Respuesta a Sánchez Okrucky y la AMHMAR - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Respuesta a Sánchez Okrucky y la AMHMAR
Más allá de la crítica al uso instrumental y del sufrimiento inherente al cautiverio, si conocemos el riesgo de contraer enfermedades al efectuar actividades con especies silvestres, debemos ser responsables y advertir sobre los posibles riesgos que implican.
Por Yolanda Alaniz Pasini
17 de noviembre, 2020
Comparte

Aquí me referiré exclusivamente a los contenidos sustanciales de mi columna “Nado con delfines y salud pública”, publicada el pasado 21 de octubre, desde la perspectiva epidemiológica y sus conceptos, fundamentado todo en las publicaciones científicas y de organismos internacionales que sirven de base a la reflexión bioética sobre la actividad de nado con delfines y su posible impacto sobre la salud humana.

Llamamos caldo de cultivo al medio líquido que favorece la proliferación de todo tipo de microorganismos, ya sean bacterias, hongos o parásitos. El medio líquido es el que más favorece el crecimiento. Los factores que influyen en la proliferación de microorganismos son la temperatura y los nutrientes, y las aguas cálidas de las piscinas con delfines proporcionan una temperatura ideal para el mencionado crecimiento. Además, los delfines orinan y defecan en el mismo medio líquido donde se realiza el nado. En términos generales, un delfín de aproximadamente 180 kilos defeca alrededor de entre un kilo y kilo y medio de heces al día, lo cual se multiplica por el número de defines en una alberca; así se aportan los nutrientes para cualquier proliferación. Esto queda reforzado por el hecho de que la NOM-135, numeral 9.2.1 obliga al control de bacterias coliformes cada 15 días, y si se sale de los límites, cada 48 horas. Pero sólo se hace control de tales bacterias.

La triada epidemiológica describe que para que un contagio se produzca se necesita un agente infeccioso (virus, hongo o bacteria), un huésped (el animal de origen), y un ambiente propicio. Si bien la biota que tienen los delfines es normal para ellos, no lo es para los humanos, a quienes le son ajenos los agentes. Pero el riesgo existe en condiciones en las que se cruza la barrera entre especies, y sobre todo en un medio perfecto para la transmisión de gérmenes como es el agua, a lo que además se suman el contacto físico y la inhalación del chorro respiratorio. E insisto, por la misma premisa, es de doble vía.

El artículo que escribí está enmarcado en el contexto de una actividad en la que hay interrelación humano-animal con especies silvestres. La ciencia nos dice que de todas las zoonosis que conocemos, el 71.8% provienen de origen silvestre,  y el resto de animales domésticos, de granja, o similares. Las grandes epidemias de este siglo se deben a la transmisión de enfermedades infecto-contagiosas de animales silvestres al ser humano, como el Ébola, la Gripe aviar o Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), y ahora el SARS-COV 2.

El reporte que cito fue realizado en 2001 1, pero no está disponible en línea; por ello cité el artículo arbitrado de Hunt et al., publicado en 2008, que retoma dicho reporte en la página 82. En él se menciona la transmisión de enfermedades infectocontagiosas como resultado del contacto ocupacional entre mamíferos marinos y humanos, fundamentalmente entrenadores, veterinarios y equipos de rehabilitación. Además se asienta que: “durante ciertas actividades recreacionales el público también puede estar en riesgo de transmitir y contraer enfermedades de los mamíferos marinos. Sin embargo se ha puesto poca atención al potencial de transmisión de enfermedades infecciosas”.

En relación a la susceptibilidad de los delfines, asenté claramente que se han identificado dos tipos de coronavirus exclusivos de delfines (BdCov), “no relacionados con COVID-19”, y que en 2020 el estudio genómico identificó a los delfines nariz de botella en el segundo grado de riesgo de entre cinco categorías. El Instituto de Investigación del Genoma Humano nos dice: “La susceptibilidad está relacionada con la noción de riesgo. Es decir, que en virtud de su estructura genética, un individuo es más vulnerable a una exposición ambiental”. El contagio de dos tipos de coronavirus en los últimos seis años y el hallazgo genómico del receptor proteínico ACE2 nos habla de una susceptibilidad a los coronavirus. Los autores urgen a no sobre-interpretar las predicciones debido a la carencia de datos de infectividad de las 410 especies estudiadas; sin embargo, sí hay datos que señalan la susceptibilidad en delfines.

La posibilidad de que los mamíferos se contagien de coronavirus por humanos y luego lo retransmitan a través de una mutación del mismo es real; podemos verlo en el caso de los visones que fueron contagiados de SARS-Cov2, y su retransmisión a humanos con virus mutados, recientemente reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). A su vez, el Comité Científico de la Comisión Ballenera Internacional, en su reunión de mayo de 2020, concluyó que las infecciones de cetáceos que mayormente preocupan a nivel global son Morbillivirus, Brucella, Toxoplasma y Herpesvirus, y que las enfermedades infecciosas pueden jugar un rol importante tanto en la salud de estas especies como en la humana.

