; seríamos muy inocentes al pensarlo. Pensar que el goce en la aniquilación de otro se puede reproducir únicamente en espacios donde la voluntad marca su principio y fin parece un tanto ilusorio, inclusive en la relación sadomasoquista propuesta por Foucault (cf. Foucault, 1988, 299), en la que aparentemente las piezas del ajedrez son movidas por dos sujetos, las reglas de todos los movimientos se regulan por el placer que provoca la disolución, ya sea propia o del otro. El problema de jugar con el poder en dicha relación “es que si la servidumbre, la disciplina y el dolor son fuentes tan extraordinarias de placer, muy pocas personas estarán dispuestas a limitar su goce a fiestas de fin de semana” (Bersani, 2002, 3), o a sólo normar sobre la vestimenta de las mujeres; esa agresión, al sostenerse en el goce que provoca agredir al otro, difícilmente se limitará a algo tan aparentemente inocente como un “no pants below the waist”, no por nada existe el dicho “quien con fuego juega, se quema”.

No hay que olvidar que el fascismo es más fuerte que nuestra voluntad de limitarlo; por ello, es mejor no invitarlo a nuestras casas y no sólo no invitarlo, sino que al estar conscientes del placer que éste provoca, deberíamos ponerle todas las prohibiciones y repercusiones necesarias para que no se asome ni a nuestros jardines.

 

*Andrea Romaní López estudió la Maestría en Filosofía en la UNAM y colabora en el @bioeticaunam. Entre sus temas de interés se encuentra la relación entre el lenguaje (logos) y la pulsión de muerte inicialmente propuesta por Freud y más adelante desarrollada por Lacan.

 

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

Referencias:

Balibar, (2005), “Violencia: idealidad y crueldad” en Violencias, identidades y civilidad. Para una cultura política global, Madrid, Gedisa, pp. 101-120.

Bersani, (2002), “La primacía del masoquismo” en Revista Publicación periódica al tratamiento de la periódica violencia, núm. 8, pp. 1-5.

Foucault, (1988), “Sexual Choice, Sexual Act: Foucault and Homosexuality”, en Lawrence D. Kritzman (ed.), Michel Foucault: Politics, Philosophy, Culture, Interviews and Other Writings, 1977-1984, Nueva York, Routledge, pp. 286-303.

Freud, (1992), “El malestar en la cultura”, en El porvenir de una ilusión, El malestar en y otras obras, Obras Completas, tomo XXI, Buenos Aires, Amorrortu, pp. 57-140.

Hegel, (2003), Fenomenología del Espíritu, México, FCE.

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