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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
¿Tiene implicaciones éticas y ecológicas lo que comemos?
Cada vez que te sientas a la mesa ejerces un impacto en el planeta y tus elecciones de alimentos tienen consecuencias enormes para tu salud, la de los animales y la de la biósfera.
Por PUB UNAM
21 de agosto, 2019
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Por: Antón Aguilar y Elizabeth Téllez

¿Por qué nos referimos a la salud? Porque mueren más personas por dietas poco saludables que por las causas de abuso de sustancias (tabaco, alcohol y drogas) y enfermedades de transmisión sexual juntas. Esto se debe a que el suministro de alimentos de origen animal y ultraprocesados es más barato y abundante. La adopción generalizada de dietas poco saludables ha conducido a una escalada de condiciones patológicas como obesidad, diabetes tipo II, enfermedades cardiovasculares y cáncer. Más de 2 mil millones de personas en todo el mundo tienen sobrepeso u obesidad, y México es el segundo país más obeso del mundo, con un 70% de adultos que padecen tal condición, lo que impacta negativamente en el gasto en salud. Desafortunadamente, la tendencia indica que puede empeorar en los próximos años en función del crecimiento demográfico y la persistente demanda de alimentos bajo ese mismo estilo de vida.

¿Qué consecuencias hay para los animales que consumimos? Se crían y matan más de 70 mil millones de animales de granja para alimento cada año, la mayoría de ellos en sistemas de confinamiento industrial y en condiciones que afectan su bienestar y les provocan sufrimiento. Así, las gallinas ponedoras de huevo se mantienen encerradas en jaulas de por vida sin poder siquiera estirar sus alas; a los pollos de engorda los hacen crecer tanto que a menudo se les quiebran las patas o sufren paros cardiacos por el rápido aumento de peso; las cerdas gestantes son encerradas en jaulas tan restrictivas que no pueden darse la vuelta y mucho menos socializar o expresar sus comportamientos naturales. Asimismo, se privilegian unas pocas especies y razas específicas, provocando que la base genética se estreche; un tercio del suministro mundial de cerdos, el 85% de los huevos comercializados y dos tercios de la producción de leche provienen de estas razas, y esta escasa diversidad genética aumenta su vulnerabilidad ante plagas y enfermedades . Otra situación crítica ocurre en los mataderos con obreros semi-calificados que trabajan en pésimas condiciones, apartados del ojo público y sin apego a los criterios de matanza adecuados. Finalmente, los consumidores terminamos adquiriendo la carne exhibida en empaques en grandes supermercados, sin cuestionar de dónde viene ese alimento ni cuánto dolor o sufrimiento se requirió para que llegara a nuestro plato.

¿En qué medida impacta todo esto en el medio ambiente? Lo cierto es que el precio de la carne no refleja el verdadero costo de producirla: los costos ocultos al medio ambiente y a los sistemas de salud pública son mucho mayores. México es uno de los países más megadiversos del mundo, pero de acuerdo con Böll la agricultura y ganadería son la principal causa de la pérdida de biodiversidad. La expansión ganadera ha deforestado selvas, bosques y áreas de matorrales para tener pastizales inducidos y cultivados; la agricultura de monocultivos y la sobrefertilización dañan animales y plantas, perjudicando ecosistemas en todo el globo; las aguas sucias llegan al mar, acidifican el pH y afectan al ecosistema marino, provocando zonas muertas en los bordes costeros por baja concentración de oxígeno. Aunque, en principio, los humanos y el ganado no tienen por qué competir por el alimento, dado que las personas deberían comer granos en forma de pan y las vacas pasto y tréboles, esto ha cambiado: más de un tercio de la tierra cultivable a nivel mundial se utiliza para alimentar al ganado, que sólo proporciona aproximadamente un séptimo de proteínas para los humanos. El poder de mercado se concentra en pocas manos en detrimento de las granjas pequeñas, lo que afecta la volatibilidad de los precios mundiales en la industria, provocando que una gran parte del mundo dependa de la importación de alimentos, y desencadenando desigualdades en su adquisición al favorecer a las sociedades con mayor poder adquisitivo, que pueden pagar los productos . La producción de alimentos de origen animal utiliza grandes cantidades de agua y contribuye a la escasez de la misma en el planeta, empeorando la sobreexplotación y contaminación de ríos y lagos, en parte para cultivar el alimento de los animales, mientras que los residuos contaminan el agua subterránea. En promedio, se requieren 4,325 litros de agua para producir 1 kg de pollo, en comparación con los 1,644 litros necesarios para producir 1 kg de cereales.

Finalmente, el principal impulsor del cambio climático son la agricultura y ganadería. Del total de la producción de animales para alimento, 22% es ganado vacuno que aporta metano con una duración en la atmósfera de 10 años y un potencial de calentamiento 28 veces mayor al CO2; pero el 77% está constituido por pollo y cerdo que producen óxido nitroso y CO2 que duran más de 100 años. Entonces no son las vacas las culpables del cambio climático, es la sociedad que consume mucha proteína animal. En suma, los patrones actuales de consumo de carne son insostenibles, injustos y deben ser transformados radicalmente. La forma en que comemos es crucial para el futuro de nuestro planeta.

¿Qué podemos hacer individualmente? La conclusión lógica es que podríamos considerar reducir la cantidad de carne que comemos, lo que podría hacer una gran diferencia para amortiguar el daño planetario. Comparado con el programa “Hoy no circula” que existe en la CDMX, se estima que si una familia de 4 integrantes deja de comer carne una vez por semana equivaldría a sacar su automóvil de las calles durante casi tres meses. Por tal razón, Humane Society International, una organización con liderazgo global en temas de protección animal, lanzó hace un par de años la campaña Lunes Sin Carne, promoviendo que los comedores corporativos y restaurantes ofrezcan opciones de dietas sin carne basadas en plantas, que no sólo son más saludables sino que tienen muy buen sabor. Esto se puede replicar en cada hogar.

Como lo enfatizó la Comisión EAT-Lancet a principios de este año , las dietas sostenibles protegen la biodiversidad y los ecosistemas, son económicamente justas, asequibles, nutricionalmente adecuadas y optimizan los recursos naturales y humanos. Por lo tanto, se requiere un cambio fundamental en la producción de alimentos, alejada de la agricultura y ganadería industrial. Esta solución es tecnológicamente viable y científicamente reconocida para cumplir con la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible. Si modificamos nuestros hábitos de consumo se puede beneficiar nuestra salud y nuestro entorno, y por supuesto extender la consideración de respeto hacia otros animales sintientes y conscientes.

* Anton Aguilar es Licenciado en Relaciones Internacionales por el Colegio de México y Maestro en Ciencia Política por el Instituto de Estudios Políticos de París. Actualmente es Director Ejecutivo de Humane Society International-México. Elizabeth Téllez es médico veterinario zootecnista, Maestra en Ciencias por la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ), Doctora en Bioética, todos por la UNAM. Desde hace 10 años es profesora de asignatura del Seminario de Bioética en la FMVZ y actualmente realiza el posdoctorado en el PUB.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

Referencias

1 BÖLL S, Heinrich, Atlas de la carne. Hechos y cifras sobre los animales que comemos, Maval Ltda., Santiago, 2014.

2 FAO, World Livestock: Transforming the livestock sector through the Sustainable Development Goals, Roma, 2018. Licencia: CC BY-NC-SA 3.0 IGO.

3 WILLETT, Walter, et al., “Food in the Anthropocene: the EAT-Lancet Commission on Healthy Diets from Sustainable Food Systems”, en The Lancet, Vol. 393 No. 10170, 16 de enero de 2019, pp. 447-492.

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