Con respecto al condicionamiento operante, no es esta metodología la que se cuestiona en la columna, sino su finalidad, pues no es lo mismo hacer condicionamiento a animales silvestres para entretenimiento y diversión humana que condicionar a un perro doméstico a localizar y rescatar vidas en situaciones de desastre. Belloc 2 nos dice que en el condicionamiento operante “el organismo aprende a efectuar ciertas respuestas instrumentales para obtener un refuerzo o escapar de un castigo”. En este caso, el delfín recibe comida si realiza las actividades que se le ordenan; es decir, para que el condicionamiento funcione, depende de la privación.

No debemos confundir zoológicos con delfinarios; los primeros contienen animales silvestres en encierros donde pueden ser vistos por el público, pero sin establecer contacto. Hay barreras para evitar accidentes, no hay condicionamiento operante (salvo para algún procedimiento médico que beneficie al animal), y el público no entra a los encierros a interactuar con leones, chimpancés o elefantes. Los delfinarios, en cambio, se caracterizan por la manipulación intensiva sobre los animales. Todas las actividades de los defines se encuentran controladas por los humanos, y los animales tienen contacto físico estrecho con decenas de personas diariamente, como en las sesiones de nado con delfines en todas sus variantes.

Acerca del Principio Precautorio, invito a la lectura del Manual de procedimientos para el manejo de riesgos y análisis de enfermedades de vida silvestre de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, la cual dice: “donde exista incertidumbre científica con respecto al riesgo y sus consecuencias, como en la relación de causa-efecto, se puede invocar el principio precautorio, el cual establece que las medidas de prevención se justifican aún en ausencia de tal riesgo. Igualmente, la Ley General de Vida Silvestre establece en su Artículo 5, fracción II que “en ningún caso la falta de certeza científica se podrá argumentar como justificación para postergar la adopción de medidas eficaces para la conservación y manejo integral de la vida silvestre y su hábitat. Recordemos que cuando hay incertidumbre científica se aplica el principio precautorio, y cuando sí se sabe la relación causa-efecto se aplica el principio de prevención.

La NOM-EM-135-SEMARNAT-2004 no contempla ninguna disposición para casos de probables zoonosis entre delfines y humanos, sólo obliga a la limpieza de estanques donde haya habido alguna enfermedad infecto-contagiosa. Además, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente no tiene competencia en materia de salud humana, por lo que tampoco existe una adecuada vigilancia en este aspecto.

Es erróneo decir que asesoré al Partido Verde en 2014. Recordemos que el Congreso tiene la facultad de allegarse de las opiniones de expertos e interesados para el análisis de iniciativas; en ese contexto, en abril de 2017 compartí mesas de discusión con ustedes ante los grupos parlamentarios que lo solicitaron. Es igual de inexacto decir que colaboro con World Animal Protection (WPA). Existe un movimiento internacional contra el comercio de vida silvestre por el potencial epidémico, en donde más de 330 organizaciones internacionales escribimos una carta a la OMS solicitando se pronuncie en contra del comercio de estos animales. Los delfinarios representan un comercio intensivo con animales silvestres que no puede justificarse desde la bioética.

Más allá de la crítica al uso instrumental y del sufrimiento inherente al cautiverio —que dejaré para otra oportunidad—, si conocemos el riesgo de contraer enfermedades al efectuar actividades con especies silvestres, debemos ser responsables y advertir sobre los posibles riesgos que implican.

* Yolanda Alaniz Pasini es médica cirujana. Cursó las maestrías en Salud Pública y en Antropología Social, así como los posgrados en Bioética y en Desarrollo Sustentable. Fue profesora de las asignaturas de Epidemiología y Antropología Médica en la UNAM, y de Bioética y Ética Ambiental en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeñó como Secretaria Técnica de las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados. Ha sido observadora y/o o parte de la delegación mexicana ante la Comisión Ballenera Internacional y en CITES. Actualmente es consultora para Conservación de Mamíferos Marinos de México.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

1 Cowan DF, House C, House JA (2001) Public health. In: Dierauf LA, Gulland FMD (eds) Handbook of marine mammal medicine, 2nd edn. CRC Press, Boca Raton, FL, p 767–778 Daniel WW (1999) Biostatistics: a foundation for analysis in the health sciences. Wiley, New York.

2 Belloch A y otros, Manual de Psicopatología, Volumen I, Madrid, McGraw-Hill, 1995, pág. 87.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.