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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Tomar la calle: el acto de hacerse aparecer
En México cada día mueren nueve mujeres a causa de su género. Sin embargo, lo que parece irritar a la opinión pública es la exigencia de las vivas.
Por Paola María del Consuelo Cruz Sánchez
2 de octubre, 2019
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Existe una falta de reconocimiento al acto de las mujeres de hacerse aparecer. Su acción conjunta de tomar las calles el pasado 16 de agosto ha provocado un gran revuelo, el cual ha desviado la atención pública hacia las pintas, los vidrios rotos, el cierre del metro y un sin número de daños más, repudiando los modos en que cientos se manifestaron, evadiendo así la responsabilidad que demanda su presencia en las calles como un cuerpo colectivo que se hace visible porque sus “formas” no se adaptan a las concesiones sociales de cómo las féminas deben reclamar. Resulta entonces que exigir justicia es un acto que debe apegarse a la normatividad; es decir, si estas manifestantes se hubieran “portado bien” su petición sería escuchada e incluso podría considerarse a la precarización1 de la vida de las mujeres y su exterminio sistemático en nuestra nación como un asunto importante.

Los odios en contra de sus realizaciones ya no sólo entorpecen su desarrollo, sino que les niegan la humanidad. En México cada día mueren nueve mujeres a causa de su género. De acuerdo con el secretariado ejecutivo de nuestra nación, de enero a abril de 2019 fueron contabilizados mil 199 feminicidios. A lo largo de dos décadas, miles de familias han sufrido la angustia de la desaparición de uno de sus miembros. No sólo han padecido la pérdida de su ser amado, sino que se enfrentan a un sistema legal lejano de hacer justicia, donde los deudos en general, y los huérfanos en particular, siguen padeciendo. Ante estas cifras: silencio. Ante sus cuerpos basurizados en la vía pública, a la vista de todos como la última gran humillación: indiferencia. Sin embargo, lo que verdaderamente parece irritar a la opinión pública es la exigencia de las vivas, ¿será que sólo podemos convivir con ellas si han sido silenciadas?

Lo que vimos fue un acto de performatividad política.1 Las marchistas, las insurrectas, lanzaron sus cuerpos a las calles, se arrojaron desde donde estaban a fin de hacer visible lo menesteroso que resulta ser mujer en este país. La convocatoria del 12 de agosto se materializó en una forma significante de asamblea pública que nos interpela. Su acción corporeizada nos obliga como espectadores a vivenciar la penuria, la zozobra, y el desasosiego en el que habitan las madres, las hijas, las féminas al encarar su exposición diferenciada a la muerte. Ésta nos compele a reconocer que las mujeres en nuestra nación subsisten en los límites de la reconocibilidad,1 donde la viabilidad de su vida está constantemente puesta en cuestión. Por ello son necesarios aquellos actos que les permitan ocupar el lugar que les corresponde; marchar, por ejemplo. Ello implica forjar vínculos y alianzas que perturben los poderes, hasta que caminar por la calle con la seguridad de no sufrir violencia sea posible. Andar juntas constituye la exigencia política de la igualdad, la protección frente al terror y la agencia del espacio público. Si se desea que las mujeres dejen de tomar las calles, entonces debemos apoyar su derecho a transitar por ellas sin temor.

Sin embargo, su derecho a aparecer ha sido cuestionado. A las que marcharon se les criminalizó, afirmando que su petición es “justa” pero las formas ilegales. De modo que nos toca hablar de sus maneras, mientras olvidemos su exigencia. Por otro lado, se les patologizó. En las redes se les ha tachado de locas, histéricas, desquiciadas, feminazis, insistiendo en este último término que designa despectivamente la labor de resistencia de algunas mujeres, dando como resultado un modelo receptor de todo el odio público. Así, si están enfermas, lo que necesitan es tratamiento no justicia. En ambos casos se elude el problema central, a saber, el exterminio sistemático de las mujeres en manos de la violencia machista y feminicida. Vale la pena preguntarse entonces, ¿qué es más criminal, las marchistas y sus pintas o la policía del Estado que no evita la violencia contra las mujeres, e incluso siendo ella quien comete los delitos?

En suma, las representaciones de la situación en los medios, las aguerridas discusiones en las redes sociales, las acaloradas conversaciones cotidianas, deberían hacernos meditar sobre si las mujeres en nuestro país tienen derecho a tener derechos. Entre tanto, será mejor agenciárselos y que el reclamo siga a la acción.

* Paola María del Consuelo Cruz Sánchez es licenciada en Filosofía, maestra en Educación Media Superior en Filosofía y doctora en Pedagogía por la Facultad de Estudios Superiores-Acatlán (FES-A). Recibió la Medalla Alfonso Caso al Mérito Universitario en 2011 y el reconocimiento al “Mérito Académico” que otorga la Asociación Autónoma del Personal Académico de la UNAM, 2019. Es coordinadora editorial y de redacción de la revista Delfos. De la imaginación crítica al discurso del Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Naucalpan, donde es Profesora Asociada “B” Interina de Tiempo Completo. Asimismo, es docente en la Licenciatura en Filosofía de la FES-A.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

Referencias:

1. Butler, Judith (2017): Cuerpos aliados y lucha política. Hacia una teoría performativa de la asamblea. Bogotá: Paidós.

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