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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Turismo cineg-¿ético?
Dentro de la oferta zooturística mexicana hay una actividad que genera mucha controversia porque se asocia con la muerte in situ de un ser sintiente: el turismo cinegético o turismo de caza. ¿Cómo es que una actividad que plantea matar a un individuo es un supuesto sinónimo de conservación?
Por PUB UNAM
31 de julio, 2019
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Por: Gino Jafet Quintero Venegas

México, con 39.3 millones de turistas internacionales, fue el sexto país más visitado del mundo en 2017. El turismo contribuyó con 8.7% del Producto Interno Bruto nacional en 2018 y generó 2.3 millones de cargos remunerados, cifra que corresponde con el 5.9% del total de empleos formales nacionales. Así, se ha consolidado como una de las principales actividades económicas del país. El imaginario de los turistas para visitar México se alimenta, principalmente, por actividades relacionadas con el turismo masificado de sol y playa en los litorales del Atlántico y el Pacífico; el turismo urbano en ciudades y localidades coloniales y en zonas metropolitanas como la Ciudad de México; las visitas a sitios arqueológicos; y por el turismo alternativo asociado con las áreas naturales protegidas y los geoparques. En este último caso, existe una fuerte relación entre el turista y la naturaleza (o al menos su simulación mercantilizada) a partir de espacios que han sido cosificados y destinados para la conservación, siempre desde una postura antropocéntrica.

En los viajes que simulan el retorno a la naturaleza, categorizados bajo el rubro de zooturismo, la principal motivación del desplazamiento rara vez se centra en desarrollar un vínculo directo entre animales humanos y no humanos. En México, existen diversas prácticas de zooturismo que se ofertan y se promocionan como elementos patrimoniales antrópicos —la presencia del burro-cebra en Tijuana —, como parte del patrimonio natural —visitar el santuario de la mariposa monarca — y como resultado de la situación de megadiversidad del país —ir a ver a las ballenas en el Golfo de California—. A menudo, las prácticas zooturísticas atentan contra el bienestar de los animales, ya sea porque sus hábitats son invadidos, porque se abusa de ellos al volverlos trabajadores, o porque se les asesina al percibirlos como ingredientes o trofeos. Sin embargo, los promotores turísticos legitiman estas prácticas bajo el argumento falaz de tratarse de experiencias auténticas de viaje, vivencias culturales irrepetibles o actividades sustentables, mientras que los viajeros las consumen porque no quieren vivir una experiencia turística incompleta.

Dentro de la oferta zooturística mexicana hay una actividad que genera mucha controversia porque se asocia con la muerte in situ de un ser sintiente: el turismo cinegético. Los argumentos a favor de esta práctica básicamente se centran en una lógica de especismo antropocéntrico, que considera que el medio natural funge como un catálogo (in)finito de recursos que están ahí para satisfacer las necesidades humanas, sin tomar en cuenta los intereses primarios de las otras especies. El discurso oficial asevera que el turismo cinegético contribuye sustancialmente en la conservación y uso sustentable de ecosistemas y biodiversidad para el desarrollo, genera divisas y empleos, y rescata a las especies amenazadas o en peligro de extinción.

Sin embargo… ¿cómo es que una actividad que plantea matar a un individuo es sinónimo de conservación? Este argumento, por sí mismo, es una contradicción. A partir de aquello a lo que Tom Regan llamó “valor inherente”, tanto animales humanos como no humanos somos “sujetos de una vida” y, por lo tanto, cuando cualquier especie necesite ser conservada por estar en riesgo, nuestra obligación hacia todos los individuos que la componen debería ser de protección, no de mercantilización.

Además, ¿cómo puede decirse que el turismo cinegético es sustentable cuando difícilmente es una estrategia incluyente en todos los niveles? ¿Qué de incluyente tiene una actividad en la que se pagan hasta 25,000 dólares por asesinar a un borrego cimarrón, a una cebra, a un berrendo, a un venado, a un mapache, a una liebre o a un jabalí? Por mucho que la ética ambiental responda a lógicas de conservación antropocéntricas, no se le puede asignar un valor monetario a un elemento del medio natural. Este tipo de turismo, más allá de preocuparse por la salud ecosistémica, fue diseñado para demostrar el poder económico de los clientes, quienes buscan exhibir en casa un trofeo animal, obtener la mayor cantidad de likes en Facebook o Instagram y presumir la acción de haber dominado, sometido y asesinado a otro ser sintiente.

Para los Estudios Críticos Animales, un campo de conocimiento desarrollado a inicios del siglo XXI basados en un paradigma filosófico posthumanista, el turismo cinegético es una aberración especista en la cual los animales no humanos son vistos como simples recursos, y no constituye una práctica de conservación ambiental. Se encuentra fuera de los límites éticos porque, como dice Gary Francione, cuando se mata a otro ser sintiente por una razón distinta a la defensa propia se actúa inmoralmente. Además, refuerza las relaciones de poder, sometimiento y abuso unidireccional entre humanos y no humanos, que han sido invisibilizadas y legitimadas por formar parte de la serie de experiencias extraordinarias que buscan los turistas que viajan en busca de la suntuosidad y la pompa. Igualmente, este tipo de turismo reproduce el ideal de la Modernidad del homo sapiens como especie superior que debe tener el control y el dominio del mundo natural.

Finalmente, habría que preguntarse: más allá de los dueños del gran capital, ¿a quién le conviene que exista el turismo cinegético? Hay una serie de argumentos académicos para tratar de contestar a esta pregunta. Brian Luke, filósofo estadunidense, asevera que matar a un no humano refuerza los ideales de la masculinidad hegemónica, por ser un acto en el cual se demuestra “la hombría” al hacer visible el control y la violencia hacia la otredad. Kevin Markwell, profesor de la Universidad Southern Cross en Australia, asegura que asesinar a un individuo no humano que no desea morir, y que trata de escapar ante la amenaza del cazador, fortifica los esquemas jerárquicos antropocéntricos de percibir a los animales no humanos como recursos a merced de los homo sapiens. Y Erika Cudworth, profesora de la Universidad de East London, sostiene que la violencia hacia los animales, al ser vistos como seres inferiores, normaliza la violencia hacia otros grupos vulnerables.

Así, valdría una última reflexión: somos una potencia turística, y esta actividad económica seguirá en aumento como resultado de las lógicas globales de movilidad; a la vez, estamos viviendo un momento de fuertes crisis ambientales y sociales. Siendo así, ¿necesitamos un tipo de turismo que atente contra la vida de otros seres sintientes y que, además, refuerce las relaciones jerárquicas que hemos construido hacia la otredad de forma arbitraria?

* Gino Jafet Quintero Venegas es licenciado, maestro y doctor en Geografía por la UNAM. Actualmente es profesor de Zoogeografía en la FFyL de la UNAM e investigador posdoctoral en el Programa Universitario de Bioética, en la línea de “Zooética”, y miembro regular de la Academia Mexicana de Investigación Turística. También es coordinador de los seminarios “Geografía de la coexistencia: reflexiones espaciales en torno a las relaciones entre animales humanos y animales no humanos” y “Naturaleza y ética post-darwiniana”.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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