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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Re-significando al bullying
Si entendiéramos a las víctimas de bullying como personas que ante un escenario de violencia ignoran cómo reaccionar adecuadamente, estaríamos en mejores condiciones para poder reconocerlo en nuestra vida y trabajarlo adecuadamente.
Por PUB UNAM
31 de mayo, 2017
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Por: Ivonne Filigrana Barrios

A principios de la década de los ochenta, Dan Olweus nombraba por primera vez un tipo de violencia, una que se desconocía como tal, que se consideraba como algo “normal” y, por ende, se aceptaba sin problemas. En 1983, el suicidio de tres adolescentes conmocionó a Noruega, principalmente por el contexto en el que estas trágicas muertes ocurrieron: los jóvenes habían sido objeto de repetidas humillaciones por parte de sus compañeros de escuela. Olweus, cuyas investigaciones se habían dirigido desde la década de los setenta a entender el vínculo entre la intimidación y la convivencia escolar, comprendió la causa de los suicidios y la llamó bullying (Martín; 2009).

El nacimiento de un concepto hace posible también el nacimiento de una realidad que, al ser visibilizada, se convierte en algo tangible, es decir, en algo que cobra existencia. Olweus nombró al bullying y con ello presentó al mundo algo que sacudió a muchos, pues era difícil aceptar que lo que antaño se consideraba como broma o juego, ahora adquiriese una connotación muy diferente y, aunque en el contexto escolar se ha comenzado a reconocer al bullying como una forma de violencia que hay que erradicar, lo cierto es que esta conceptualización apenas empieza a trascender los espacios áulicos para ser objetivada en los diferentes aspectos de la vida cotidiana. Aún a muchos de nosotros que ya no somos estudiantes, o que quizá lo somos pero estamos en niveles distintos al de la educación básica, no se nos ocurre o nos apena decir que somos o hemos sido víctimas de bullying. La intención de este pequeño texto reside en poder resignificar al bullying para reconocerlo en situaciones cotidianas y, con ello, hacer visible esa violencia que aún nos cuesta tanto trabajo nombrar.

El bullying y su significado original

La identificación de prácticas violentas siempre ha representado un problema, ya que es imposible enunciar definiciones que tengan un valor universal en cualquier situación, de ahí que existan diferentes formas de significar al bullying, dependiendo del autor que trabaje sobre el tema y del contexto disciplinar en el que éste se analice. No obstante, es importante conocer el origen del término para entenderlo como un punto de partida que nos conduzca hacia comprensiones más complejas.

Para Olweus (1998), el bullying es un evento que hace referencia al acoso reiterado (ésta es su principal característica), y que se produce dentro de un contexto de desequilibrio de poderes, por lo que la víctima encuentra dificultad para defenderse o detener los ataques. Durante mucho tiempo esta definición fue privativa de los espacios escolares, quizá porque en ellos el bullying es una situación más evidente, pero también sería importante decir que no sólo se sufre en la escuela. Existen otros entornos en los que esta definición puede aplicar: entre las amistades, los familiares, el ámbito laboral, el ciberespacio, entre vecinos, en la pareja, y muchos otros ámbitos. Si bien en los últimos años ha surgido un nuevo nombre para evidenciar la violencia que se sufre en todos estos espacios, lo cierto es que si hablamos de un acoso reiterado y de situaciones de humillación y/o burlas que se repiten constantemente, dañando gravemente la autoestima de un individuo y su seguridad en sí mismo, estamos hablando de bullying.

Representaciones sociales sobre el bullying

Hace algunos años aparecía en Facebook esta leyenda: “50 % de los alumnos sufren de bullying, el otro 50% sí se aguanta”. Esta afirmación que, a primera vista, jugaba como una broma, aunada al hecho de que muchas personas afirman que “en sus tiempos no existía el bullying”, encierra un discurso que me permitió darme cuenta de la negación que existe en nuestro entorno social para aceptar el hecho de que la intimidación, el acoso repetido, las burlas y las humillaciones son prácticas violentas. Pero negar algo no hace desaparecer lo negado; de hecho, nos persigue de formas insospechadas para toda la vida. Aquello que no somos capaces de nombrar se cierne sobre nosotros como un yugo cuyo peso tampoco podemos resistir, sin que por ello nuestro mundo social se venga abajo, ya más tarde, ya más temprano.

Traspasando las paredes de la escuela: la presencia del bullying en la cotidianidad y el ciberespacio

De acuerdo con cifras proporcionadas por la OCDE, 18 millones de estudiantes mexicanos declara haber sido víctima de bullying, lo que nos posiciona en el primer lugar de 34 países en presentar este fenómeno (Valadez; 2016). También se sabe que el 60 % de los suicidios en menores de edad tienen por causa al bullying (Maldonado; 2016). Pero si estos datos resultan alarmantes, más lo es el hecho de que no todas las circunstancias en las que tiene lugar el bullying han sido documentadas debido a que no se reconocen como tal por parte de las víctimas.

