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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
¿Qué dicen las muertes de monos aulladores sobre nosotros?
Varios pueden ser los problemas ambientales asociados a las obras de los 360.000 km de carreteras en México. Por ejemplo, la fragmentación de los hábitats naturales o el aislamiento de poblaciones animales y sus alteraciones en los patrones reproductivos. Hoy, el problema se refiere a los atropellamientos de, por lo menos, 34 de los 52 monos saraguatos censados en la zona de la Carretera Federal 186 Villahermosa-Escárcega, en Tabasco.
Por PUB UNAM
19 de agosto, 2015
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Por: Roberto E. Mercadillo

En los últimos dos años, más de la mitad de los monos aulladores que habitan las inmediaciones de Tabasco y Campeche han muerto atropellados a causa de la construcción y uso de una nueva carretera.

Para comprender mejor de qué y de quiénes hablamos, imaginemos una mañana en la selva tropical del sur de México, mientras nos mojamos al caminar entre sus árboles de grandes hojas escurriendo humedad. De repente, escuchamos un estruendoso y sostenido silbido que nos hace pensar que el viento habla. A poco menos de 5 km, veremos un grupo 50 monos de apenas 12 kg de peso y 50 cm de largo, sin contar su cola que mide otro tanto y que asemeja una mano con la cual estarán colgándose en la copa de los árboles. A pesar del fuerte sonido, esos pequeños animales, de ojos negros y profundos como su pelaje, son más bien tímidos y seguramente los veremos alimentándose de hojas y frutos, cumpliendo así una de las funciones más importantes en la selva: la regeneración de la flora, la dispersión de semillas y la ayuda a que otros animales se alimenten y se reproduzcan. Nos encontraremos con los saraguatos, con los monos aulladores (Alouatta pigra), una de las tres especies de primates mexicanos, en peligro de extinción.

Ahora, imaginemos que 34 de estos monos mueren a causa de nuestra presencia y del continuo transitar de automóviles. Una realidad que nos debe llevar a pensar sobre nuestro actuar ético, no sólo hacia los saraguatos, sino hacia el medio ambiente y sus recursos naturales.

El uso de recursos naturales para la construcción de las civilizaciones es una práctica tan añeja como las civilizaciones mismas. Siguiendo las ideas de David Adams en Cultura de Paz: Una utopía posible (Herder, 2014), el abuso de los recursos naturales forma parte de la cultura violenta que ha acompañado a la humanidad desde el periodo neolítico y es bien observado en los antiguos imperios. Como ejemplo está la destrucción de la fauna y los bosques de Sicilia para la obtención de madera y materia prima de las fuerzas navales romanas y árabes. Además de las economías basadas en la explotación del medio ambiente y de las personas, tal cultura violenta incluye otros elementos palpables en nuestra historia antigua y actual: la militarización, la dominación masculina o el trafico de drogas y armas. Es decir, nuestro actuar hacia el ambiente y su abuso reflejado en la caza indiscriminada, en la emisión de hidrocarburos o en la tala excesiva, es sólo uno de los andamios de una cultura violenta que nos ha caracterizado desde hace aproximadamente 7000 años. Nuestro actuar ético hacia el ambiente y el cambio de actitud necesario para comprender sus problemas actuales no puede, entonces, emprenderse de forma aislada considerando sólo las cuestiones ambientales. Hay que hurgar un poco en la mente que contiene la motivación y las ideas de ese actuar. Hay que hurgar en la forma en que concebimos “al otro”.

Hace 10 años, en Evolución del comportamiento: De monos simios y humanos (Trillas, 2006) intenté plasmar lo que muchos biólogos, antropólogos, etólogos, psicólogos y filósofos habían vislumbrado varias décadas atrás: la importancia de los primates no humanos para comprender la vida y nuestra evolución, nuestro comportamiento, nuestra mente y nuestra sociedad. También intenté exponer, como lo habían hecho ya varios primatólogos y conservacionistas décadas antes, que la pérdida de los hábitats y la fragmentación de los bosques tropicales y de las selvas eran el principal peligro para las poblaciones de primates no humanos en México. Ambos intentos implican una idea obvia para algunos de nosotros, pero con marcadas renuencias para muchos otros. Implican aceptarnos como sólo una especie más que integra la evolución de la vida y la historia natural del planeta. Implican dejarnos de concebir como seres especiales y comprender nuestras acciones correctas e incorrectas hacia la bios, hacia lo vivo. Implican irrumpir en la visión antropocéntrica de la ética, bien explicada por Alejandro Herrera Ibáñez en “La ética frente a los animales en el Siglo XXI”.

Recuerdo que nuestra ética hacia los primates y las soluciones para los problemas ambientales que les afectan, y nos afectan, se discutieron de forma acalorada en la ciudad de Mérida, en el 2001, como parte del apenas Primer Congreso Mexicano de Primatología. Más adelante, en el 2006, la Asociación Mexicana de Primatología organizó las primeras “Discusiones bioéticas sobre la investigación en primates”. En ellas, se reconocía públicamente que, dado que los primates no humanos experimentan dolor, se hacía necesaria la aplicación y creación de códigos éticos que salvaguardaran su bienestar y sus espacios. Se hacía un llamamiento a la responsabilidad humana para cuestionar, éticamente, el uso de los primates como material biológico.

