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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Star Wars: una lectura bioética
En el fondo, Star Wars hace referencia a viejos arquetipos de héroes y villanos de la cultura occidental y así nos remite a un montón de temas éticos muy interesantes, como el problema del origen del mal y, aunque ustedes no lo crean, también podemos encontrar en sus espectaculares batallas y aburridas escenas melodramáticas algunos tópicos de la bioética.
Por PUB UNAM
13 de enero, 2016
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Por: Jorge E. Linares (@jelinares)

Ante el estreno mundial del nuevo episodio de Star Wars o la Guerra de las Galaxias, quisiera reflexionar en torno a este potentísimo referente de la cultura popular contemporánea y verdadero hito en la historia del cine. Para todos aquellos que somos fanáticos de esta epopeya intergaláctica futurista (porque colmó nuestra imaginación infantil y nuestros deseos imperiosos de consumidores de ilusiones y juguetes), vale la pena reflexionar sobre dicha saga que igual se inspira en antiguas historias y leyendas medievales que en aventuras al estilo western, pero situadas en el espacio sideral. En el fondo, Star Wars hace referencia a viejos arquetipos de héroes y villanos de la cultura occidental y así nos remite a un montón de temas éticos muy interesantes, como el problema del origen del mal y, aunque ustedes no lo crean, también podemos encontrar en sus espectaculares batallas y aburridas escenas melodramáticas algunos tópicos de la bioética.

Una de las ideas más profundas que aparecen en Star Wars es, sin duda, la ambivalencia moral de la fuerza, la cual Obi Wan Kenobi define como “el campo de energía creado por todas las cosas vivas del universo”, nada más y nada menos. Una idea que bien podría rastrearse hasta el presocrático Empédocles, por cierto; pero el pensamiento cuasi religioso de la orden Jedi tiene más bien trazas de filosofías orientales como el taoísmo. Pero la idea de la fuerza vital universal es una huella de la cultura hippie de la Era del Acuario, aquella de la década de los setentas en la que se filmó la primera entrega de Star Wars. Tiempos en los que Occidente vuelve a mirar a Oriente en busca de enseñanzas filosóficas para recobrar el perdido equilibrio espiritual de la especie humana en una era de poder tecnológico y político desbocado, que amenaza con destruir la naturaleza ambiente y la diversidad de la vida. Se trata de una búsqueda de autodominio, de lucha contra las pasiones más contradictorias, y del anhelo de redención y salvación. Porque la fuerza es ambigua. Tiene un lado luminoso, amoroso y moralmente bueno; y un dark side, un lado oscuro destructivo, cruel, que surge del odio, el resentimiento y del miedo a la muerte, como bien le advierte a Luke el Jedi maestro de maestros Yoda.

Star Wars 1

 

La primera trilogía nos narra el camino del héroe Luke Skywalker, granjero jovencito, ingenuo y puro, que descubre su destino como heredero de un gran linaje para convertirse en un Jedi, y con ello lograr el resurgimiento de la orden místico-guerrera de caballeros que dominaban el arte de pelear con sables láser, y que protegían a la república galáctica parlamentaria, multicultural y biodiversa, en la que los humanos convivían en armonía democrática, en una era pos-antropocéntrica, con muchas otras formas de vida inteligente del universo.

Mientras que, en la segunda trilogía que retrocede en el tiempo previo a la primera, atestiguamos la experiencia del ángel caído, del villano-héroe, en la historia de Anakin Skywalker, un niño esclavo, ingeniero nato, muy hábil técnicamente y poderoso mentalmente, que los Jedi descubren como el elegido; aquel que puede encarnar la fuerza de una forma renovada y potente, pero que como padawán adolescente o aprendiz de Jedi, es soberbio y rebelde. Vemos cómo Anakin transita hacia el lado oscuro de la fuerza, impulsado por su ambición narcisista de poder, pero también por el afán muy humano de querer derrotar a la muerte que se cierne sobre su amada esposa Padme, pues ha tenido premoniciones y sueños que le confirman el fatal destino de ella. Anakin será dominado por el malvado emperador Palpatine, que cual Hitler elegido democráticamente canciller, se convierte en tirano, se autoproclama emperador de la galaxia y se lanza a una guerra de exterminio de cualquier planeta rebelde, pues ansía destruir a los Jedi y con ello someter a toda resistencia democrática. El emperador seduce a Anakin al convencerlo de que, si se une con él y abraza el lado oscuro de la fuerza, puede evitar la muerte inminente de su amada esposa. La fuerza es así un biopoder que da y quita la vida. Por consiguiente, el deseo de controlar y vencer a la muerte conduce al Anakin maduro a su caída y lo convierte en el siniestro e implacable Darth Vader, uno de los villanos favoritos de toda la historia del cine popular.