En los entornos de trabajo, el bullying a veces recibe el nombre de mobbing (aunque todavía se discute la pertinencia de dicho término), y bien puede darse entre compañeros, jefes y subordinados, personas que trabajan en áreas diferentes, y más; pero todavía no existe una legislación laboral que sancione este fenómeno en nuestro país. Por su parte, en los contextos familiares también se presenta sin que por esto tengamos que recurrir al concepto de violencia intrafamiliar, pues esta última tiene una connotación distinta. También lo hay en relaciones de “amistad”, en las que una persona es víctima de humillaciones reiteradas por parte de quienes considera “amigos”, pero tolera el bullying porque asume que es “broma” o que si se molesta por ello será excluido del círculo de amistades. Incluso en la pareja puede presentarse cuando una de las partes recibe humillaciones del compañero, pero debe soportarlas porque piensa que es un juego. El acoso violento ejercido sobre el otro se tolera, así, porque encuentra en muchos casos al juego y a la broma como justificaciones, y sobre ello no existen estadísticas ni datos que puedan darnos una idea más o menos concreta del número de víctimas de bullying en estos escenarios.

El ciberbullying, por su parte, tiene rasgos tan distintos como las situaciones en las que ocurre: bien puede darse entre personas que se conocen fuera de la web, quienes nunca se han visto fuera de ella pero llevan tiempo interactuando, o bien, puede provenir de alguien completamente extraño, quien, protegido por el anonimato o al no sentir la presión de la interacción cara a cara, puede tornarse sumamente violento y descargar en otros lo peor de sí (Berger y Luckmann; 2006). Poco se sabe sobre el ciberbullying, algunas estadísticas y quizá pocos desarrollos teóricos. La investigación sobre este tópico es realmente incipiente. Quizá es que aún no se toma lo suficientemente en serio como para poder pensar en sus causas, sus orígenes, sus repercusiones y en soluciones que le pongan fin.

Resignificar al bullying: una alternativa de solución

Pero ¿por qué hay aún tanto silencio en torno al bullying? Quizá es que nos genera demasiada ansiedad reconocer que hemos podido ser víctimas o bullys (acosadores), o tal vez ambas cosas en diferentes momentos de nuestra vida. Las representaciones sociales, es decir, los significados colectivos, juegan un papel determinante en esta situación. Muchos individuos encuentran cierta renuencia a reconocerse como víctimas porque lo asocian con una condición de debilidad. Probablemente si entendiéramos a las víctimas como personas que ante un escenario de bullying o de violencia ignoran cómo reaccionar adecuadamente, ya sea por desconocimiento o falta de experiencia en ese sentido, estaríamos en mejores condiciones para poder reconocer esto en nuestra vida y hacer algo para trabajarlo adecuadamente, pues toda violencia deja huellas que no sólo no desaparecen con el tiempo, sino que, como diría Marcuse, “contienen el veneno” del sufrimiento. Después de haber sido víctima de bullying, el mundo se torna inhóspito, aparece la desconfianza en los otros y en uno mismo… algo queda roto para siempre.

Esta resignificación también tendría que alcanzar a la noción de bully o acosador, pues habría que pensar si nuestras acciones han tenido un impacto negativo en el bienestar emocional de los demás, sobre todo si nos hemos divertido a su costa o si hemos descargado en ellos la ira y el odio que puede albergar, tristemente, cualquier corazón humano, incluso si solamente hemos sido espectadores pasivos que no se atrevieron a alzar la voz en su momento para impedir una injusticia. Reconocer que hemos podido ejercer bullying sobre alguien más, o que hemos callado al respecto, por supuesto no es fácil ni agradable, pero se torna necesario para trabajar sobre esos aspectos que ignoramos en nosotros mismos y potenciar aún más nuestra permanente construcción moral.

Se trata entonces de darle un nuevo significado al bullying y a todo lo que encierra, para poder observarlo ahí, donde todavía es invisible. En este sentido también se torna indispensable emprender un trabajo de resignificación de nuestra cultura, sobre todo si pensamos que hay en ella aspectos que generan entornos violentos; se trata de repensarla para reinventarla en aras de una convivencia más ética, y, por ende, mucho más sana.

 

@bioeticaunam

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

Referencias

BERGER, Peter y Thomas Luckmann. La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrotu, 2006. Trd. Silvia Zuleta.

Maldonado, S. “En México, 60% de los suicidios en menores son por bullying: especialista”, La Jornada, edición en línea. Fecha de consulta: 21/05/2017.

Martín Aparicio, A. “El fenómeno del bullying o acoso escolar en nuestras aulas”. En: COMPARTIM: Revista de Formació del Professorat. Nº 4. Ejemplar dedicado a: Convivencia escolar. Fecha de consulta: 20/05/2017.

OLWEUS, Dan (1998). Conductas de acoso y amenaza entre escolares. 2ª Ed., Madrid, Ediciones Morata.

Valadez, B. “México, el país que tiene más víctimas de ‘bullying’: OCDE”, Milenio, edición en línea. Fecha de consulta: 21/05/2017.

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