Hoy, una década después de mi primer acercamiento con los primates no humanos, veo una realidad que chocantemente parece derrumbar los intentos por un cambio en nuestro actuar ético. Me refiero a los atropellamientos de saraguatos mayas (Alouatta pigra). El Impacto de las carreteras sobre los monos saraguatos en el sureste de México se encuentra bien ilustrado por Gilberto Pozo-Montuy, de Biólogos Conservando, A.C. y ha sido denunciado por Juan Carlos Sánchez-Olmos, de Conservación Sin Fronteras, A.C. en “Mono Saraguato a punto de extinguirse por carretera sin paso de fauna”. Aquí expondré sólo algunos de los puntos relevantes que ambos investigadores y conservacionistas plantearon en el V Congreso Mexicano de Primatología, en junio del 2015.

El problema se ubica en un tramo de 2 km de la obra de ampliación para la Carretera Federal 186 Villahermosa-Escárcega, promovida por la Dirección para el Desarrollo de la Infraestructura Multimodal de la secretaría de Comunicaciones y Transportes del Gobierno del Estado de Tabasco. Varios pueden ser los problemas ambientales asociados a las obras de los 360.000 km de carreteras en México. Por ejemplo, la fragmentación de los hábitats naturales o el aislamiento de poblaciones animales y sus alteraciones en los patrones reproductivos. Hoy, el problema se refiere a los atropellamientos de, por lo menos, 34 (al 2015) de los 52 monos saraguatos censados en la zona en el 2012.

Es cierto que las obras de carretera requieren, en primer lugar, de un anteproyecto del trazo carretero, seguido de una evaluación de impacto ambiental antes de pasar a un estudio técnico que lo justifique y a la supervisión de las obras. Uno podría esperar que el llamamiento a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) hecha en marzo de 2012, para plantear la situación de los monos, implicaría la suspensión temporal de la obra, la verificación del acontecimiento y las soluciones al problema. Pero, a la fecha, no ha sido así. De poco han valido los puntos de acuerdo promovidos por Lourdes Adriana López Moreno, diputada por el primer distrito electoral federal de Chiapas a la LXII Legislatura del Honorable Congreso de la Unión, y por el senador Armando Ríos Piter, en el Senado de la República. Los acuerdos parecen simples y concretos: instalar pasos aéreos entre los árboles para favorecer el desplazamiento de los monos, construir pasos de biodiversidad, colocar indicadores de reducción de velocidad en los tramos de mayor avistamiento o traslocar a los especímenes.

La falta de ética detrás de la ignorancia de los acuerdos parece atender, según Sánchez-Olmos y sus colegas, a la falsedad de información sobre la situación de los monos, la cual comienza con el típico “aquí no pasa nada” o “no hay especies en peligro de extinción”, comunicada por la consultora Geoelementos, S.A. de C.V. Peor aún, parece basarse en argumentos que no dan relevancia a una fauna ya diezmada, a un proyecto que aparentemente no afecta ningún corredor biológico, o a una supuesta falta de evidencia científica para promover el rescate y protección de esa especie.

A primera vista, la cuestión ética de este problema parece recaer en un actuar poco responsable por parte de las autoridades ambientales. En efecto, una vía de discusión va en ese sentido y debe ser abordada. Pero, creo, las causas son más profundas y vinculadas a la cultura de violencia planteada al inicio de esta nota: el uso de recursos naturales en pos del progreso. Se vinculan, también, a la ignorancia intencional de una otredad no humana presente en una ética antropocéntrica. Se vinculan a la bioética, entendida en la original acepción del bioquímico estadounidense Van Rensselaer Potter, plasmada en su “Bioética: un puente hacia el fututo” (1971). En esa obra, Potter argumenta la necesidad de establecer normas que regulen el comportamiento humano y sus acciones para construir sociedades que busquen el bienestar y que, al mismo tiempo, respeten al ambiente físico y rompan con una visión meramente industrial y económica que produce desigualdad y efectos negativos en la salud.

Esta dimensión bioética puede y debe tener un impacto institucional. Nos debe llevar a proponer, como sociedad responsable, la formación bioética de los funcionarios encargados de velar por los recursos naturales. Una formación mediante la cual el progreso no considere sólo intereses industriales y económicos, sino que nos lleve a asumir, a los humanos y no humanos, como parte de la vida y el bienestar complejo que regulan las instituciones.

Además, podemos abordar otro nivel de reflexión, el concerniente a nuestra mente, a aquello que está detrás de nuestros actos y que es depositaria de nuestros códigos éticos, de lo que consideramos correcto o incorrecto, bueno o malo, humano o no humano, benéfico o dañino. Fue en este punto cuando, desde mi disciplina de acción, las neurociencias, propusimos en “Violence and compassion: a bioethical insight into their cognitive bases and social manifestations”, que la compasión y la violencia utilizan un andamiaje similar para actuar en nuestro cerebro primate, tan primate como el de los monos saraguatos. Es mediante nuestro cerebro como podemos experimentar empatía y emociones, y realizar juicios morales y éticos dirigidos tanto a la violencia como a la compasión, tanto al daño al otro como a su auxilio. Es mediante la información que ingresa a nuestro cerebro como construimos la relaciones y concebimos al otro.

En la medida en que, como seres humanos, concibamos a los monos saraguatos como una otredad viva, como parte de nuestro continuo evolutivo, quizá nos percatemos no sólo de la importante posición que tienen en su ecosistema, sino de nuestro actuar hacia un ser sensible. Una disrupción del antropocentrismo, para dar paso a una bioética compasiva y respetuosa del otro.

 

* Roberto E. Mercadillo es Catedrático del CONACYT en el Departamento de Biología de la Reproducción de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinón de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentrio, réplica o crítica es bienvenido.

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