Star Wars Rey

Anakin será derrotado dos veces. Primero por su maestro Obi Wan, que lo cercena y lo deja muy dañado, pero no lo mata, porque en el fondo lo ama, sino que lo abandona para que se queme en un mar de lava de un remoto planeta volcánico, en donde ha tenido lugar esta batalla de dimensiones fratricidas. Pero Anakin no fallece, lo rescata el emperador, y gracias a las tecnologías médicas del futuro, Anakin será rehabilitado mediante un traje protésico que restaura y protege lo que le queda de su cuerpo chamuscado. Se transforma así en un cyborg, una especie de máquina humana fría y despiadada, pero con poderes mentales especiales, y que sobrevive gracias a un respirador artificial integrado a su casco-máscara. El director o los productores de la película tuvieron el gran tino en fijarse en el detalle terrorífico del sonido del respirador artificial, como signo inequívoco de la presencia de Darth Vader. En efecto, todos los que hemos tenido la aciaga experiencia de estar conectados a un respirador artificial en un hospital, nos hemos sentido unos Darth Vaders, dependientes de una espeluznante máscara-respirador. En esa postración uno siente que sobrevive apenas artificialmente, que la propia vida se aferra al delgado tubo de esa indiferente maquinita.

En la segunda batalla crucial, a destellantes espadazos láser, el hijo Luke Skywalker vence al padre Darth Vader, pero no se consuma el parricidio porque Luke sabe que su padre conserva algo de su antigua bondad. Vader, vencido y mutilado de una mano, recupera lo que le quedaba de humanidad con un último acto de benevolencia al salvar a su hijo de las garras del horrendo emperador galáctico, y entonces Darth Vader vuelve a ser Anakin. Muy maltrecho y agonizante, le pide a su hijo que le quite el casco para que pueda ver su rostro y se miren cara-a-cara, y sabiendo que sin el respirador morirá casi de inmediato, finalmente acepta una muerte humanizada. Muere tranquilo, en los brazos de su hijo, sabiendo que ha salvado su estirpe, y que ha hecho posible que continúe la larga y noble tradición de la orden de los Jedi; en efecto, con este acto de heroísmo, Anakin le otorga una nueva esperanza a la galaxia.

Star Wars 3

Darth Vader es, pues, la encarnación de una vida artificial, deshumanizada, una vida resentida, mantenida técnicamente por el mal y para el mal. Pero cuando Anakin recupera su humanidad y acepta morir, tenemos entonces una experiencia de una muerte digna, valiente, serena, una buena muerte, es decir, eutanásica.

Hay muchos otros episodios en Star Wars que avizoran el uso de las tecnologías médicas y de las biotecnologías de las que ya disponemos ahora o que soñamos con tener a la mano. Pero al igual que la fuerza, éstas son ambivalentes moralmente. Por ejemplo, el ejército de clones producidos a partir del modelo del mercenario Jango Feet, que igual pelean junto a los Jedi, o son enviados para perseguir y aniquilar a todos los Jedi, porque están controlados genéticamente por un biochip que ha incorporado en secreto el infame emperador Palpatine, cuando era todavía canciller de la república. Así que, en manos del autoproclamado emperador, el ejército de los clones se convierte en una eficiente arma que obedece sin chistar a sus órdenes para asesinar a todos los Jedi y acabar así con la orden milenaria que defendía a la democracia galáctica.

Los tiranos y dictadores de todas las épocas han soñado con tener en su poder un ejército leal y obediente que se mantenga fiel con algo más que dinero, adoctrinamiento y arengas; ¿las neurociencias o la ingeniería genética podrían conducirnos a algo así en el futuro? ¿Es acaso un biopoder ambiguo aquel que pueda intervenir en el cerebro y, por tanto, en las emociones y las acciones de las personas? ¿Qué otros tantos poderes biotecnológicos pueden ser así de riesgosos, qué tanto pueden ser diseñados o dirigidos para fines que parecen necesarios o urgentes, pero que pueden volverse en contra de nosotros?

Esta ambigüedad moral, la lucha entre el lado luminoso y el lado oscuro de la fuerza, entre el poder tecnológico-político y los principios éticos, son simbolizaciones prototípicas que acompañan no sólo la bifurcación del camino de la vida que recorren héroes y villanos, sino que expresan también el desafío moral para todo ser humano: la necesidad de elegir y tomar difíciles decisiones en circunstancias límite, que es lo que finalmente forjará el temple de los héroes o el carácter innoble e indolente de los villanos.

Seguramente continuará esta leyenda bioética intergaláctica con otros varios episodios de Star Wars, porque es un gran negocio global, de verdaderas proporciones épicas, de esa gran máquina de ilusiones, que es el cine; pero ojalá las siguientes películas logren también reflejar, de algún modo, las profundas contradicciones morales de la condición humana. No me queda más que desearles para este año y para todos los demás: may the force be with you.

 

* Jorge E. Linares, Programa Universitario de Bioética. [email protected]

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